Ozono: la capa que resiste el embate climático

El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, instaurado por la ONU en 1994, se celebra hoy 16 de septiembre en medio de la más dramática crisis climática que afronta el planeta. En medio de una pandemia y de los estragos irrefutables del cambio climático, la comunidad internacional reconoce los invaluables aportes del Protocolo de Montreal de 1987 en torno a la protección de la llamada segunda piel de la Tierra, esa que nos protege de los rayos UV provenientes del sol. Desde 2000, el ozono se ha recuperado en la atmósfera a una tasa entre 1 y 3 por ciento cada año, según la OMM.

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Los impactos del cambio climático, muestra clara de los daños sobre la capa de ozono, se manifiestan sobre el deshielo de nuestros páramos y nevados, como acá, en el Nevado del Ruiz. Foto: Hernán Vanegas.

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No todas son noticias desalentadoras para el planeta. Lo que pasa es que no tenemos mucho tiempo para celebrar las buenas, porque los peligros del cambio climático acechan cada vez con más rapidez y tienen una ruta común: la capa de ozono.

El calentamiento global es una realidad y podría ser aún más catastrófico para la humanidad de no haber logrado acuerdos históricos como el Protocolo de Montreal de 1987 (ratificado en 1989), en el que no menos de 197 países se unieron en torno a la protección de la capa de ozono, esa especie de segunda piel del planeta que nos permite disfrutar del sol sin morir en el intento.

Hoy, 16 de septiembre, en el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono (instaurado en 1994), la comunidad científica internacional amaneció con la noticia del hallazgo de un gas de moléculas de fosfina (fósforo), un componente químico que abre la posibilidad de encontrar un tipo de vida en la atmósfera del planeta Venus, hermano gemelo de la Tierra y el vecino más cercano que tenemos dentro del sistema solar.

El ozono es otro de esos elementos mágicos que nos permite habitar este planeta y conservar la vida de sus infinitas especies, pero que corre el riesgo de sucumbir ante las enormes presiones que desde la superficie de la Tierra hacemos contra la estratosfera, el hábitat por excelencia de un gas compuesto de moléculas de ozono (O3) que consta de tres átomos de oxígeno, donde se da una danza de vida maravillosa, más o menos así:

Las moléculas de oxígeno reaccionan para formar moléculas de ozono, y, al mismo tiempo, las moléculas de ozono reaccionan para formar moléculas de oxígeno. Si el número de moléculas que se crean es el mismo que el de moléculas de ozono que se destruyen, la reacción entra en un equilibrio dinámico. Es un proceso frágil y cualquier intervención puede dañar el proceso natural de formación y destrucción del ozono, con serias consecuencias para la vida en la Tierra, pues el aumento de las temperaturas serían insoportables y alterarían las condiciones climáticas que hacen posible habitar en ella.

El ozono es un escudo contra el cambio climático y de su salud depende la nuestra, pues está ligado a los gases de efecto invernadero (GEI), motor de combustión para la crisis climática.

De ahí, la importancia de cumplir el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, que estableció una meta global de reducir en 20 por ciento las emisiones de GEI y disminuir entre 1.5 y 2 grados centígrados la temperatura del planeta en 2030.

Cuál es el estado actual de la capa de ozono

El término “capa de ozono” describe la zona de mayor concentración de moléculas de ozono en la estratosfera. La capa, que tiene un grosor de 10–20 kilómetros, actúa como un manto que la cubre y hace de filtro contra la radiación ultravioleta (UV) producida por el sol.

Los científicos han clasificado a la radiación UV en tres tipos o bandas: UV-A, UV-B y UV-C. La radiación UV-C no llega a la superficie de la Tierra. La UV-B es parcialmente filtrada por la capa de ozono; la UV-A no es de ninguna forma filtrada por la capa de ozono. Sin embargo, la UV-B es la radiación que ha provocado los mayores daños a la salud humana y al ambiente.

Ahora, esa especie de piel o de frágil burbuja está sometida a enormes presiones químicas que provocan daños en ella y rompen su tejido, abriendo huecos que, luego, permiten que los rayos del sol ingresen a la atmósfera y provoquen daños irreversibles sobre el clima, las plantas, los océanos y, por supuesto, los humanos.

La comunidad científica ha identificado esa serie de elementos dañinos y los ha clasificado como Sustancias que Agotan la Capa de Ozono (SAO). Desde la aprobación del Protocolo de Montreal en 1987, y a partir de finales de 2014, se ha eliminado con éxito más del 98 por ciento de las SAO controladas, lo que ha ayudado a revertir los daños a la capa de ozono.

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La capa de ozono es como una especie de nube que posa sobre la estratosfera y evita que los rayos del sol lleguen de forma directa y dañina para la vida en la tierra. Es un manto mágico, pero frágil. Foto: Hernán Vanegas.

Durante el período 1989-2018, como efecto colateral positivo, se han reducido las emisiones acumuladas de CO2 en más de 135.000 millones de toneladas y en el último informe de la Organización Metereológica Mundial (OMM) de la ONU de 2019 se estableció que “la capa de ozono está en camino hacia su recuperación total, y las acciones para lograrlo, en el marco del Protocolo de Montreal, suponen una enorme oportunidad para reducir el calentamiento global y aumentar la ambición en los compromisos climáticos a 2030.

El ozono se ha recuperado a una tasa del 1-3 por ciento desde el año 2000 y, a la velocidad actual, el hemisferio norte y el ozono en latitudes medias están programados para sanarse completamente en la década de 2030, seguido por el hemisferio sur en la década de 2050 y en las regiones polares para 2060, según la OMM.

Otra oportunidad para el planeta

El Protocolo de Montreal fue calificado por el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, como “un inspirador ejemplo de cómo la humanidad es capaz de cooperar para hacer frente a un desafío mundial como un instrumento clave con que responder a la actual crisis climática”.

Guterres recordó que el tratado ha servido durante más de tres décadas para que los países disminuyan drásticamente el uso de productos químicos que desgastan la capa de ozono, utilizados principalmente por la industria de la refrigeración.

Del mismo modo, destacó la Enmienda de Kigali como un paso adicional a Montreal, cuya implementación avanza por parte de los países miembro y su objetivo es reducir el calentamiento global a fines de este siglo hasta 0,4 grados centígrados. La Enmienda contempla, además, que durante los próximos 30 años se reducirá en más de un 80% la producción y el consumo de hidrofluorocarbonos (HFC).

“Ahora que la industria se ocupa de rediseñar los aparatos electrodomésticos para sustituir los hidrofluorocarburos, también es fundamental aumentar la eficiencia energética de esos aparatos a fin de reducir todavía más sus efectos sobre el clima”, dijo Guterres en su mensaje de celebración del Día Internacional por la Capa de Ozono de 2019.

El amplio apoyo y la implementación del Protocolo de Montreal han llevado a la eliminación casi total de un centenar de productos químicos que agotan la capa de ozono, una contribución significativa a la mitigación del cambio climático.

El llamado de la ONU en este día es a que todas las naciones impulsen planes de acción para lograr el enfriamiento “eficiente y sostenible” de la atmósfera y que, al mismo tiempo, sirvan para facilitar servicios esenciales para la conservación de la vida, como vacunas y alimentos inocuos para todas las personas. Mantener una capa de ozono y un clima “saludables” son básicos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

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