La Tierra: si Carl Sagan estuviera vivo

Hace medio siglo, tarde por demás, el mundo se percató de que era necesario recuperar el poder del asombro ante la majestuosidad de la Tierra y de la perversidad sobre lo que la humanidad estaba haciendo con ella. Se acordó que cada 22 de abril se conmemorara el Día Mundial de la Madre Tierra como un lacónico llamado para evitar su destrucción. Hoy, más lejos que hace 50 años y con poco margen de maniobra, debemos recuperar, no sólo el asombro por nuestra Casa Común, sino la capacidad humana para revertir los daños y evitar la propia extinción. Recuperamos un visionario escrito de 1979, del astrobiólogo y astrofísico, profesor de Harvard, Carl Sagan (1934-1996), sobre preguntas de total actualidad: ¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestro propósito en el universo?

Las ciudades huella que el hombre
Las ciudades son, en parte, la huella que el hombre sigue dejando sobre el Planeta, pero no siempre de una forma equilibrada. Nos hemos gastado más de lo que nos ofrece la naturaleza. Foto: Hernán Vanegas.

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En el Día Mundial de la Tierra, un solo dato, de cientos que podrían servir para comprobar el impacto del hombre sobre la Casa Común, es aplastante: el peso total de los edificios, maquinaria, vías, viviendas y otros amasijos de concreto, ya superó el peso de los árboles, plantas y animales que habitan nuestro planeta.

El hallazgo lo hicieron varios investigadores y hace parte del informe publicado por la revista Nature y, en concreto, advierte que “basados en estadísticas existentes desde 1900 para calcular cuánto pesa lo que hemos construido y cuánto pesa la biomasa del planeta, en 2020, la masa artificial superó por primera vez a la natural.

El estudio indica que durante los últimos 100 años, la masa antropogénica ha aumentado rápidamente y se ha duplicado cada 20 años, en contraste con la biomasa total del planeta, que no ha cambiado dramáticamente.

Eso explica, en parte, los efectos humanos sobre nuestra Casa Común y las cifras sobre el deterioro de todos los indicadores de salud planetaria, desde la calidad del aire hasta la acidificación de los océanos y la pérdida de biodiversidad.

¿Por qué no hemos actuado, entonces? ¿Qué más necesitamos para emprender una acción de rescate del planeta? ¿Será que no hemos sido capaces de responder aún preguntas que tienen sentido, hoy más que nunca, ¿de dónde venimos? y ¿cuál es nuestro propósito en el universo?, tal como las hizo, en 1980, el astrofísico, astrobiólogo y profesor de Harvard, Carl Sagan (1934-1996).

En la serie Cosmos: un viaje personal, Sagan explicó de la forma más sencilla las teorías del origen del universo, la formación de las galaxias y sistemas planetarios, el origen de los seres vivos, la evolución del hombre, el trabajo de los primeros científicos que incluso arriesgaban sus vidas tan solo por su deseo de saber, los viajes interplanetarios, los agujeros negros, la teoría de la relatividad y la posibilidad de contacto con seres extraterrestres.

Por eso hoy, Día Mundial de la Tierra, compartimos un texto de Sagan (Cielo e infierno), tan vigente como hace 40 años, para recuperar el poder de asombro y nuestra capacidad de evitar lo evitable: desaparecer como especie, porque el Planeta seguirá estando, con o sin nosotros.

Este fue su mensaje:

“La Tierra es un sitio hermoso y más o menos plácido. Desde luego, las cosas cambian, pero lentamente. Puede uno llevar una vida plena sin experimentar ninguna clase de catástrofe natural más violenta que una tormenta y así nos volvemos complacientes, relajados, descuidados. Pero la historia del Sistema Solar y hasta en la historia humana existen registros claros de catástrofes extraordinarias y devastadoras.

Los humanos ahora hemos logrado la honrosa distinción de hacer nuestras propias catástrofes, tanto intencionales como inadvertidas…

… Después del descubrimiento del fuego empezamos a incinerar bosques intencionalmente para limpiar la tierra por un proceso llamado agricultura de cortar y quemar, y hoy en día los bosques y pastizales están siendo destruidos frívolamente, descuidadamente por seres humanos despreocupados por la belleza de nuestros primos los árboles. Tal vez ignoran las posibles catástrofes climatológicas que pueden ocasionar al quemar bosques en gran escala.

Carl Sagan
Carl Sagan fue y seguirá siendo un hombre de todos los tiempos. Su visión del Cosmos, más allá de la idea de un planeta, nos vuelve a sacudir nuestro papel como seres humanos en la Tierra. Foto: Agencia Espacial Norteamericana. NASA

La destrucción indiscriminada de la vegetación puede alterar el clima globalmente en forma que ningún científico puede predecir. Ya han empobrecido grandes porciones de la capa que sustenta la vida en la Tierra. Sin embargo, destrozamos el suelo generoso a un paso acelerado, como si perteneciera únicamente a nuestra generación, como si fuese nuestro para hacer con él lo que nos plazca.

La Tierra tiene mecanismos para limpiarse por sí sola, para neutralizar las sustancias tóxicas en su organismo. Pero estos mecanismos trabajan hasta cierto punto. Más allá del umbral crítico, este mecanismo se deteriora y el daño es irreversible.

Nuestra generación debe elegir qué valoramos más. ¿Beneficios a corto plazo o la hospitalidad a largo plazo de nuestro hogar planetario? El mundo está dividido políticamente pero ecológicamente está estrechamente unido. No hay hilos inútiles en el tejido del ecosistema. Si se corta cualquiera de ellos, se deshacen muchos otros.

Hemos descubiertos otros mundos con atmósferas asfixiantes y superficies mortíferas. ¿Es nuestro propósito recrear estos infiernos en la Tierra? Hemos encontrado lunas desoladas y asteroides desiertos, ¿vamos a causar cicatrices y cráteres en este mundo azul verde a semejanza de aquellos?

 Las catástrofes naturales son raras, pero llegan con alguna frecuencia. No necesitamos forzar la mano de la naturaleza. Si arruinamos la Tierra, no hay otro lugar adonde ir. Este no es un mundo desechable y aún no somos capaces de recrear otros planetas.

 El desierto más cruel y desolado de la Tierra es mucho más hospitalario que cualquier lugar en Marte. La superficie brillante, arenosa y polvosa de Marte refleja suficiente luz solar al espacio para enfriar el planeta, congelando todo el agua y encerrándolo en una perpetua edad glacial. Algunas actividades humanas hacen estéril nuestro planeta y nuestra atmósfera, esto finalmente podría causar una edad glacial. Al mismo tiempo, liberamos grandes cantidades de dióxido de carbono, aumentado el efecto invernadero.

La Tierra no necesita parecerse demasiado a Venus para volverse estéril y sin vida. Tal vez no se requiere mucho para desestabilizar el clima de la Tierra para convertir este cielo, nuestro único lugar en el cosmos, en una especie de infierno.

El estudio del clima terráqueo, la influencia del Sol, la comparación entre la Tierra y otros mundos, estos son temas en sus primeras etapas de desarrollo a los que no concedemos mayor importancia y mientras tanto continuamos cargando la atmósfera de la Tierra con materia de cuya influencia a largo plazo estamos casi totalmente ignorando.

Hay mundos que comenzaron con la promesa de vida tan aparente como la Tierra, pero algo caminó mal. El saber que los mundos pueden morir, nos alerta del inminente peligro. Si un habitante de otro mundo llegara a visitarnos, ¿qué cuentas rendiríamos de nuestra administración del planeta Tierra?…”.

Suficiente ilustración, diría yo.

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