Adaptación al cambio climático: una tarea urgente

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) es una instancia creada en 1988 desde la Organización de las Naciones Unidas con el objetivo de generar informes regulares que discutan la evidencia científica más reciente sobre el estado del cambio climático, así como sobre los avances en adaptación y mitigación a nivel global. Hasta el momento, el IPCC ha publicado cinco reportes y actualmente se encuentra cerrando su sexto ciclo, iniciado entre 2018 y 2019 con la publicación de tres reportes especiales [1]. De acuerdo con el segundo reporte no vamos por buen camino para alcanzar un mundo resiliente al cambio climático, pero aún existen posibilidades de lograrlo.

Adaptación al cambio climático
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En agosto de 2021 el IPCC publicó la contribución del Primer Grupo de Trabajo, enfocada en los aspectos físicos del cambio climático [2]. Esta contribución evidenció que es indiscutible que la actividad humana es la causante del cambio climático actual, el cual se manifiesta en cambios sin precedentes en miles o millones de años, como aumentos de temperatura (ver Figura 1), ascenso en el nivel del mar, derretimiento de glaciares, e incremento en frecuencia e intensidad de eventos climáticos y meteorológicos extremos. Además, la contribución evidencia que todas las regiones del planeta han experimentado cambios en su clima, de formas diversas, y que dichos cambios se incrementarán a lo largo del siglo XXI si no hay reducciones inmediatas, rápidas, sostenidas y de gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, metano, y otros [3].

Adaptación al cambio climático
Figura 1. a) Cambio en la temperatura superficial global durante el periodo 1-2020. b) Cambios en la temperatura superficial global según observaciones (línea negra), simulaciones considerando la combinación de aspectos naturales y antrópicos (línea marrón) y simulaciones considerando únicamente aspectos naturales (línea verde), para el periodo 1850-2020. Los cambios se expresan con respecto a la temperatura media relativa al periodo 1850-1900. Tomado de la Contribución del Primer Grupo de Trabajo al Sexto Reporte de Evaluación del IPCC [3].

 

Impactos y vulnerabilidad por el cambio climático

Continuando con este sexto ciclo, el pasado 28 de febrero se publicó la contribución del Segundo Grupo de Trabajo [4], centrada en el análisis de los impactos, la vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático, con un enfoque desde lo global hasta lo regional. Este documento presenta evidencia científica inequívoca que demuestra que el cambio climático es una amenaza para el bienestar de la humanidad y la salud planetaria, y que cualquier retraso en acciones globales concertadas cerrará la estrecha ventana de acción que todavía existe para asegurar un planeta habitable en el futuro.

De acuerdo con este reporte, el cambio climático generado por la actividad humana ha causado una diversidad de impactos adversos a nivel global, incluyendo pérdidas y daños en la naturaleza y la población humana que están por fuera de la variabilidad natural del clima terrestre, es decir, que no hubieran ocurrido sin las actividades humanas que están causando el cambio climático. Por ejemplo, el calentamiento global actual de 1.1°C con respecto a las temperaturas pre-industriales (temperaturas observadas durante el periodo 1850-1900) ha conllevado una disrupción de gran escala en la naturaleza, afectando la vida de miles de millones de personas en el planeta, a pesar de los esfuerzos de adaptación.

El incremento en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos y meteorológicos extremos ha generado impactos irreversibles, pues diferentes sistemas naturales y humanos han experimentado cambios que superan su capacidad de adaptación. Por ejemplo, dichos eventos extremos han generado una mortalidad masiva de árboles y corales, y la extinción de cientos de especies a nivel local. Asimismo, la intensificación de ciclones tropicales (por ejemplo, los huracanes [5]), el ascenso del nivel del mar y la mayor ocurrencia de lluvias torrenciales han causado daños y pérdidas en ecosistemas y seres humanos. Algunos de estos impactos son irreversibles, como es el caso de la primera extinción de especies debida al cambio climático. Otros impactos se acercan a la irreversibilidad, como por ejemplo las reducciones en la disponibilidad de agua debido al retroceso de los glaciares, de la cual dependen muchas personas en el mundo. Además, el IPCC identifica que cerca de la mitad de plantas, animales y especies marinas analizadas se están desplazando hacia regiones más cercanas a los polos, donde encuentran condiciones más favorables para su supervivencia. La Figura 2a muestra algunos impactos del cambio climático antrópico en ecosistemas de diferentes regiones del mundo.

Este sexto ciclo del IPCC nos muestra el alcance de los impactos del cambio climático en la población humana. Por ejemplo, cerca de la mitad de la población mundial experimenta actualmente escasez severa de agua en algún momento del año, en parte debido al cambio climático. La intensificación de eventos extremos ha generado la exposición de millones de personas a una escasez aguda de comida y agua, particularmente en África, Asia, Centro y Suramérica, Pequeñas Naciones Insulares y el Ártico. Asimismo, la salud humana está siendo afectada por el cambio climático en cada región del planeta, con la ocurrencia de muertes durante periodos de calor extremo debido a una mayor intensidad de las olas de calor inducidas por la actividad humana. Además, el cambio climático ha generado un aumento del trauma asociado a eventos extremos como olas de calor, sequías, tormentas e inundaciones, afectando negativamente la salud mental de las personas.

Los impactos del cambio climático se identifican claramente a nivel urbano: la salud, la vida y los bienes de más de la mitad de la población humana que vive en ciudades y áreas urbanas, así como los sistemas de transporte y sistemas esenciales como el abastecimiento de agua y energía, se han visto comprometidos por el cambio climático. Estos impactos se ven magnificados en las ciudades, por ejemplo con la concurrencia de olas de calor y episodios de mala calidad del aire [6]. Dentro de la población urbana, aquellas personas que viven en asentamientos informales son las más afectadas. La agricultura, el sector forestal, la pesca, la energía y el turismo están dentro de los sectores expuestos al clima que han experimentado pérdidas económicas. La Figura 2b muestra los impactos observados en diversos sistemas humanos debido al cambio climático para diferentes regiones del planeta.

Adaptación al cambio climático
Figura 2. Efectos del cambio climático en a) ecosistemas y b) sistemas humanos. Tomado de la Contribución del Segundo Grupo de Trabajo al Sexto Reporte de Evaluación del IPCC [4,7].

Este reporte presenta un avance fundamental en la conexión de diferentes factores interrelacionados con el cambio climático. En particular, la destrucción de hábitat debido a la actividad humana, la pérdida de biodiversidad, la creciente urbanización, la inequidad y la marginalización se combinan con el cambio climático inducido por la actividad humana para incrementar las amenazas a ecosistemas y poblaciones humanas, tanto en el presente como en el futuro. Entre 3.300 y 3.600 millones de personas asentadas en África, el sur de Asia, Centro y Suramérica, Pequeñas Naciones Insulares y el Ártico se encuentran dentro de las más vulnerables ante el cambio climático. En estas zonas críticas, aspectos como los altos niveles de pobreza, el débil liderazgo institucional, la escasez de financiación, la poca credibilidad de los gobiernos, y el acceso limitado a servicios sanitarios, de agua y de salud, entre otros, generan una alta vulnerabilidad de las poblaciones humanas. En los países donde esto ocurre, se ha evidenciado que las muertes por inundaciones, sequías y tormentas durante la última década han sido 15 veces más altas que en regiones y países más resilientes.

Si bien este nuevo informe muestra que nos enfrentaremos a múltiples amenazas climáticas inevitables durante las próximas dos décadas, los impactos de dichas amenazas en la naturaleza y la población humana dependerán de la manera como las plantas, los animales y las personas nos adaptemos. Desde este punto de vista, es fundamental resaltar que los riesgos asociados al cambio climático se incrementarán y harán más complejos de gestionar en la medida en que superemos el umbral de calentamiento de 1.5°C planteado por el Acuerdo de París. Sin embargo, dichos impactos no podrán eliminarse completamente aunque no sobrepasemos dicho umbral. Por ejemplo, el balance de la evidencia científica muestra que aún para un nivel de calentamiento global de 1.5°, se esperan incrementos en los riesgos de pérdida de biodiversidad en ecosistemas terrestres y marinos, aumentando la cantidad de personas afectadas. Estos riesgos son mayores en regiones que experimentan las mayores temperaturas, y en las poblaciones humanas asentadas en zonas costeras, en regiones de alta montaña y de glaciares, y en zonas ribereñas. El ascenso en el nivel del mar incrementa tanto el riesgo de inundaciones que afectan poblaciones humanas asentadas en ciudades costeras, como el riesgo de que ecosistemas costeros y de zonas bajas como los manglares, ecosistemas estratégicos para Colombia, sean inundados y sumergidos por el mar.

Si superamos el umbral de calentamiento global de 1.5°C, se esperan impactos irreversibles en ecosistemas vulnerables como los ecosistemas polares, de montaña y costeros que son afectados por el derretimiento de zonas de hielo o el ascenso en el nivel del mar. Además, los riesgos sociales también se incrementan, incluyendo afectaciones a infraestructura, asentamientos en regiones bajas cercanas a la costa, medidas de adaptación basadas en ecosistemas, y valores culturales y espirituales.

A partir de 2040, las amenazas debidas al cambio climático pueden ser mucho mayores a las experimentadas actualmente. En particular, la seguridad alimentaria experimentará riesgos muchísimo mayores si alcanzamos un calentamiento global de 2°C, y en consecuencia, personas en África sub-sahariana, el sur de Asia, Centro y Suramérica y pequeñas islas experimentarán escasez de alimentos para el año 2050, conllevando problemas de salud por malnutrición. Además, para el año 2050, aproximadamente mil millones de personas que habitan ciudades y otros asentamientos costeros en todo el planeta estarán expuestas a riesgos asociados al aumento en el nivel del mar y otras amenazas climáticas.

A nivel Latinoamérica, la evidencia científica muestra que Centro y Suramérica son regiones altamente expuestas, vulnerables e impactadas por el cambio climático. Esto es amplificado por aspectos estructurales de inequidad, pobreza, crecimiento poblacional, alta densidad poblacional, cambios de uso del suelo (particularmente deforestación que ha conllevado a pérdida de biodiversidad), degradación de suelos y alta dependencia de las economías locales y nacionales de los recursos naturales para la producción de servicios. En particular, la región exhibe impactos en producción agrícola, pesca tradicional, seguridad alimentaria y salud humana, debido a la mayor frecuencia y severidad de sequías y la consecuente disminución de disponibilidad de agua en algunas regiones (ver Figura 3). Por ejemplo, la reducción de precipitación ha afectado la producción agrícola en regiones como los Andes tropicales y el Corredor Seco Centroamericano. Asimismo, la migración humana emerge como una problemática en los Andes incluyendo a Colombia, el nordeste de Brasil y los países del norte de Centroamérica debido a que diversos aspectos del clima interactúan con elementos sociales, geopolíticos y económicos. En conjunto, las sequías, las tormentas tropicales y huracanes, las lluvias torrenciales y las inundaciones son la principal causa de migración por cambio climático en la región.

¡Todo lo anterior significa que la adaptación en regiones de alta vulnerabilidad, como es el caso de Colombia, es una tarea urgente!

Retos y oportunidades de adaptación al cambio climático

Si bien las acciones de adaptación han aumentado a lo largo de los últimos años, el progreso es inequitativo y la adaptación no se está dando a la velocidad necesaria. Al menos 170 países y ciudades han incluido acciones en sus políticas climáticas y de adaptación como resultado de la mayor sensibilización con respecto a la urgencia de enfrentar el cambio climático. Se han implementado proyectos piloto y experimentos locales en diferentes sectores. Sin embargo, hay brechas existentes y en crecimiento entre las acciones de adaptación implementadas y las acciones que realmente se requieren, particularmente en poblaciones con bajos recursos económicos. Si continuamos con el ritmo actual de planeación e implementación de estrategias, la brecha de adaptación seguirá creciendo, lo que generará una vulnerabilidad aún mayor de las poblaciones humanas y de los ecosistemas más vulnerables. En este sentido, un punto fundamental presentado por primera vez en este reporte es que la energía intensiva, la urbanización con poca planeación, la escasez de financiación y la implementación de estrategias con un enfoque centrado únicamente en soluciones de “ingeniería dura” exacerban la vulnerabilidad en comunidades ya marginalizadas.

Aunque este reporte presenta una radiografía clara y contundente de los impactos del cambio climático y las brechas de adaptación existentes, también plantea posibilidades de reducir estas brechas y transitar hacia una adaptación justa. Por ejemplo, el informe analiza detalladamente los beneficios de la implementación de sistemas de alertas tempranas para amenazas asociadas al agua, como las inundaciones. Además, la conservación de ecosistemas, la restauración de humedales y ríos, y la planeación territorial con gestión de cambio climático pueden reducir los riesgos de inundaciones. En cuanto a la agricultura, aunque la irrigación puede ser efectiva, conlleva efectos adversos como el agotamiento acelerado de las aguas subterráneas. Asimismo, la seguridad alimentaria, la nutrición, la salud y el bienestar público, así como la biodiversidad pueden verse fortalecidos mediante la configuración de sistemas alimentarios que adopten prácticas como cultivos tolerantes al estrés hídrico, la diversificación de fincas y haciendas de producción de alimentos mediante el uso de métodos naturales para el control de plagas, la polinización, y la captura de carbono. Además, la implementación de dietas balanceadas por parte de los seres humanos puede mejorar la nutrición, la salud y la biodiversidad. En particular, la expansión agrícola impulsada por dietas no balanceadas basadas en altos consumos de carne y lácteos ha generado una presión creciente en la naturaleza y los sistemas humanos, aumentando la competencia por el agua y el suelo. De ahí la importancia de adoptar políticas públicas diferentes con respecto a la alimentación.

Con respecto a la adaptación en regiones urbanas, donde se asienta la mayor parte de la población mundial, la capacidad de adaptación dependerá de la resiliencia de los sistemas naturales, sociales y físicos. En la actualidad, la mayor parte de la financiación para adaptación en zonas urbanas se dirige a la implementación de proyectos basados en “ingeniería dura”, como por ejemplo la construcción de muros de contención para el aumento del nivel del mar, mientras que la inversión es mucho menor para la adaptación de asentamientos informales que albergan la población urbana más vulnerable. También se reporta un aumento en la implementación de medidas basadas en agricultura urbana, restauración de ríos y otras estrategias basadas en ecosistemas.

La resiliencia de poblaciones humanas asentadas en regiones rurales (alrededor de 3.400 millones de personas, de las cuales una cantidad importante son altamente vulnerables) puede fortalecerse mediante la generación de lazos sociales, el acceso a servicios básicos críticos (agua, saneamiento, salud) y el mejoramiento de infraestructura (vías, energía confiable, alimentación, salud). Estos beneficios serán aún mayores si se promueve un fortalecimiento del acceso a la educación y la reducción de la pobreza. Más aún, la adaptación será más justa si los gobiernos, la sociedad civil (¡todas y todos hacemos parte de esto!) y el sector privado avanzamos en conjunto para priorizar la inclusión de reducción de inequidades y justicia en la toma de decisiones.

En general, esta contribución resalta la importancia de la adaptación basada en la naturaleza, no sólo para reducir los impactos del cambio climático sino también para mejorar la calidad de vida de millones de personas vulnerables y reducir brechas de inequidad. En este sentido, se resalta la urgencia de fortalecer la cooperación y construcción con comunidades indígenas y locales. Particularmente, el reporte expone la existencia de comunidades humanas en Australia y algunos países insulares que ya no pueden adaptarse al cambio climático actual. Asimismo, pequeños asentamientos campesinos en Centro y Suramérica, África, Europa y Asia, cuyo sustento se basa en agricultura que depende de la lluvia, no serán capaces de beneficiarse de tecnologías de adaptación debido a restricciones políticas. Desde este punto de vista, la inequidad y la pobreza son limitaciones que conducen a una exposición y unos impactos desproporcionados para aquellos que tienen menores posibilidades de adaptación. Más aún, pueblos indígenas, minorías étnicas y personas en desventaja, por ejemplo personas de bajos recursos o que viven en asentamientos informales, se encuentran dentro de las más afectadas por la implementación de malas estrategias de adaptación, reforzando y exacerbando las inequidades ya existentes.

La evidencia científica muestra la existencia de limitaciones financieras para la adaptación adecuada al cambio climático. En particular, los actuales flujos de caja para adaptación son insuficientes, particularmente en los países más vulnerables y de menores recursos. La mayor parte de la financiación orientada al cambio climático se concentra en estrategias de mitigación y no de adaptación.

Finalmente, el llamado fundamental de esta segunda contribución al sexto ciclo del IPCC muestra que no vamos por buen camino para alcanzar un mundo resiliente al cambio climático. Las decisiones y acciones que se implementen durante la próxima década serán fundamentales. Si excedemos 2°C de calentamiento global, no será posible tener condiciones resilientes en muchas regiones del mundo, por tanto, requerimos acciones urgentes de cooperación internacional y de asistencia para la movilización financiera.

Adaptación al cambio climático
Figura 3. Síntesis de los impactos observados y proyectados en los principales sectores para Centro y Suramérica. Tomado de la Contribución del Segundo Grupo de Trabajo al Sexto Reporte de Evaluación del IPCC [4,8].

 

La adaptación es urgente

En síntesis, el sexto reporte del IPCC muestra que existen opciones efectivas y factibles de adaptación que pueden reducir los riesgos de las personas y la naturaleza, pero la efectividad de dichas estrategias disminuye en la medida en que las temperaturas globales continúen aumentando. Así como la contribución presentada en agosto de 2021 por el Primer Grupo de Trabajo del IPCC, la contribución del Segundo Grupo hace un llamado a la urgencia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la explotación de combustibles fósiles y a cambios de usos del suelo, como la deforestación. De ahí la importancia de establecer, también, medidas de mitigación. El sexto reporte del IPCC continuará con la contribución del Tercer Grupo de Trabajo [9], enfocado en la mitigación del cambio climático, que estará disponible el próximo 4 de abril. Este sexto ciclo finalizará con la publicación del Reporte Síntesis [10] en septiembre de este año, justo antes de la Conferencia de Cambio Climático -COP27-, a desarrollarse en Egipto en noviembre próximo.

Referencias

[1] https://www.ipcc.ch/reports/

[2] https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg1/

[3] IPCC, 2021: Summary for Policymakers. In: Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [MassonDelmotte, V., P. Zhai, A. Pirani, S.L. Connors, C. Péan, S. Berger, N. Caud, Y. Chen, L. Goldfarb, M.I. Gomis, M. Huang, K. Leitzell, E. Lonnoy, J.B.R. Matthews, T.K. Maycock, T. Waterfield, O. Yelekçi, R. Yu, and B. Zhou (eds.)]. Cambridge University Press. In Press.

[4] https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/

[5]https://territoriossostenibles.com/cambio-climatico/huracanes-mas-severos-como-consecuencia-del-cambio-climatico

[6]https://territoriossostenibles.com/calidad-del-aire/que-dicen-el-ipcc-y-la-omm-sobre-la-relacion-entre-cambio-climatico-y-contaminacion-del-aire

[7] IPCC, 2022: Summary for Policymakers [H.-O. Pörtner, D.C. Roberts, E.S. Poloczanska, K. Mintenbeck, M. Tignor, A. Alegría, M. Craig, S. Langsdorf, S. Löschke, V. Möller, A. Okem (eds.)]. In: Climate Change 2022: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Contribution of Working Group II to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [H.-O. Pörtner, D.C. Roberts, M. Tignor, E.S. Poloczanska, K. Mintenbeck, A. Alegría, M. Craig, S. Langsdorf, S. Löschke, V. Möller, A. Okem, B. Rama (eds.)]. Cambridge University Press. In Press

[8] Castellanos, E., M.F. Lemos, L. Astigarraga, N. Chacón, N. Cuvi, C. Huggel, L. Miranda, M. Moncassim Vale, J.P. Ometto, P.L. Peri, J.C. Postigo, L. Ramajo, L. Roco, and M. Rusticucci, 2022: Central and South America. In: Climate Change 2022: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Contribution of Working Group II to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [H.-O. Pörtner, D.C. Roberts, M. Tignor, E.S. Poloczanska, K. Mintenbeck, A. Alegría, M. Craig, S. Langsdorf, S. Löschke, V. Möller, A. Okem, B. Rama (eds.)]. Cambridge University Press. In Press.

[9] https://www.ipcc.ch/report/sixth-assessment-report-working-group-3/

[10] https://www.ipcc.ch/ar6-syr/

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Paola Andrea Arias Gómez.
Paola Andrea Arias Gómez.

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