Ir a 30 kilómetros por hora es un seguro de vida

Comienza hoy la Semana Mundial de la ONU para la Seguridad Vial y usted puede hacer la diferencia entre ir de prisa y “fallecer en el intento” o tomarse un segundo y pensar que puede llegar más lejos y más seguro con solo sacar el pie del acelerador. Está demostrado que pese a que la diferencia entre conducir a velocidades entre 30 y 50 kilómetros por hora es mínima para cubrir iguales distancias, la primera es un seguro de vida no sólo para los peatones, sino para los propios conductores en términos de las consecuencias por la accidentalidad. La ONU insta a los gobiernos de todo el mundo a limitar la velocidad en las ciudades a 30 kms/hora. Acá, las razones.

seguridad de sus vías, limitar la velocidad
La planeación sostenible de las ciudades pasa por la seguridad de sus vías. Limitar la velocidad a mínimos razonables hace la diferencia entre la vida y la muerte. Foto: noticiasonu.org

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Cuántas veces hemos escuchado decir “vísteme despacio que voy de afán” para advertir que “de las carreras sólo queda el cansancio”. Pues bien, a la hora de hablar de velocidad en las vías ambas premisas se aplican a pie juntillas, porque hacen la diferencia entre la vida y la muerte.

El número de muertos por accidentes de tránsito mundial es de unos 1.2 millones de personas cada año. Los accidentes de tráfico constituyen la segunda causa de muerte para personas entre los 5 y 29 años y la tercera para personas entre los 30 y 44 años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2019.

Como será que la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha convocado a toda la comunidad internacional a incluir en sus legislaciones normas que limiten la velocidad permitida en las vías a máximos de 30 kilómetros por hora, teniendo en cuenta, con suficiente evidencia, que eso es un seguro de vida para todos, dadas las estadísticas globales sobre la estrecha relación sobre muertes por accidentalidad y límites de velocidad.

Si tiene alguna duda puede aprovechar estos días y ponerse como meta conducir a 30 kilómetros por hora, hacer parte de la llamada Semana Mundial de la ONU por la Seguridad Vial, “Calles por la vida”, y comprobar que no sólo está logrando cumplir sus recorridos con mejor tiempo, sino contribuyendo con algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre otros, con la salud, la educación, las infraestructuras, las ciudades sostenibles, la acción climática y las asociaciones.

“Calles para la vida” es una invitación que hace la ONU en busca de aunar compromisos políticos para lograr ese límite de velocidad en áreas urbanas, y generar apoyo a nivel local para lograr ciudades seguras, saludables, verdes y habitables.

Es más, puede unirse a las redes sociales con los  numerales #CallesParaLaVida y #Love30  y ser uno de los firmantes de esta convocatoria global y demostrar que la vida en la vía es sagrada.

Los beneficios de ir a 30 km/hora

 En agosto de 2020, la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 74/299 “Mejora de la seguridad vial en el mundo”, por la que se proclamó el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030, y donde se fijó el ambicioso objetivo de prevenir al menos el 50% de las muertes y lesiones por accidentes de tráfico para 2030.

Las evidencias obtenidas en el ámbito global demuestran que las calles con límites de velocidad bajos reducen el riesgo de sufrir lesiones graves y salvan vidas. Entre otras iniciativas, en Bogotá, la implantación de zonas limitadas a 30 km/h se incluyó en el paquete de medidas del Plan de Gestión de la Velocidad y se logró un descenso del 32% en la mortalidad asociada a los siniestros de tránsito.

uso de transportes limpios y saludables
El uso de transportes limpios y saludables, como la bicicleta, es una de las mejores opciones que ahora tienen las ciudades para mejorar su competitividad. Foto: Hernán Vanegas. Parques del Río.

Del mismo modo, los ensayos realizados en situaciones reales han demostrado que en la mayoría de los desplazamientos habituales en ciudad la diferencia de tiempo entre circular a una velocidad máxima de 30 km o de 50 km es mínima.

Además, implementar límites de velocidad bajos en las calles es posible en cualquier país, independientemente de su nivel de desarrollo o del número de vehículos. Se han creado zonas limitadas a 30 km/h con buenos resultados en vías de África, América del Norte, Asia, Europa, América Latina y Australia.

Los costos sociales y económicos de los accidentes y las lesiones causados por el tránsito ascienden al 1 % del Producto Nacional Bruto en los países de ingresos bajos, al 1,5 % en los de ingresos medianos y hasta el 5 % en los de ingresos altos.

El costo mundial podría estimarse en 518.000 millones de dólares anuales, de los cuales US 65.000 millones corresponden a los países de ingresos bajos y medianos. Dicho monto es mayor del que reciben como ayuda al desarrollo.

La seguridad vial es un problema de gravedad creciente si pensamos que existen estimaciones que indican que en los países de América Latina y el Caribe, entre 2000 y 2020, el número de víctimas mortales por el tránsito pudo crecer en un 48 %, en Asia Meridional un 149 %.  Aun cuando las predicciones son mejores para los países de Europa Oriental y Asia Central se estimó un aumento del 19 %.

En las calles con límites de velocidad bajos los vehículos suelen desplazarse sin problemas, con menos aceleraciones (relacionadas con las emisiones de escape en los vehículos con motor de combustión interna) y desaceleraciones. Todo ello se traduce en una menor contaminación. Los badenes pueden provocar un ligero aumento de la contaminación en zonas puntuales debido a una mayor aceleración y frenado, pero su impacto es bajo.

Las calles más seguras y que cuentan con los límites de velocidad más bajos animan a prescindir del vehículo y optar por caminar e ir en bicicleta. Además, un menor número de vehículos hará que disminuya la contaminación del aire y las emisiones de CO2 (incluso de los vehículos eléctricos) y supondrá mayores beneficios para la salud derivados del aumento de la actividad física.

La siniestralidad global es la segunda causa de muertes en todo el mundo, con una cifra de víctimas por encima de un millón cada año, según la OMS. Foto: Iskock.

La bicicleta tiene la vía

Con “Calles para la vida”, la ONU lanza oficialmente la Década de Acción por la Seguridad vial 2021-2030 y su plan mundial, que estará alineado con la Declaración de Estocolmo, que enfatiza la importancia de lograr un enfoque integral para la seguridad vial y llama a la mejora del diseño de las vías y los vehículos, las leyes y su cumplimiento, y los riesgos asociados al exceso de velocidad y la conducción y el consumo de alcohol.

El Plan de Acción también busca promover políticas que impulsen otros medios de transporte como el uso de la bicicleta y del transporte público o caminar, todos ellos saludables y amigables con el medio ambiente, tal como se refleja en la Declaración.

La Comisión Económica para Europa se sumó a la Semana a través de su Programa Paneuropeo de Transporte, Salud y Medio Ambiente y realizará durante dos días la V Reunión de Alto Nivel sobre Transporte, Salud y Medio Ambiente.

Está previsto que se apruebe una declaración ministerial para impulsar la transformación hacia un transporte y una movilidad limpios, seguros, saludables e inclusivos, así como el primer Plan Director paneuropeo para el fomento del uso de la bicicleta.

De hecho, los países europeos se mantienen al tope de las tablas sobre uso de la bicicleta e inversiones para su infraestructura.

En el Índice Global de Bicicletas 2019, que realiza la firma Coya, Utrecht (Países Bajos), ocupó el primer puesto, donde el 51 % de las personas hace uso de la bicicleta, mientras la inversión que hacen en infraestructura obtuvo 98.87 sobre 100.

Le siguió Munster, Alemania, que tiene una penetración de uso de 39,10 %, 88,04 puntos en inversión para infraestructura y 53,05 puntos por su infraestructura actual.

En tercer lugar quedó Amberes, Bélgica, con un índice de uso de 62,67 %, 75,31 puntos en inversión en mejora de infraestructura y 53,37 por la que ya tienen. Copenhague, Dinamarca, se llevó el cuarto puesto por su penetración de uso de 29 %, y en inversión en vías y mejora de infraestructura tuvieron 86,54.

Ámsterdam, en Países Bajos, obtuvo un 32 % en uso de bicis, así como un puntaje de inversión en infraestructura de 98,87.

En América Latina, Colombia se destacó en dicho Índice Global, pues fue el único país de la región que tuvo tres ciudades en el listado: Cali, en el puesto 82, con un porcentaje de uso de la bici de 4,5. Bogotá, casilla 81, con un porcentaje de uso de 4 %; y luego Medellín, que se posicionó en el puesto 89 y obtuvo un 0,5 % de uso de este medio de transporte.

Brasil registró una sola ciudad (Sao Paulo) y se destacó por tener una incidencia de uso de la bici de 5,1 %, siendo el mayor de la región. Santiago de Chile ocupó el puesto 58 con 3,3 % de uso. En la casilla 83 quedó Buenos Aires, con 1,2 % de uso; y finalmente, Ciudad de México, puesto 80 con un índice de uso de 0,08 %.

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