Buen clima por triunfo de Joe Biden

Estados Unidos votó por la protección del planeta, pues Joe Biden regresará al Acuerdo de París sobre cambio climático tan pronto asuma la Presidencia, el 20 de enero de 2021. Un respiro global, porque en la agenda del nuevo mandatario, el medio ambiente es un eje central en la visión de futuro de la dupla Biden-Harris. Qué podemos esperar del mandato demócrata. Acá están las apuestas.

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El presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden, en su primera aparición oficial en Delaware, después de derrotar a Trump. Foto: elperiodico.com

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Escondido y ahogado entre el agrio debate político electoral de los Estados Unidos, el cambio climático resulta el mejor termómetro para medir las profundas diferencias entre el Presidente Electo, Joe Biden, y quien ejerce hoy sus funciones, Donald Trump.

Mientras Trump lo elevó a la categoría de “mentira y fantasía” y, por el contrario, le acuña “dañino para la economía del país, pues destruye empleos en sectores del petróleo y del gas”, Biden le pone en lo más alto de su estrategia geopolítica, pues lo considera un tema de Seguridad Nacional, tan importante como combatir el COVID-19.

De hecho, ya comenzó la conformación de un grupo de expertos que realice una estimación de inteligencia nacional sobre los impactos a la seguridad económica y nacional derivados del cambio climático, incluida la escasez de agua, el aumento de los riesgos de conflicto, los impactos sobre la fragilidad del estado y las implicaciones de seguridad de las resultantes migraciones a gran escala.

El Secretario de Defensa y el presidente del Estado Mayor Conjunto deberán informarle anualmente sobre los impactos del cambio climático en la postura de la defensa, la preparación, la infraestructura y el panorama de amenazas, así como la estrategia del Departamento de Defensa para gestionar de forma integral y articulada esos impactos.

De ahí las decisiones tomadas por uno y otro: El Presidente en Ejercicio celebraba en la madrugada del martes pasado el retiro oficial de los Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático de 2015 y se aprestaba a jugar golf, mientras avanzaba el escrutinio de votos en estados clave para asegurar la continuidad de su mandato. Trump creía que su esfuerzo por hacer trizas el Acuerdo de París le retribuiría muchos votos dentro de sectores del “Establecimiento” que por décadas han convertido los recursos naturales no renovables en fuente inagotable de millonarios ingresos y grandes fortunas.

En la otra esquina, la de Biden, el equipo demócrata preparaba su discurso de victoria ante el inminente resultado favorable en Pensilvania, que no sólo aseguraba la Casa Blanca para Joe, sino que se convertía, de paso, en una histórica coincidencia: fue en ese estado donde se promulgó la Constitución de los Estados Unidos en 1787. Un discurso que partía de un compromiso trascendental: regresar de inmediato al Acuerdo de París y retomar la apuesta global contra el cambio climático, ese fantasma del que hablaba Trump, pero que para Biden es “la mejor oportunidad para los Estados Unidos”.

Tanto, que el propio presidente electo y su vicepresidenta, Kamala Harris, otra defensora natural del medio ambiente, aseguraron que en el primer día de gobierno expedirán una Orden Ejecutiva para reiniciar el trámite de reingreso a la COP 21, Cumbre de París, incluso con nuevos compromisos, más ambiciosos, sobre las metas de reducción de los gases de efecto invernadero (GEI) causantes del calentamiento global. Una noticia que le devolvió el optimismo al planeta y generó un nuevo clima de confianza en torno a la lucha climática.

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La fórmula Biden-Harris no sólo funcionó en lo político, sino que el mundo recibió una bocanada de aire fresco contra el cambio climático por el regreso de EE.UU. al Acuerdo de París. Foto: AFP

Qué podemos esperar de Biden

No cabe duda que el interés electoral en los Estados Unidos estuvo centrado en tres grandes temas: la economía, la pandemia y el tema migratorio, casualmente, todos ligados al cambio climático, así el énfasis estuviera centrado en la consecución de votos. Superado ese trámite, resulta importante ahora revisar las propuestas que el presidente electo, Joe Biden, tendrá que cumplir una vez asuma el Gobierno y consolide una visión global de su geopolítica, esta vez sustentada no sólo en la diplomacia y lo militar, sino en la acción y el ejemplo que Estados Unidos debe dar en términos de la protección ambiental del planeta.

De ahí parte una de las grandes diferencias de Biden, incluso con su gran amigo y ex jefe, Barack Obama, en el sentido de no actuar con arrogancia y supremacía como potencia, sino iniciando dentro de los propios Estados Unidos una gran transición energética que pasa por dos ejes: centrar el grueso de las inversiones en la generación de energías limpias, desmontar los subsidios a los combustibles fósiles y al carbón y reducir gradualmente la exploración con fracking.

Al mismo tiempo, creará un grupo interdisciplinario de expertos y científicos que acompañen un completo programa de modernización de las infraestructuras existentes y las que se construyan en adelante a partir de criterios de sostenibilidad, crecimiento verde, descarbonización de la economía, mitigación de los riesgos de desastres, seguridad alimentaria, economía del cuidado, reubicación de zonas afectadas por inundaciones y sequías y un programa de monitoreo de las variables climáticas desde el punto de vista de la seguridad nacional.

Dentro de la transición, sin duda, serán centrales las apuestas por la movilidad eléctrica (propone instalar 500.000 puntos de carga a 2030) y la recuperación y extensión de cientos de miles de kilómetros de la red ferroviaria para el transporte de personas y de mercancías en estados clave que no tienen sistemas de trenes.

La puesta por la transición energética

Luego, la apuesta de Biden por la lucha contra el cambio climático va más allá de honrar los compromisos adquiridos en la Cumbre de París y pone a los Estados Unidos en el primer lugar dentro de la carrera global por la transición energética, en la que el presidente electo pone parte del éxito de su plan de recuperación económica, la generación de empleos, la modernización de la infraestructura, el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología en la toma de decisiones y, por supuesto, su punta de lanza de la geopolítica, pues está claro que Biden retomará las presiones económicas contra China, Rusia, Irán y Corea del Norte, para que no sólo rindan cuentas de sus compromisos ambientales, sino de los nuevos que vendrán una vez Estados Unidos regrese al Acuerdo de París con renovados vientos.

Por ejemplo, en la plataforma de campaña de la dupla Biden-Harris, que ahora se vuelven temas de Gobierno, los demócratas creen firmemente en el Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal), del que fue artífice como senadora su fórmula Harris, como  marco crucial para atacar los desafíos climáticos globales. Por dos razones: Estados Unidos necesita con urgencia adoptar una mayor ambición a una escala épica para cumplir el alcance de la COP21 y el Gobierno reconoce que el medio ambiente y la economía tienen una completa y total conexión.

Luego, Biden no ve el cambio climático como un riesgo, que lo es, sino como una oportunidad única y punto de inflexión hacia una nueva era planetaria, con Estados Unidos como estandarte.

Algunos de esos compromisos y apuestas son:

Asegurar que Estados Unidos logre una economía de energía limpia al ciento por ciento y alcance emisiones netas cero a más tardar en 2050. Biden piensa exigirle al Congreso que promulgue una legislación en el primer año de su Presidencia, en la que se establezca un mecanismo de cumplimiento a los acuerdos globales, se realice una inversión histórica en energía limpia por más de 1.7 billones de dólares, se incentive el uso rápido de innovaciones de energía limpia en toda la economía, especialmente en las comunidades más afectadas por el cambio climático, “pues en allí donde surgen los problemas y deben salir las soluciones”, dice Biden.

Más de tres millones de personas en los Estados Unidos ya están empleadas en la economía de energía limpia. La respuesta al cambio climático puede crear más de 10 millones de empleos bien pagados en los Estados Unidos, según Biden, y eso ayudará a consolidar una clase media más fuerte e inclusiva.

No es una pintura. Es la realidad de los efectos del cambio climático en los Estados Unidos. Así fueron los incendios ocurridos en California, hace dos meses, y pintaron de rojo los cielos americanos. Foto: theclinic.cl

Para ese fin, el Comité que se creará definirá qué tipo de inversiones, dónde, en qué montos y cómo asegurar su sostenimiento en las infraestructura que se necesiten en edificios, agua, transporte, salud, educación, vivienda, zonas de reserva natural, ecosistemas, todas bajo criterios de acción climática y resiliencia.

Y, por otra parte, marcará de entrada grandes diferencias con su rival de ocasión, Trump, pues Biden exigirá límites agresivos a la contaminación por metano de las operaciones nuevas y existentes de petróleo y gas, dos sectores estratégicos que podrían haber cambiado el destino electoral del Presidente, pero terminaron votando por Biden.

Fortalecimiento de Ley de Aire Limpio

Los demócratas, de paso, piden usar el sistema de compras del gobierno federal, que gasta $500 mil millones de dólares cada año, para adquirir vehículos que funcionan con energía limpia, así como asegurar que todas las plantas, edificios e instalaciones del gobierno de los Estados Unidos sean más eficientes y estén preparadas para el clima, empleando el poder adquisitivo y las cadenas de suministro para impulsar la innovación.

Estados Unidos, en la era Biden, no sólo preservará la existente Ley de Aire Limpio, sino que buscará consensos para actualizar las medidas mínimas y aumentar los controles, desarrollando nuevos estándares rigurosos de ahorro de combustible destinados a garantizar que el total de las nuevas ventas de vehículos ligeros y medianos sean eléctricos, y mejoras anuales para los vehículos pesados.

El plan busca duplicar los combustibles líquidos que harán de la agricultura una parte clave de la solución al cambio climático. Los biocombustibles crearán cientos de miles de empleos en las zonas rurales y llegarán nuevas soluciones para reducir las emisiones en aviones, buques oceánicos y más.

Resulta novedoso, además, que en plan estén claramente definidos los estándares de eficiencia de electrodomésticos y de edificios, pues se compromete que cada inversión federal en infraestructura y apoyo a las comunidades conlleve una reducción medible de la contaminación climática y se requiera que cualquier decisión de permiso federal considere los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático. Se exigirá a las empresas públicas que revelen los riesgos climáticos y las emisiones de gases de efecto invernadero en sus operaciones y cadenas de suministro.

Respecto de los ecosistemas, la promesa del presidente electo fue proteger la biodiversidad, reducir las tasas de extinción de especies a mínimos históricos y ayudar a aprovechar las soluciones climáticas naturales conservando el 30% de las tierras y aguas de Estados Unidos antes de 2030. Los tesoros naturales de Estados Unidos estarán en la máxima categoría de protección y se salvaguarda de forma permanente el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico y otras áreas afectadas durante la administración Trump.

Un proceso de lucha contra el cambio climático y defensa del ambiente que ya pasó del discurso político y ahora entra al campo de las acciones, esas que como ahora podrán dictar sentencia dentro de cuatro años si Estados Unidos sigue el camino trazado por Biden-Harris o vuelve al de luces y sombras que dejó Donald Trump.

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