«Prácticas inadecuadas y el cambio climático son una bomba de carbono para los incendios forestales»: Armenteras

La zona más extensa de vegetación quemada en Colombia está en los Llanos Orientales. Según el grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional, el riesgo de incendios forestales ha aumentado en los últimos años con las condiciones del cambio climático.

Armenteras

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Para Dolors Armenteras Pascual, licenciada en Ciencias Biológicas, PhD en Geografía del Kings College of London y directora del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional, en las áreas protegidas del Amazonas colombiano en el último año aumentaron en ocho veces los fuegos por causas no asociadas al cambio de temporada lluviosa a seca.

En diálogo con Territorios Sostenibles, Armenteras asegura que los Llanos Orientales tienen más área de vegetación quemada que la Amazonía y que uno de los problemas históricos es que tradicionalmente para colonizar las tierras se han quemado para hacerlas más rentables. “Todavía hoy vale más un pedazo de tierra quemado y tumbado que un bosque. Ese es un problema grande que no se ha solucionado”.
 

¿Cuál es el principal foco de incendios forestales en Colombia en las últimas dos décadas?
Colombia hasta hace pocos años no tenía una medición de cuánta área de biomasa se quemaba en le país. Ese fue uno de los primeros trabajos que hicimos hace algunos años para determinar cuánto, cómo y dónde se quemaba. Además, cómo variaba anualmente. Esos episodios vienen sucediendo hace mucho tiempo. Hay muy pocos estudios de paleoecología del fuego en Colombia, que ojalá empiecen a surgir muchos ahora.
En las últimas dos décadas, cómo no había estudios para medir, resulta que en todas las regiones de Colombia en algún momento han tenido áreas quemadas, excepto, o muy poquito, en el Pacífico. Y ¿por qué allí no? Porque es la zona más húmeda. Y es donde quizá hay menos afectación de incendios forestales. 

En la década del 2000 al 2010 se quemaban, en promedio, 400.000 hectáreas al año en el país. Pero eso tuvo una desviación muy alta, porque en 2003 se quemó casi 1.000.000 de hectáreas de vegetación y en 2005-2006 fueron 20.000.
Lo primero fue conocer que en todo el país se quema y la variación entre los años se da por el clima. Hace una década estudiamos esa variación climática asociada con los meses en donde disminuye la precipitación, hay unas temperaturas más elevadas y es donde hay los eventos de incendios más fuertes en todo tipo de vegetación. No solo los forestales.  


Y ¿cuáles son las causas?

Depende. Esa es mi línea de investigación. Hay una asociación climática, pero el clima no lo explica todo. ¿Entonces qué más pasa? Dentro de lo que más pasa está la mano humana. Ahí vienen estudios de qué tan diferentes son las regiones colombianas y sus características sociales, geográficas, económicas y demográficas.
Si se empieza a ver dónde hay un área más extensa de vegetación quemada es en los Llanos Orientales, por sus características naturales, por su tradición de uso de ganadería extensiva, su condición climática muy extrema, sus condiciones de inundabilidad en los ríos asociados al bosque porque cuando baja el agua hay una exposición de esas sabanas. Todo esto más el hombre usando las cenizas para regenerar y hagan crecer los pastos para ganado. A eso se le suma el uso cultural de la quema para caza, que también pasa en el Caribe.
Cuando mezcla todo eso con cambio climático esto se convierte en una bomba de carbono, como en el Amazonas. Antes se hacía, pero ahora las condiciones son más extremas y si no se controla bien se generan estos incendios forestales.

¿Cuál es la situación de deforestación y quemas en la Amazonía?

Este es un caso particular porque en algunos de los estudios empezamos a ver que en área eran muchas más extensas las hectáreas quemadas en la Orinoquía, pero en la Amazonía había muchos fuegos más pequeños. Así fue como me metí a indagar más sobre las causas de los incendios en las Amazonía. Cada sitio es muy diferente. Hace 10 años empezamos a estudiar la dinámica de esos fuegos que tienen ver con el clima, porque en temporada de lluvias no hay fuegos en al Amazonía colombiana ni en la de Brasil ni en ningún lado. Lo que pasa es que la temporada seca en el país es un poco diferente a la de la Amazonia central o del sur. Pero la dinámica es la misma. Y la gente, tradicionalmente para colonizar esas tierras ha quemado para hacerlas más rentables. Todavía hoy vale más un pedazo de tierra quemado y tumbado que un bosque. Ese es un problema grande que no se ha solucionado.
Hay focos por todos lados y causas diferentes.  

 

¿Cómo avanza esa medición y qué se sabe de lo ocurrido en la última década?

Para todo el país deberíamos estar actualizando esta década pasada. En la Amazonía sí hay estudios del grupo de investigación de Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional en los que hemos ido cuantificando y asociando esos fuegos con las temporadas. Cuando hay fenómenos del Niño y la Niña todo eso importa. Ha ido aumentando. Hay un estudio que publicamos hace un año en el que se muestra un incremento de ocho veces de incendios en las áreas protegidas amazónicas que no estaban asociados al clima. Eso es muy grave.

Debido al calentamiento global las prácticas de quemas en los campos ahora afectan de una manera más fuerte los ecosistemas, ¿cómo ayudar desde el comportamiento cotidiano a que esto no suceda?

Desafortunadamente el riesgo aumentó con las condiciones del cambio climático. Hemos propuesto una ley de manejo integral del fuego. Hay varias medidas como tener un buen sistema de alertas tempranas. Controlar y acompañar cuando hay este tipo de riesgo. Cuando hay condiciones extremas logra un acuerdo para no utilizar esas prácticas. Prevenir cuando hay eventos de vientos muy fuertes porque se va a salir de control el fuego.
Hay muchas prácticas prohibidas y los permisos no se sacan por la burocracia que hay, entonces es facilitar los proceso respetando las prácticas e incorporando el conocimiento científico.
Otra cosa es el uso ilegal del fuego para ocupar, avanzar y especular con tierra.  

 

¿Desde la gobernanza local cómo se pueden prevenir los incendios forestales y, por ende, la deforestación?

De la gobernanza puedo hablar poco porque no soy especialista. Creo que llegando al entendimiento de percepciones, de los riesgos y con el intercambio de experiencias se puede llegar a un acuerdo para optimizar los recursos, que son bien limitados, en las regiones donde ocurren los incendios. En las zonas rurales no hay la capacidad institucional ni conocimiento de riesgos, alertas, accesibilidad. Es muy importante la capacitación de las comunidades.  

 

¿Por qué plantar árboles no es suficiente para recuperar ecosistemas, qué más se debe hacer?

Primero evitar que se tenga que llegar a hacerlo. El costo beneficio de reforestar es muy bajo tras deforestar y después reforestar. Si uno se da cuenta de cómo están los procesos de sucesión no hay garantías del crecimiento de las plántulas, de la mortalidad de especies y demás. Es muy difícil volver a recuperar un ecosistema  a las condiciones que estaba y ciertamente plantando y dejando allá no se garantiza. Hay una recuperación post fuego que se necesita que va más allá de plantar un árbol, porque no se conocen cuáles son las especies más adecuadas, cuáles deben ir en un proceso de sucesión. Para eso están los expertos en restauración y no voy a entrar en ese tema de restauración ecológica porque no me atrevería. Plantar no es suficiente porque no conversa. Tampoco se sabe nuestros ecosistemas qué tanto carbono capturan y qué tanta capacidad tienen. Y más que nada la complejidad de la funcionalidad es muy difícil. Y no se sabe si está realmente compensando. La biodiversidad no son solo árboles. Hay una cantidad de procesos que no están siendo considerados cuando se planta.  

 

¿Existe algún estudio o análisis que determine si hay correlación entre presencia o ausencia de comunidades indígenas y ocurrencia de incendios forestales en la Amazonía colombiana?

No hay un estudio actualizado que yo conozca, pero sí hay un estudio que dice que es muy pequeño el impacto de esas chagras en los incendios. No tienen un gran impacto. Hay un estudio mío en el que se muestra la energía que se libera en diferentes zonas con esas prácticas. Esas son chagras pequeñas de bajo impacto, de pocas emisiones y muy por debajo de lo que está afuera de estas zonas. En el caso de la Amazonía se da el mejor manejo del fuego ancestral que podríamos tener en un ecosistema. Al contrario, a los resguardos los presionan desde afuera y se ve en los mapas lo que está pasando. A diferencia de lo que ha sucedido en lugares como áreas protegidas.  

 

¿Por qué si se tienen las plataformas digitales como Copernicus, en el país no se utilizan y se desconoce esta herramienta, tal y como sucedió en febrero y marzo pasado con los incendios en la Orinoquía y en Venezuela, que afectaron capitales colombianas?

Eso es una pregunta política y no científica. Pienso que el país no está maduro científicamente. La ciencia en el país está desfinanciada. Falta un poco que las instituciones oficiales que se quiten el susto de trabajar con los científicos de alto nivel que pueden permitir avanzar en el país. 

Colombia está avanzando, se están publicando cosas, vamos bien, pero hay que hacer más. No se deben mendigar las becas de doctorado, por ejemplo. Todo es un proceso de madurez. 

¿Cómo analiza usted que el proyecto de Ley 221C, de Prevención de incendios forestales, que se fundamenta en estudios del grupo Ecolmod de la Universidad Nacional, que usted dirige, entre a segundo debate en la Cámara de Representantes?
Estamos muy contentos. Ojalá logremos pasar esa ley. He aprendido mucho. Es un proceso muy interesante y nos hemos articulado bastante. Esto está basado no solo en lo hecho por Ecolmod, sino en todo lo que se había realizado.
Llevamos dos años y medio. La iniciativa surgió de un proyecto puramente científico del impacto de los fuegos sobre los bosques a nivel ecológico y en ese proyecto empezamos a encontrarnos con actores locales e institucionales, preocupaciones y se fue creando esta propuesta. Llevo estudiando incendios hace 15 años y la presencia en los medios apenas la he visto hace unos dos años. Tal vez por lo que ha ocurrido en el extranjero, por ejemplo en Brasil. Es un reto para los científicos ponernos a hablar con políticos para hacer esto. Pero tiene qué ver mucho con los jóvenes estudiantes. El éxito es que todos los partidos apoyaron ese proyecto de ley y esperemos que siga su proceso y poder tener esa ley.

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