Un planeta que respira plástico

En las profundidades de los océanos y en el aire que respiramos, los microplásticos lo están contaminando todo. “No hay un recoveco en la tierra sin su presencia”, dice estudio. ¿Cómo y por qué sucede esto? Acá, algunas pistas.

plásticos, micro partículas contaminantes
El planeta produce no menos de 12 millones de toneladas de plásticos por año y muchas de ellas se descomponen en micro partículas contaminantes. Foto: Getty Images.
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Nadie ni nada está a salvo. Deambula por todas partes. Habita en las aguas profundas de los océanos, entre los caudales briosos de los ríos, en el bosque y, por supuesto, dentro de usted mismo, porque cada vez que respira, ese aire tiene microplásticos, además de los otros contaminantes ya conocidos. El planeta está atrapado en plástico.

De las aproximadas 12 millones de toneladas de plásticos que van a los vertederos cada año, especialmente a los mares y ríos, no sabemos aún qué cantidad de ellas se transforman en pequeñas partículas de apenas 5 milímetros que viajan por aire, mar y tierra y se acumulan en los lugares menos esperados y sin posibilidades de evitarlo.

“No hay rincón ni grieta en el planeta donde no se encuentren”, sentenció Janice Brahney, científica de la Universidad Estatal de Utah, quien acaba de publicar un estudio sobre la presencia y los impactos ambientales de los microplásticos en los ecosistemas. Los científicos se sorprendieron al encontrar pequeños trozos de plástico en áreas remotas e inexploradas.

En lugares tan extremos y distantes como el Ártico y la Antártida se han encontrado grandes cantidades de plásticos en sus casquetes polares.

Es sabido, pero no cuantificados aún sus impactos reales, que la contaminación por plásticos no solo afecta los océanos, sino que también está en el aire que respiramos, viajando con el viento y descendiendo de la atmósfera.

Según datos del estudio realizado por la doctora Brahney, más de 1.000 toneladas de diminutos fragmentos caen cada año sobre los parques nacionales y áreas silvestres tan solo en el oeste de Estados Unidos, esto es, el equivalente a entre 123 y 300 millones de botellas de plástico. “Es inquietante pensar en ello”, asegura.

A la presencia problemática de plásticos en los vertederos, los océanos y los cuerpos de agua dulce, ahora se suman investigaciones sobre las partículas en el aire. Son conocidos los hallazgos de microplásticos transportados por el aire y encontrados en Europa, China y el Ártico, pero la investigación publicada en la revista Science generó más preocupaciones para los científicos, pues se halló plástico en zonas remotas de 11 parques nacionales y áreas silvestres de los Estados Unidos.

Un dato es contundente: se encontraron diminutos trozos de plástico en el 98 por ciento de las 339 muestras que reunieron los investigadores y los plásticos constituyeron el 4 por ciento de las partículas de polvo que se analizaron.

¿Por qué y cómo está sucediendo esto?

Los millones de toneladas de basura que llegan cada año a los océanos, entre otras ocho millones de toneladas estimadas de plástico, afectan a los animales marinos, pues muchos de ellos quedan atrapados, y otros los ingieren en forma de microplásticos.

También se han detectado componentes químicos de los plásticos en ballenas de aleta del Atlántico, donde estudios han encontrado una importante cantidad de sustancias que se usan para dar suavidad al plástico o como retardantes de llama, altamente contaminantes.

presencia de los microplásticos en los océanos
La presencia de los microplásticos que se ha detectado en los océanos sigue causando graves daños en la biodiversidad marina. Foto: Getty Images.

En el sur de África, donde la pesca y las actividades marinas son parte del sustento diarios para cientos de miles de personas, se siguen presenciando imágenes dramáticas sobre la muerte de lobos marinos que terminan atrapados en redes y heridos por cuerdas de nylon depositadas en las aguas.

Y no sólo pasa en las aguas profundas. Los polinizadores, en especial las abejas, están siendo utilizadas en novedosas investigaciones sobre la presencia de microplásticos en el aire y cómo se da el movimiento de éstos en la atmósfera.

Los polinizadores son magníficos biomonitores que indican hasta dónde llega el impacto de los microplásticos y, por tanto, de la actividad humana. Un nuevo método de rastreo permite estudiar esas cantidades de manera barata y efectiva. Recientes investigaciones muestran la alta capacidad de estos fragmentos para alcanzar los diferentes compartimentos ambientales: los océanos, los ríos, los suelos y el aire.

La capacidad de las abejas para recoger, por adherencia, microplásticos en sus viajes diarios es sorprendente. Cuando entran en contacto con estos materiales, los atrapan y los llevan al interior de las colmenas. Se ha encontrado plástico en la miel y se está analizando qué pasa con los polinizadores que están expuestos a alguno de estos polímeros.

La ubicuidad y persistencia de este tipo de residuos los convierten en un problema global sin que existiera una idea clara de cómo se transfieren de un medio a otro.


El aire como motor de propagación de microplásticos

De todos los medios explorados, el aire sigue siendo el más desconocido en torno a la presencia de microplásticos.

Lo que se sabe hasta ahora es que una vez han ascendido lo suficiente, el movimiento de las masas de aire mueve los microplásticos de una zona a otra. La movilidad es mayor cuanto menor sea el tamaño de las partículas.

Si bien parece que el aire es una pieza clave en la distribución de los microplásticos, todavía no está claro cómo se producen los desplazamientos, el origen de estos plásticos ni si su flujo tiene una determinada temporalidad.

La relevancia del estudio hecho por la Universidad Estatal de Utah en relación con los impactos de los microplásticos sobre la atmósfera y, por ende, sobre los humanos, radica en lo novedoso del mismo. La recolección de la información se hizo tanto en condiciones secas como en períodos de lluvia y nieve para determinar los probables orígenes de las partículas.

Fue así como se estableció que las partículas más grandes caían con la lluvia y la nieve, mientras que las más pequeñas aparecían en condiciones secas.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que las partículas depositadas durante el clima húmedo, probablemente, se originaron en un lugar relativamente cercano, y los trozos de plástico fueron arrastrados por el aire de las tormentas en los centros urbanos y luego volvieron a caer con la lluvia y la nieve.

En cambio, las partículas más pequeñas y ligeras habían sido transportadas de distancias extremadamente lejanas por corrientes provenientes de zonas muy elevadas en la atmósfera y se habían convertido en parte de los ciclos de transporte global de polvo, según los expertos. Los depósitos secos constituían más del 75 por ciento del plástico que se analizó.

los microplásticos suspendidos en la atmósfera
La lluvia es uno de los mecanismos que permite que los microplásticos suspendidos en la atmósfera caigan y penetren las vías respiratorias. Foto: elpais.es

El plástico en la lluvia

Las microfibras que los investigadores recogieron eran compatibles con los tipos de textiles utilizados en la confección de prendas de vestir y en la producción de alfombras y revestimientos industriales, así como en equipos de uso exterior como tiendas de campaña y ropa impermeable.

Esto significaría que las emisiones humanas en los parques pueden contribuir a las tasas de deposición observadas, en particular en los parques nacionales con altas tasas de visitas, aunque esas fuentes no producían una gran parte del total de las muestras, según concluyeron los científicos de Utah.

De hecho, Chelsea M. Rochman, profesora adjunta de ecología de la Universidad de Toronto, dijo a medios de comunicación internacionales que el estudio no era el primero en mostrar que la deposición atmosférica contuviera microplásticos, ni siquiera en hablar sobre la deposición atmosférica de microplásticos en lugares remotos.

En un comentario adjunto al artículo principal de Science, Rochman se refirió a que la idea de “plástico en la lluvia” es el tipo de descubrimiento que puede “parecernos difícil de creer”.

La profesora Brahney fue más allá y aseguró que el fenómeno podría contribuir a la alteración del entorno de las comunidades microbianas y causar un daño ecológico más amplio. Los humanos también podrían estar en riesgo, señaló: la presencia de tantas partículas finas en el aire significa que “nosotros también lo estamos respirando”.

Los efectos sobre la salud de la ingesta de partículas de plástico no se conocen bien, aunque los tamaños de las partículas detectadas coinciden con el tamaño de las que se acumulan en el tejido pulmonar. La contaminación por partículas, que incluye polvo, hollín y otras amenazas en el aire, se ha relacionado con ataques cardíacos, derrames cerebrales y enfermedades respiratorias.

La Organización Mundial de la Salud estimó que, en 2016, la contaminación por pequeñas partículas causó 4,2 millones de muertes prematuras en todo el mundo.

Otros estudios advierten del impacto en la salud de los microplásticos inhalados, pese a que en la atmósfera las concentraciones siguen siendo pequeñas cantidades en comparación con otras partículas prominentes, como el carbono negro que se encuentra en el hollín cotidiano.

Rochman dijo que la nueva investigación y la creciente conciencia de las cantidades de plástico que caen a nuestro alrededor llevan a una pregunta inquietante: ¿Qué haces con esto?

El estudio de Utah proporcionó una respuesta, pero no la definitiva: “Las consecuencias para los ecosistemas aún no se comprenden bien, pero son inevitables en el futuro inmediato. Para mitigar los peligros potenciales que representan los microplásticos ambientales se necesitará nada menos que el compromiso de la comunidad global”.

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Luis Fernando Ospina.
Luis Fernando Ospina.

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