Adaptación climática: muchos planes, pero pocos recursos

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió en su más reciente informe que el mundo se enfrenta a graves daños humanos y económicos si no se acelera la adaptación climática y se destinan los recursos necesarios para enfrentar los daños que ya ha causado el cambio climático sobre el planeta. A 2030, los países en desarrollo necesitarán invertir entre 140 mil y 300 mil millones de dólares en temas de financiación e implementación de programas de adaptación climática. Esa cifra hoy asciende a 70 mil millones.

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La adaptación al cambio climático no es una opción, sino una de las mejores estrategias para evitar que el planeta siga hacia un punto de no retorno. Foto: Hernán Vanegas.

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La frase de la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC), Patricia Espinosa, lo resume todo: “En términos de la adaptación al calentamiento global, estamos como si fuéramos a una guerra con los ojos vendados y con una mano atada a la espalda”.

Esa desventaja no sólo sigue fortaleciendo al enemigo, sino condenando al fracaso cualquier esfuerzo para ganar esta guerra contra el cambio climático y, por ende, es urgente cambiar de estrategia y, en especial, dotar de recursos suficientes a quienes están en la primera línea de combate, casi siempre los más pobres y vulnerables a la variabilidad climática.

Por lo menos así se desprende del más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado este 14 de enero, en el que se ratifica la necesidad de alinear los programas y proyectos para la adaptación climática con los recursos disponibles.

El documento del PNUMA establece que casi tres cuartas partes de las países cuentan con al menos un plan de adaptación, pero la financiación y la implementación están muy por debajo de lo que se necesita. Los costos anuales de la adaptación en los países en desarrollo se estiman en 70.000 millones de dólares, pero se espera que esa cifra alcance entre los 140.000 y 300.000 millones de dólares en 2030; esto es, casi 4.5 veces lo que hoy se invierte.

El Informe sobre la Brecha de Adaptación 2020 del PNUMA encontró que, si bien las naciones han avanzado en la planificación, hacen falta mayores esfuerzos para aumentar el financiamiento en los países en desarrollo y acelerar la implementación de proyectos, con el fin de que realmente puedan brindar protección contra sequías, inundaciones, el aumento del nivel del mar u otros efectos del cambio climático.

Es evidente que a medida que aumentan las temperaturas y se intensifican los efectos del cambio climático, adaptarse a la nueva realidad climática es un imperativo global, pues de lo contrario, el planeta enfrentará los costos, los daños y las pérdidas cada vez más graves ante la inacción de los gobiernos y las comunidades.

Adaptación es la palabra clave

Así las cosas, la palabra clave es adaptación y el verbo rector es acción, pues según el informe, casi todos los países han diseñado planes de adaptación, pero pocos cuentan con dinero para realizarlos.

De acuerdo con el reporte, las soluciones basadas en la naturaleza deben convertirse en una prioridad. Hay que desarrollar acciones adecuadas a los contextos locales que tomen en consideración desafíos sociales como el cambio climático y brinden bienestar humano y beneficios para la biodiversidad al proteger, gestionar de manera sostenible y restaurar ecosistemas naturales o modificados.

Las soluciones basadas en la naturaleza se anticipan como opciones de bajo costo que reducen los riesgos climáticos, restauran y protegen la biodiversidad y aportan beneficios a las comunidades y las economías. Un análisis de cuatro importantes fondos para el clima y el desarrollo (Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Fondo Verde para el Clima, el Fondo de Adaptación y la Iniciativa Internacional sobre el Clima) concluyó que en las últimas dos décadas ha aumentado el apoyo a iniciativas con algún elemento de soluciones basadas en la naturaleza.

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La crisis climática seguirá golpeando con más fuerza a los pobres y vulnerables. La inversión en planes de adaptación harán la diferencia. Foto: Hernán Vanegas.

La inversión acumulada para proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático a través de los cuatro fondos ascendió a US$ 94.000 millones, pero solo fueron destinados a soluciones basadas en la naturaleza US$ 12.000 millones, una pequeña fracción del financiamiento total para la adaptación y la conservación.

La adaptación, es decir, reducir la vulnerabilidad de los países y comunidades al aumentar su capacidad para absorber los efectos del cambio climático, es un pilar clave del Acuerdo de París, aunque insuficientes si no se adoptan medidas y compromisos más ambiciosos, por ejemplo, en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Se entiende entonces el llamado de la doctora Espinosa, al advertir que “este informe debería iluminar el camino por seguir. Ayuda a destacar las áreas en las que se necesita trabajar más, y subraya el hecho de que el Acuerdo de París es nuestro plan para el éxito a largo plazo. Se necesita avanzar urgentemente. Quedan menos de 10 meses para la COP26. Nuestro trabajo hasta ese momento será fundamental para que todos los países aumenten su ambición de adaptación”.

Más aún, “la dura verdad es que el cambio climático ya está aquí. Sus efectos se intensificarán y afectarán con más fuerza a los países y comunidades vulnerables, incluso si alcanzamos el objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2°C este siglo e intentamos alcanzar la meta de 1,5°C”, tal como lo aseguró Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, quien estuvo en la presentación del informe.

Andersen recordó las palabras del secretario general de la ONU, António Guterres, quien pidió, en el mensaje de año nuevo a los países miembros, destinar la mitad de toda la financiación climática mundial a la adaptación en 2021. “Esto permitirá un gran impulso en favor de la adaptación, desde sistemas de alerta temprana y una mayor resiliencia de los recursos hídricos, hasta soluciones basadas en la naturaleza”.

 Hay esperanza, pero no mucho tiempo

 Según el PNUMA, el 72% de los países han adoptado al menos un instrumento de planificación para la adaptación a nivel nacional y la mayor parte de los países en desarrollo están preparando planes nacionales de adaptación, y eso constituye un motivo de esperanza. Sin embargo, la financiación necesaria para implementar estos planes no está creciendo lo suficientemente rápido. A las cifras ya señaladas, se calcula que a 2050 se necesitarán entre 280 mil y 500 mil millones de dólares.

El Fondo Verde para el Clima, por ejemplo, ha destinado 40% de su cartera total a la adaptación y está concentrando una creciente inversión del sector privado. Otro avance importante, según el PNUMA, es el creciente impulso para garantizar un sistema financiero sostenible. Nuevas herramientas, como los criterios de inversión en sostenibilidad, los principios de divulgación relacionados con el clima y la evaluación de riesgos relacionados con el clima en las decisiones de inversión pueden estimular las inversiones en resiliencia.

La implementación de acciones de adaptación también ha crecido. Desde 2006, cerca de 400 proyectos de adaptación financiados por fondos multilaterales al servicio del Acuerdo de París se han llevado a cabo en países en desarrollo.

Si bien los proyectos anteriores rara vez superaron los 10 millones de dólares, desde 2017 ha habido 21 nuevos proyectos que alcanzaron un valor de más de 25 millones de dólares. De las más de 1.700 iniciativas de adaptación analizadas, solo 3% ha informado de reducciones reales de los riesgos climáticos que afrontan las comunidades donde se están ejecutando los proyectos.

Así, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mitigará los efectos y costos asociados con el cambio climático. Alcanzar el objetivo de 2°C del Acuerdo de París podría limitar las pérdidas en el crecimiento global anual hasta 1,6%, en comparación con las pérdidas de 2,2% que se enfrentarían si se continúa con la trayectoria actual de 3°C.

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