Aire limpio, un derecho contaminado

El 7 de septiembre fue establecido por Naciones Unidas en 2019 como el Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, y la celebración coge al mundo en medio de una pandemia que ya ha provocado la muerte de cerca de 900 mil personas, una cifra menor comparada con los fallecimientos asociados a la contaminación atmosférica, que cada año cobra la vida de 7 millones de habitantes en todo el planeta, según la OMS. El derecho al aire limpio, tan volátil y gaseoso.

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La contaminación atmosférica, con la industria al frente, es una de las causas de muertes prematuras más alta en todo el mundo. Foto: Hernán Vanegas.

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Respire profundo, contenga un poco, exhale suavemente. Este ejercicio cotidiano, que debería ser un acto de vida, para millones de personas en todo el mundo se convierte en un paso más hacia una especie de muerta lenta como consecuencia, entre otras, de la contaminación atmosférica.

 

La contaminación del aire, entonces, se convierte en una seria amenaza para la salud humana y una de las principales causas asociadas a la muerte prematura de no menos de 7 millones de personas cada año alrededor del mundo, según las cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

 

Las cifras sobre contaminación atmosférica echan humo: el 92 por ciento de la población mundial, estimada en 7.500 millones de personas, está expuesta a un aire con altos niveles de material particulado PM 2.5 y PM 10, altamente dañinos no sólo para la salud humana, sino para los ecosistemas, la biodiversidad y la capa de ozono, teniendo en cuenta que la mayor proporción de esa contaminación es producida por el uso de combustibles fósiles para la movilidad, la industria y la agricultura, fenómenos ligados todos a la enorme expansión urbana global.

 

Sólo el 12 por ciento de los países del mundo presentan niveles adecuados de su calidad del aire, por lo que el llamado de la comunidad internacional es emprender, sin tiempo de espera, una ambiciosa meta de reducir en 20 por ciento los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de acá a 2030 y llegar a carbono neutro, esto es, cero emisiones, en 2050, con el fin de enviar el calentamiento global por encima de 2 grados.

 

Tal como lo publicamos el pasado 14 de agosto en este mismo portal (El derecho al aire limpio), muchos estudios científicos han relacionado la contaminación del aire con mayor incidencia y severidad de diversas enfermedades, incluyendo el cáncer de pulmón, daños cerebrovasculares y el COVID-19.

 

Incluso hay estudios recientes que advierten sobre los efectos negativos de la contaminación atmosférica, específicamente del material particulado de tamaño de 2.5 micrómetros o PM2.5 y menores, en el desarrollo del cerebro en niños, lo que en última instancia puede aumentar el riesgo de problemas cognitivos y emocionales más adelante en la adolescencia.

 

Un día por el aire y por la vida

 

En este contexto y con la amenaza del cambio climático sobrevolando el planeta, la Asamblea General de las Naciones Unidas expidió en diciembre de 2019 una Resolución que establece el 7 de septiembre como el Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, que busca articular los esfuerzos y las políticas globales en torno a la defensa del derecho a la salud y a la vida, siendo el aire un elemento fundamental para lograrlo.

 

Hoy 7 de septiembre, entonces, se celebra por primera vez este acontecimiento global y Naciones Unidas ratificó su llamado a la acción climática de los países miembros y como compromiso a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los protocolos de la Cumbre de París sobre Cambio Climático (COP21, 2015).

 

En la Resolución 74/212, la Asamblea de la ONU dice textualmente: “Reconociendo que el aire limpio es importante para la salud y la vida cotidiana de las personas, consciente de que la contaminación atmosférica es el mayor riesgo ambiental para la salud humana y una de las principales causas evitables de muerte y enfermedad en todo el mundo, que afecta de manera desproporcionada a las mujeres, los niños y a las personas de edad avanzada, y preocupada también por los efectos negativos de la contaminación atmosférica en los ecosistemas…”, destaca que “la mejora de la calidad del aire puede fortalecer la mitigación del cambio climático y que las medidas de mitigación del cambio climático pueden mejorar la calidad del aire”.

 

Así las cosas, frente a la crisis de calidad del aire y los ampliamente demostrados efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud y la vida, es crucial alinear esfuerzos desde los distintos sectores de la sociedad para la construcción de acuerdos y el diseño de estrategias y metas específicas que nos lleven a promover el derecho al aire limpio como factor esencial de la sostenibilidad de los territorios.

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El derecho al aire limpio por un cielo azul no siempre se garantiza, pero debemos tender puentes que nos permitan llegar a un puerto seguro contra el cambio climático. Obra sobre el río Magdalena, en Yondó (Antioquia). Foto Hernán Vanegas.

En los límites

 

Del mismo modo, una de las medidas que se ha implementado en diversos países del mundo para la gestión de la calidad del aire consiste en establecer los niveles máximos de contaminación atmosférica que se consideran permisibles. Estos niveles máximos de contaminación atmosférica o estándares de calidad del aire se deben determinar con base en la mejor evidencia científica disponible para minimizar sus efectos adversos sobre la vida y la salud humana y de los ecosistemas.

 

Dicha evidencia científica muestra que niveles no adecuados de contaminación atmosférica se relacionan con la ocurrencia de muertes prematuras, cardiopatías isquémicas, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, y con múltiples afectaciones respiratorias. Se supone que por encima de los niveles máximos, los impactos sobre la salud son tan severos que deberían considerarse inadmisibles en cualquier ciudad o región del mundo (Artículo: El derecho al aire limpio, agosto 14 de 2020).

 

La OMS, en diversos informes, ha reportado que sólo en la Unión Europea la exposición a material particulado disminuye la esperanza de vida de cada persona en casi 1 año en promedio. En América Latina, esa contaminación se ha relacionado con alrededor de 50.000 muertes prematuras al año (cifras de 2013), y en Colombia se estima que aproximadamente 15.681 muertes anuales son atribuibles al riesgo por contaminación del aire (2016).

 

Los propios reportes de la ONU aseguran que la contaminación atmosférica tiene repercusiones de largo alcance, debido a su vasta propagación, y porque, si no se produce una intervención agresiva, el número de muertes causadas por la contaminación del aire en espacios abiertos va camino de aumentar en más de un 50 por ciento antes de 2050.

 

La situación es dramática, pero no hay tiempo para la inacción.

 

En el documento final de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, titulado “El futuro que queremos”, los países se comprometieron a promover políticas de desarrollo sostenible que contribuyeran a la buena calidad del aire en el contexto de las ciudades y los asentamientos humanos sostenibles.

 

Asimismo, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible reconoce, en su hoja de ruta para lograr el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente y la prosperidad para todos, que reducir la contaminación atmosférica es importante para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, por lo tanto, este 7 de septiembre será un día para demostrar si la acción climática global tiene futuro o no.

 

Cuál es la apuesta de Colombia

 

El Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por Colombia, pacto por la equidad” definió una meta enfocada en la reducción de los niveles de material particulado en las ciudades, de un 22% a un 35% el número de estaciones de monitoreo, con el fin de dar cumplimiento al objetivo intermedio de la OMS para PM10: 30 μg/m3.

 

La meta del PND es que el porcentaje de estaciones de calidad del aire que registran concentraciones anuales por debajo de 30 μg/m3 de partículas inferiores a 10 micras mejore en 13 puntos durante el cuatrienio.

 

En 2018, se incrementó en 8 puntos porcentuales el porcentaje de estaciones de calidad del aire que registraron concentraciones anuales de partículas inferiores a 10 micras (PM10) por debajo de 30 μg/m3,, pasando del 22% (línea base 2017) al 30%. Operaron 27 Sistemas de Vigilancia de Calidad del Aire, los cuales contaron con 203 estaciones de monitoreo, siendo 169 fijas y 34 indicativas.

 

La cobertura espacial de las estaciones de monitoreo abarcó 83 municipios y 22 departamentos. Sin embargo, existen 51 áreas a nivel nacional, que cumplen con los criterios establecidos por el Protocolo para el Monitoreo y Seguimiento de Calidad del Aire. El PM10 continúa siendo el contaminante más monitoreado en el país, presentando
excedencias al nivel máximo permisible anual en 6 estaciones de monitoreo.

 

Entre 2019 y lo que va de 2020, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ejecutó cinco (5) planes estratégicos regionales de prevención, reducción y control de la contaminación del aire (Cali, Bogotá, Área Metropolitana dela Valle de Aburrá y Barranquilla) con el objetivo de reducir la presencia de material particulado en áreas urbanas, obteniéndose una mejora del 7,3% en promedio.

 

Entre julio de 2019 y junio de 2020, Minambiente adelantó diferentes acciones con el objetivo de incluir la contaminación atmosférica en los procesos de la gestión del riesgo de desastres.

 

En contexto, hay que respirar profundo, aguantar un poco, y exhalar. Estamos ante un momento definitivo para nuestra supervivencia.

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