El informe del IPCC es una “verdad incómoda”: Paola Arias

La científica colombiana y profesora de la U. de A., Paola Andrea Arias, no duda en asegurar que más que una crisis climática, estamos afrontando una crisis humana. Entenderlo así puede hacer la diferencia entre superar el calentamiento global o perecer en medio de la falta de decisiones que permitan cambiar de rumbo. Entrevista con la coautora del Sexto Informe del Panel de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). “Nos hemos movido en un mundo donde no nos creemos naturaleza”, dice.

Paola Andrea Arias, científica colombiana y profesora de la U. de A
Paola Andrea Arias, científica colombiana y profesora de la U. de A., miembro del Panel de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). Foto: archivo personal.
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Cuando de hablar sobre temas de cambio climático con una científica formada en las grandes ligas del conocimiento se trata, se corre el riesgo de entrar en código rojo, porque, reconozco, no sabe uno por dónde comenzar. Así pasó con Paola Andrea Arias, la científica antioqueña que hace parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) que esta semana entregó su Sexto Informe y calentó, con razón, el mundo político, académico y ambiental, dados los resultados encontrados sobre los daños que como humanidad hemos provocado sobre el planeta.

Después de varios días de agite intenso, muchas llamadas, declaraciones por acá y por allá, en español e inglés, tal vez ya más reposada y en estado natural, Paola hizo fácil lo complicado. Sirvió apreciar varias de sus fotografías y su extensa vida académica para comprobar que detrás de esa figura fresca, más parecida a la de una “rock star”, pelo tinturado de color vivo y en protesta, gafas grandes y sonrisa amplia, había música para mis oídos y una cadente conversación sobre ciencia del cambio climático.

Sin estar de cuerpo presente, con la magia de los genios y la inspiración de los sabios, con Paola estaban sus mentores: Germán Poveda, quien la metió entre las aguas del futuro como experta en estudios de hidrología; Maisa Rojas y Carolina Vera, compañeras de viaje en el tren de la investigación con aroma de mujer, y Rong Fu, una especie de diosa china, pero entonces profesora, que le abrió las puertas del olimpo y marcó su camino con la fuerza del dragón cuando le permitió ingresar al Instituto de Tecnología de Georgia para realizar su doctorado.

De la ingeniera civil que colmaba de orgullo y admiración a sus padres quedaba poco, pero emergía con renovados bríos una mujer orgullosa de sus raíces, comprometida con el mundo y dispuesta a recorrerlo para traer de él las mejores experiencias y aprendizajes y compartirlas, no sólo con los más connotados expertos y científicos internacionales, sino con sus alumnos de la Escuela Ambiental en la Facultad de Ingeniería de la U. de A, de la que es profesora asociada.

Hablamos con ella y pronto sentimos su calor y buena vibra, pese a que no siempre encuentra lo mismo al otro lado de la línea. No por mí, sino porque acababa de vivir, una vez más, lo que tanto la ha atormentado durante su vida profesional: la falta de empatía y los celos de otras mujeres, no todas por fortuna, por su trayectoria y reconocimiento. Se trataba de una periodista británica que la llamó para hablar sobre el informe del IPCC, pero a la hora de publicar sus conceptos la omitió y sólo puso en su nota las opiniones de un grupo de hombres, pese a que usó las suyas en el artículo.

No pasará la mismo con nosotros y en esta conversación al natural, Paola Andrea Arias nos calienta el optimismo, enfría muchas preocupaciones, emite valiosas enseñanzas, fija sus propios códigos rojos, pero protege la neutralidad que tiene el IPCC a la hora de realizar sus contundentes informes. Esta es la voz de Paola, no del Panel.

¿Si algunos de tus inspiradores te preguntara por dónde comenzar a explicar los resultados del sexto informe del IPCC, por dónde lo harías?

Paola Andrea Arias: Lo primero que les diría es que estamos enfrentando como civilización un cambio fundamental que nos obliga a cambiar de rumbo.

¿Y cómo, en qué sentido?

Es urgente y definitivo tomar conciencia sobre lo que está ocurriendo. Es ahí cuando me pongo mi traje de académica y científica para escuchar lo que la ciencia nos dice, lo que está observando y lo que deberíamos hacer para lograr cambiar de rumbo. Esa es la importancia que tiene el informe del IPCC, pues hace esa mirada integral desde la ciencia.

¿Acaso los anteriores informes del IPCC no lo habían logrado hacer así. O es que no hemos entendido el mensaje. Qué tiene de relevante este sexto documento?

Hemos avanzado mucho en la forma y el fondo de los informes, porque la ciencia también ha venido avanzando mucho. Lo que es claro de este informe es que trae “verdades incómodas”, haciendo una alusión al documental del ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore. Y son verdades incómodas porque implican responsabilidades, diferenciadas por supuesto, y, por ende, necesidad de cambios urgentes y estructurales sobre la manera en que, como sociedad, estamos organizados y culturalmente nos hemos formado.

mujer desolada y superada por el fuego en Grecia
No hace falta nada para describir lo que pasa con el cambio climático. Esta mujer desolada y superada por el fuego en Grecia lo dice todo. Foto: Bloomberg-Getty Images.

El informe insiste con frecuencia en la necesidad de conectar los hallazgos con los tomadores de decisiones, que casi siempre pensamos que éstos son los políticos. ¿Cómo conectarlos a ellos con los ciudadanos de a pie en la toma de esas decisiones de fondo y estructurales?

Esa es la pregunta del millón de millones. Y la respuesta no es única, sino que debe ser el resultado de una búsqueda continua y diferenciada también. En mi propio caso, siempre buscó respuestas dentro de una visión científica sobre cómo reconciliar todo esto. Finalmente, creo que lo que está ocurriendo con los cambios del sistema climático, desde lo físico, es causado por fenómenos estructurales.

Y esto tiene todo que ver con la desigualdad, la injusticia y la exclusión. De ahí que no exista una sola respuesta. Tenemos que acercar las realidades del cambio climático desde muchas formas y reconocer que si bien ahora tenemos un nuevo informe que nos habla de la atmósfera, de los océanos, de los glaciares, también es fundamental que nos habla de lo humano, de las ciencias sociales, con la comunicación, cómo lo percibimos desde la sicología social, pero además de las soluciones desde la economía, la política, la ingeniería y la cultura.

Cuando podamos ampliar esa visión sobre el cambio climático y sus soluciones, vamos a entender la necesidad de construir una visión interdisciplinaria, multiescalar, y así construir nuevos tejidos. Cómo. No lo sé aún, pero lo primero es que se deje de ver el problema como un asunto de unos científicos que estudian cosas muy complejas y lejanas a esos ciudadanos de a pie. Tenemos que crear puentes que nos conecten a todos, porque, de lo contrario, las decisiones y las soluciones seguirán siendo fragmentadas y de alcance limitado.

La primatóloga Jane Goodall es una inspiración para las mujeres en la ciencia. Hace poco dijo de forma lacónica que uno de los problemas de la humanidad es que desconectamos el cerebro del corazón, en alusión a la falta de empatía con el planeta. ¿Estás de acuerdo con ella?

Absolutamente. Nos hemos movido dentro de un sistema en el que, primero, no nos creemos naturaleza. Hablamos de medio ambiente, de recursos naturales como entes, pero no como un ecosistema vivo del que hacemos parte y del que nos aprovechamos sin límites y sin consciencia.

La explicación, insuficiente y peligrosa, es que el sistema económico debe regular esas relaciones con la naturaleza, sin entender que el planeta no es lineal y menos piramidal, donde unos están arriba y otros abajo, por lo que la vulnerabilidad de la mayoría sigue aumentando.

¿Estamos frente a una crisis climática o una crisis humana?

Desde mi visión como científica, mucho más amplia y estructurada sobre lo que está ocurriendo en torno a la ciencia climática, no tengo duda de que estamos viviendo una enorme crisis humana que se manifiesta en la forma en que hemos cambiado el lugar donde habitamos, el territorio. Y, además, es una crisis humana, porque los resultados obedecen a las decisiones que hemos tomado como humanidad. A eso me refiero cuando hablo de las responsabilidades diferenciadas.

Creo que nos han metido, y aceptado de facto que lo hicieran, dentro de un sistema desconectado con lo humano, donde no hay empatía hacia el otro y, menos, hacia lo que llamamos el entorno, ese pequeño espacio donde habitamos.

En la visión indígena, tan importante como la ciencia misma, se habla de la conexión de la madre tierra con todo lo demás y asocian el vientre de esa madre con el agua que está en la placenta y con el cordón umbilical, que facilitan la vida. ¿Perdimos esa conexión, rompimos con nuestro origen?

Por supuesto. Y me gusta mucho esa figura ancestral, porque el agua es un elemento central en torno a cómo entendemos el cambio climático. No sólo somos agua en gran parte del cuerpo, sino que el planeta es más de 70 por ciento agua.

Ahora, desde la perspectiva del informe del IPCC, el agua es un factor central. Tengo el privilegio de haber estado en el primer capítulo que cualquier informe del Panel elabora y que corresponde al ciclo hidrológico como un sistema integrado, sistémico. 

En los anteriores documentos del IPCC se abordó el tema por partes, por un lado, qué pasaba con las precipitaciones y, por el otro, qué ocurría con las aguas subterráneas, pero no de forma integral. Este sexto informe sí lo hace y muestra qué está sucediendo en el ciclo hidrológico en su conjunto, pero trae también algunos capítulos sobre lo que ocurre en el ámbito regional.

El atlas que trae el sexto informe del IPCC no es un juego. Es la advertencia clara y contundente de que estamos en un punto de no retorno para detener el calentamiento global. Foto: Atlas del IPCC.

Eso es muy relevante, porque algunas de las críticas a estos informes es la desconexión que existe entre las agendas globales y las locales…

El tema del agua está presente en casi todos los capítulos del informe y ahora hicimos una mirada desde lo regional desde ese vínculo hidrológico entre lo global y lo local para referirnos a los eventos extremos, no sólo en relación con las temperaturas, sino también del agua. Tenemos eventos extremos como las sequías, las precipitaciones torrenciales, aumentos en el nivel del mar, las avalanchas, en la que el agua siempre aparece como elemento común y, por ende, como estructurante para la toma de decisiones.

¿Pero eso no es lo que sucede en Colombia, hablando a escala regional, porque son evidentes los estragos que hemos causado sobre los cuerpos de agua?

Una de las conclusiones implícitas del informe del IPCC en el ámbito regional es que nuestros territorios suramericanos están afrontando fenómenos climáticos y meteorológicos cada vez más frecuentes y extremos, pero lo mismo sucede en todo el planeta, así sean a distintas escalas. Eso es innegable.

Ahora, hay otras cosas que no sabemos todavía, no porque no estén sucediendo, sino por la falta de evidencia y de suficiente información. Nos hace falta mejorar el monitoreo y aunque en algunas regiones pareciera evidente que ahora está lloviendo más fuerte, no sabemos cuál es realmente el incremento en los niveles de precipitación en esas regiones donde no hay estaciones de monitoreo.

Sucede igual con los impactos sobre los usos del suelo y la pérdida de la biodiversidad, por ejemplo, en los que el factor social es fundamental para entender esas dinámicas de forma diferenciada, porque es justo reconocer que la ciencia no es la única forma de explicar los fenómenos que ocurren sobre la tierra, así como el ciclo hidrológico no es suficiente para saber qué ocurre en otros ecosistemas. De ahí la importancia de conectar la ciencia con lo humano, con lo ancestral, con lo cotidiano.

¿Cómo se conecta este informe del IPCC con el tema de la calidad del aire y, sobre todo, por qué se hace una advertencia tan fuerte sobre los daños que está provocando un contaminante hasta ahora muy oculto como el metano?

Este reporte no sólo tiene otros capítulos nuevos, sino que desarrolla uno, el seis, que habla sobre impactos climáticos de corta vida, en el que se explica el papel que juega el metano en contaminación por gases de efecto invernadero. Las emisiones de metano han aumentado gradualmente, debido al derretimiento de algunas capas de hielo en zonas boreales, en especial las conocidas como permafrost que, al calentarse, liberan el metano que contienen dentro. La emisión de dicho contaminante también está ligada a otras actividades productivas, entre otras las de la ganadería extensiva.

El informe hace énfasis en la emisión de otros contaminantes que se producen en las grandes ciudades, donde los cambios de temperatura son cada vez más drásticos y afectan la calidad del aire. No hablamos sólo de dióxido de carbono, sino de los aerosoles, pues inciden directamente sobre el clima, debido a que tienden a enfriar la atmósfera, enmascarando el efecto de los gases de efecto invernadero. 

Una de las recomendaciones del IPCC no sólo es seguir reduciendo las emisiones de dióxido de carbono provenientes del uso de combustibles fósiles, sino del metano, como factores generadores del calentamiento global, en especial en los centros urbanos.

Una de las novedades del estudio es la presentación de un atlas sobre el cambio climático. ¿Qué es y cómo funciona? ¿Es ciencia ciudadana?

Primero, el Atlas es una forma de ayudar a la toma de decisiones con una herramienta basada en información científica. De ahí también la necesidad de buscar formas de acercar estos conocimientos a las personas. Los hallazgos de la ciencia no son intuitivos, sino que es necesario tener una idea de muchas otras disciplinas y vertientes para ser más claros.

De hecho, con uno de nuestros compañeros de Brasil, pensamos en desarrollar una serie de talleres y tal vez pensar en estudiantes que quieran ayudarnos a desarrollar pedagogía de cómo usar este atlas. Es necesario aterrizarlo a las propias realidades y con un lenguaje más sencillo. Y, claro, esa es otra forma de hacer ciencia ciudadana, no es formar científicos, sino personas que apliquen en su cotidianidad pequeñas acciones de cambio transformativo por el planeta.

El atlas contiene una enorme cantidad de información sobre los cambios observados a nivel regional y sobre las proyecciones para las próximas décadas en función del nivel de calentamiento al que se llegue y de la zona en la que se viva.

inundaciones en la ciudad de Zhengzhou, China
Al otro lado del globo, en el continente asiático, cientos de miles de personas han sido evacuadas como consecuencia de las inundaciones en la ciudad de Zhengzhou, China. Foto: Reuters.

El atlas es otra herramienta fundamental para avanzar en la pedagogía, pero es necesario articularlo con otras, pues ya existen instrumentos muy novedosos y de fácil acceso en internet como los que tienen la NASA y el sistema Copérnicus, por ejemplo. ¿Cómo lograrlo?

En la medida en que hagamos posible que cada vez más personas tengan acceso a esa ciencia, podremos avanzar en la articulación de dichos instrumentos. La ciencia no puede seguir compartimentada y siendo un asunto de unos pocos. Y creo que debemos aprovechar este momento de mayor conciencia colectiva sobre los temas de la ciencia como parte de la vida cotidiana y actuar en masa. Desde los colegios hasta las comunidades y los líderes barriales, pero utilizando un lenguaje que sea entendible y aplicable a los territorios. Para eso necesitamos recursos y a veces es muy difícil conseguirlos, precisamente porque algunos siguen creyendo que esos temas son para unos pocos.

El atlas usa varios modelos para proyectar la posible evolución del cambio climático en este siglo y la multitud de variables (las temperaturas medias, los extremos de calor, las variaciones en las lluvias, el incremento del nivel del mar) y lo hace para escenarios de calentamiento de 1,5 grados, 2, 3 y 4ºC. 

Hagamos pedagogía, entonces. Este informe es una abordaje de la ciencia sobre el cambio climático, pero habrá dos entregas más en 2022, una sobre adaptación y otra sobre mitigación. ¿Qué es eso?

Adaptarse es de qué manera vamos a convivir con algo que ya está ocurriendo. Por ejemplo, si se da un aumento en el nivel del mar, qué debo saber y hacer a la hora de construir una casa, una carretera, un muro… Y la mitigación es adoptar las medidas necesarias para que los efectos de eso que ya existe no aumenten en el futuro.

En términos de cambio climático, reducir de forma inmediata y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero es un claro ejemplo de mitigación, mientras que la protección de los peces de agua dulce lo son de adaptación.

Si así es de claro, ¿es incoherente que Colombia se comprometa a reducir los gases de efecto invernadero en 51 por ciento a 2030, mientras sigue promoviendo el uso de combustibles fósiles y alentando el fracking para obtener petróleo, para hablar sólo de algunos temas?

Por supuesto que existe y ha existido mucha incoherencia. No sólo con lo que se promete, sino con lo que se hace. Seguimos atrapados en un modelo económico y en el paradigma de la explotación de los recursos naturales como fuente de ingresos fiscales sin tener en cuenta los impactos ambientales y sociales de ello. Nos hemos desconectado de la naturaleza.

Colombia viene hablando de una transición energética y es valioso que se haga, pero no sabemos aún cómo hacerlo y, en especial, con quiénes hacerlo. Esta transición no es solo un asunto de cambiar de fuentes de energía o transporte.

Esto es en realidad una transición humana que implica cambiar la manera en que vivimos, nos alimentamos, nos transportamos, nos sentimos naturaleza, nos vemos entre seres humanos. 

El valor del conocimiento local es fundamental para poder migrar a otros escenarios de conservación ambiental, pero creo que seguimos atrapados en un modelo excluyente y desigual.

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Luis Fernando Ospina.
Luis Fernando Ospina.

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