Educación y COVID-19: no hemos hecho bien la tarea

El más reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Infancia y la Niñez (UNICEF) sobre los efectos de la pandemia en relación con la educación en el mundo son desalentadores. No menos de 463 millones de niños en edad escolar no han podido continuar estudiando ni menos tener acceso a la virtualidad como herramienta pedagógica. Las desigualdades se repiten entre los niños de los países más pobres y alimentan los círculos viciosos de la pobreza y la informalidad. En América Latina, la cifra asciende a 13 millones de niños en edad escolar que siguen por fuera de los sistemas educativos, debido a la pandemia.

Los niños siguen estando en la primera línea de afectación por los estragos que viene dejando la pandemia en todo el mundo, en especial, en asuntos de la educación, pues el cierre de escuelas y colegios por el confinamiento los ha dejado expuestos a la falta de acceso a la virtualidad. Acá, uno de los colegios en el Chocó. Foto: Hernán Vanegas.

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Jacobo Faciolince fue el niño que hace dos semanas le envió al Presidente de Colombia, Iván Duque, un video en el que le pedía que reabriera los colegios, porque, dijo, “hemos perdido la alegría”. Jacobo es uno de los casi 463 millones de pequeños en edad escolar que no han podido regresar a sus aulas por el confinamiento ante la pandemia, pero a diferencia del resto, él sí ha podido acceder a internet para seguir sus clases.

El más reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Infancia y la Niñez (UNICEF) no sólo es desolador, sino que ratifica, una vez más, que el coronavirus sigue provocando los más altos estragos dentro de la población más vulnerable, siendo los niños quienes se llevan la peor parte, no sólo en términos de la educación, sino en acceso a la alimentación, a la salud, a los servicios básicos de saneamiento y, por ende, a la pobreza extrema.

Las cifras demuestran que, no obstante los avances en temas de cobertura y calidad de la educación, algo no hemos hecho del todo bien. No hemos hecho la tarea. Y las consecuencias serán mucho más dramáticas en los países de ingresos bajos y medios, donde los sistemas educativos son muy precarios y distan mucho de los niveles tecnológicos y de conocimiento de los países más desarrollados y con mejores niveles de ingresos y acceso a internet.

La paradoja es que mientras el mundo no había llegado tan lejos en términos de conectividad digital y a velocidad de crucero, la educación a distancia sigue avanzando a paso de tortuga, dejando atrás a cientos de millones de niños y jóvenes, muchos de los cuales terminan desertando de los sistemas educativos y engrosando las filas de la informalidad y la pobreza.

Henrietta Fore, directora Ejecutiva de UNICEF, lo dijo de forma clara y contundente: “la gran cantidad de niños que debieron interrumpir por completo sus estudios durante meses representa una emergencia mundial en materia de educación. Las repercusiones sobre las economías y las sociedades pueden durar décadas”.

Habrá duda de eso, conociendo que en el momento más álgido de los confinamientos nacionales y locales, no menos de 1.500 millones de niños se vieron afectados, no sólo por el cierre de las escuelas, sino por la dificultad de acceso a internet para estudiar a distancia.

Jacobo, que es un niño colombiano que ha dicho que tiene todas las herramientas y las posibilidades de acceso a la red para continuar estudiando, representa además la expresión viva de la importancia de la educación, no sólo como instrumento del conocimiento, sino como herramienta fundamental para el encuentro, la solidaridad, la lúdica, el respeto por el otro y, en especial, como eje de convivencia.

De hecho, UNICEF advierte que las cifras pueden ser peor. Incluso en los casos en que los niños cuentan con la tecnología y las herramientas necesarias en su hogar, no siempre pueden estudiar a distancia a través de esas plataformas, debido a otros factores que se lo impiden, como la presión para realizar tareas en el hogar, la obligación de trabajar, la precariedad de su entorno de aprendizaje y la falta de ayuda para utilizar los planes de estudio por internet o por medios audiovisuales.

Así, resulta evidente que la pandemia nos sigue dejando al desnudo frente a las enormes desigualdades en todo el mundo. Como pasa con la pobreza y la seguridad alimentaria, por ejemplo, los niños en edad escolar procedentes de África Subsahariana son los más afectados, tal y como demuestra el hecho de que la mitad del total de estudiantes de esta región no dispone de medios para estudiar a distancia.

Las cifras en esa región ascienden a cerca de 120 millones de niños. En Asia meridional correponde a 147 millones; Oriente Medio a 37 millones; y América Latina y el Caribe a 13 millones. Esto es, el promedio mundial es del 31 por ciento, correspondiente a 463 millones de niños en edad escolar, más de ocho veces la población total de Colombia.

Un niño sin acceso a la educación, o por lo menos a la virtualidad como herramienta del conocimiento, es como un barco a la deriva, sin un rumbo seguro. Foto: Hernán Vanegas.

Cómo afecta la desconexión a los más pobres

El informe señala que los niños en edad escolar procedentes de los hogares más pobres y las zonas rurales son, con diferencia, los que más probabilidades tienen de quedarse rezagados durante el cierre de las escuelas.

El 72% de los niños del mundo en edad escolar que carecen de acceso a la educación a distancia viven en los hogares más pobres de sus países. En los países de ingresos medianos-altos, los niños en edad escolar de los hogares más pobres representan hasta un 86% de los estudiantes que no disponen de acceso a la educación a distancia. Tres cuartas partes de los niños en edad escolar sin acceso a esta modalidad de educación viven en zonas rurales alrededor del mundo.

Las desigualdades también tienen que ver con la edad. Los estudiantes más jóvenes tienen menos probabilidades de acceder a la educación a distancia durante los años más importantes de su aprendizaje y su desarrollo. El 70% de los niños en edad preescolar (120 millones de niños) no pueden acceder a la educación a distancia, debido en gran parte a los obstáculos y las limitaciones de este tipo de educación para los niños más jóvenes, la falta de programas de educación a distancia para este nivel educativo, así como la ausencia de materiales para esta modalidad de aprendizaje en el hogar.

Al menos el 29% de los niños en edad de asistir a la escuela primaria (217 millones de estudiantes) carecen de acceso a la educación a distancia, al igual que cerca del 24% de los niños del primer ciclo de secundaria (78 millones).

Los niños en edad de asistir al segundo ciclo de secundaria fueron los menos afectados por la falta de acceso a la educación a distancia: alrededor de un 18% de ellos (48 millones de niños en edad escolar) no contaron con los recursos tecnológicos necesarios para acceder a esta modalidad de aprendizaje.

Qué debemos hacer

De ahí el llamado de Naciones Unidas a los gobiernos, en el sentido de agilizar la apertura de las escuelas y colegios, pero manteniendo todas las medidas sanitarias y de control de la pandemia. En los casos en los que la reapertura no sea posible, UNICEF pidió incorporar el aprendizaje compensatorio por tiempo de instrucción perdido en los planes de reapertura y continuidad escolar.

Asimismo, las prácticas y políticas de apertura de las escuelas deben incluir la ampliación del acceso a la educación, por ejemplo, con la modalidad a distancia, sobre todo para los grupos marginados. Además, los sistemas educativos deben adaptarse y diseñarse de manera que puedan soportar futuras crisis.

Es necesario advertir, según UNICEF, que para este análisis se han utilizado los resultados del estudio conjunto de la UNESCO y el Banco Mundial sobre las respuestas nacionales en materia de educación ante el cierre de las escuelas por el COVID-19.

El número de niños con posible acceso a soluciones de internet o medios audiovisuales se basa en la disponibilidad de los recursos relacionados (televisión, radio e internet) en el hogar, y no en el uso real por parte de ellos. Como resultado, las cifras de los niños “con posible acceso” son estimaciones superiores al número de menores que realmente tienen acceso. La cobertura de los materiales en papel no se ha representado debido a la falta de datos fiables.

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