Quebradona no tiene “licencia social”

Sebastián Restrepo es uno de los líderes que está al frente de la plataforma Visión Suroeste, una iniciativa ciudadana por la defensa del ecosistema en la provincia de Cartama que se opone a proyectos mineros como los de la compañía sudafricana Anglo Gold Ashanti. Acá están sus argumentos y propuestas, dentro de la serie de informes especiales sobre la minería en Colombia. “No queremos que nos digan desde afuera cuál es el modelo de desarrollo que necesitamos, sino que nos dejen a nosotros juntos definir cuál es el que queremos”, dice. Sexta entrega.

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Sebastián Restrepo nació en Jericó y sus padres tienen el aroma del Suroeste. Estudió en Australia, pero regresó a trabajar por su tierra. Foto: Álbum personal.

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Una voz más. Un argumento nuevo. Una posición que comparten muchos, pero otros no están de acuerdo con ella. Es la dialéctica y la sana deliberación alrededor del proyecto minero de Quebradona, en Jericó, donde la multinacional sudafricana Anglo Gold Ashanti pretende explotar una mina de cobre. Quien habla es Sebastián Restrepo, miembro de la plataforma ciudadana Visión Suroeste, cuyo objetivo es desarrollar en el territorio un nuevo modelo de desarrollo que siente las bases de una cultura regenerativa de los ecosistemas en la provincia de Cartama.

Sebastián conoce su tierra como la conocen sus padres, ambos del Suroeste, pero a diferencia de estos últimos, él tuvo la fortuna de irse al exterior y conocer muchas culturas, pero sobre todo, entender que existen muchas y mejores formas de proteger la riqueza natural que nos ha dado la tierra.

Es profesional en finanzas y relaciones internacionales. Tiene la sensibilidad de un joven que hace años se metió a los programas de Cultura E, Buen Comienzo, seguridad y convivencia, juventud, formación y liderazgo, y hace poco terminó su Maestría en Estudios de Desarrollo y Sostenibilidad en Australia.

Hablamos con él dentro de la serie de informes especiales (la sexta) sobre la minería en Colombia y sus argumentos contribuyen a ampliar las visiones que existen alrededor de un proyecto minero trascendental para la vida de los habitantes del Suroeste, pero también fundamental en la propuesta de reactivación económica que lidera el Gobierno nacional, dado que la transición energética en la que está comprometido el país depende, en buena parte, de la extracción de minerales como el cobre y el oro. Acá están sus puntos de vista y sus propuestas para la región.

¿Qué es Visión Suroeste?

Sebastián Restrepo: Es una plataforma en construcción, de amplia participación ciudadana, un punto de encuentro de iniciativas que trabajan por la transición hacia modelos de producción y de conservación en armonía con la naturaleza. Cuando hablamos de transición nos referimos a visiones distintas y no por eso contradictorias sobre la forma en que nos apropiamos de los territorios, desde cómo hacemos compostaje hasta aplicar los conceptos de economía circular, regeneración de ecosistemas y fomentar culturas de cuidado y protección de las aguas, la biodiversidad, la agricultura campesina y el trabajo colaborativo en la provincia de Cartama

¿Ese modelo de desarrollo que proponen no es compatible con la minería bien hecha?

Tenemos que partir de un hecho contundente: el desarrollo ha estado sustentando en paradigmas y, por lo tanto, no es un concepto que se pueda aplicar igual en todas partes, porque cada territorio tiene unas particularidades propias y unas posibilidades únicas.

Uno de los paradigmas que más he estudiado es el de África, donde se habla de la “maldición de los recursos naturales” o la “paradoja de la abundancia”, que no es otra cosa que la contradicción entre una enorme riqueza de recursos minerales y la profunda inequidad social y de conflicto permanente entre quienes ostentan el poder y los más pobres, dada la incapacidad institucional existente y la corrupción dentro de los sistemas de toma de decisiones. Allá, la minería en todas las escalas, ha sido factor de violencia, ilegitimidad, abuso de poder y corrupción. Luego, ese modelo no es compatible con nada.

¿Y por qué el ejemplo de África. Somos parecidos?

Infortunadamente, Colombia tiene muchas de esas características y comportamientos. Somos proclives a la corrupción, hemos vivido sumidos en un conflicto de más de 50 años y que sigue latente, porque el Estado no ha sido capaz de llenar esos espacios que se tomó la ilegalidad y la gente más vulnerable sigue atrapada en los círculos de pobreza. La minería, sin duda, ha sido motor del conflicto. Y no sólo en África, sino también en Australia, donde viví más de cuatro años, pero no son comparables las dimensiones de esos conflictos, como ocurre también en el caso colombiano, pues los efectos del modelo extractivista en una y otra parte son distintos, así todos tengan altos impactos ambientales.

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Suroeste antioqueño, en la cuchilla Jardín-Támesis, una fábrica de agua que es única. Ese ecosistema es parte de lo que defiende Visión Suroeste ante la posibilidad de explotar minerales en ese territorio. Foto: Álbum personal.

¿Entonces por qué la comparación?

Hay un hecho contundente: a diferencia de Australia y de muchos países con riqueza minera, en Colombia no existe la licencia social que allá sí está incorporada a la ley, siendo el tema minero en nuestro país mucho más complejo por sus características geográficas, su biodiversidad, su riqueza hídrica, sus ecosistemas de páramos y de bosques. La licencia social debe ser un requisito que deban cumplir todos los que pretendan desarrollar proyectos de impacto ambiental en Colombia. Eso no existe y de ahí los conflictos por el uso de la tierra, que en el caso del subsuelo es de todos los colombianos.

Pero eso no pasa sólo en el tema minero…

Por supuesto. Y nuestra propuesta es que primero tenemos que revisar con lupa cómo estamos haciendo minería en Colombia antes de seguir ampliando las fronteras de exploración y explotación. Hacer los arreglos institucionales que no se han hecho y poner en el centro de las discusiones qué tipo de modelo de desarrollo es el que queremos. Pero no un modelo que definan unos pocos sectores de poder, sino la sociedad en su conjunto. Por eso hablo de la licencia social como un cambio de paradigma. Acá no existen mecanismos de coordinación y concurrencia y es un hecho evidente que no habrá desarrollo territorial sostenible sin la participación amplia y efectiva de las comunidades en sus propios entornos. Y eso es extensivo a todas las actividades, no sólo a la minería.

En el caso del Suroeste es evidente, pero el debate se ha centrado en el proyecto minero en Quebradona. ¿Cómo extenderlo hacia otros sectores productivos, como la ganadería, el cultivo de aguacates…, que también tienen alto impacto sobre los ecosistemas?

Ese es el debate que tenemos que abrir y que desde Visión Suroeste estamos dispuestos a liderar y convocar. La complejidad de los retos en la sostenibilidad como nosotros la entendemos va más allá de la minería. Los desafíos climáticos ligados a la ganadería son enormes. Lo mismo pasa con los cultivos que tienen altas demandas de recursos hídricos y uso de la tierra. Son evidentes los conflictos que han vivido países como Chile o México en torno a los cultivos de aguacate, que en algunos casos se han vuelto atractivos para otros sectores económicos ligados a actividades ilícitas, dados los buenos precios del alimento y su alta demanda en mercados internacionales. Eso es lo que tenemos que evitar que pase en Colombia, tal como pasó con la minería. En el Suroeste estamos trabajando en ello, porque el modelo de agroindustria que queremos desarrollar está sustentado en la cultura y la economía campesina, pues hacen parte de una historia común y compartida que tenemos que hacer sostenibles en lo ambiental, lo económico y lo social.

Si entiendo bien, ¿es bueno hacer minería en el Bajo Cauca, pero no en el Suroeste, porque en esa subregión hay una larga e histórica relación con la minería?

No entiendo el desarrollo de forma sectorial, sino ecosistémica y entonces no estoy sugiriendo que se haga una u otra cosa en ningún territorio, sino que lo que se decida hacer esté sustentando en evidencia y, repito, como resultado de un amplio diálogo y concertación con las comunidades, lo que he llamado licencia social. La minería ha sido parte fundamental del desarrollo económico e industrialización del Departamento desde tiempos de la colonia, pero estamos en un nuevo tiempo y es necesario tomar decisiones innovadoras.

Colombia, por ejemplo, no puede seguir haciendo extractivismo con un Código Minero hecho en 2001, bajo la asesoría de la Agencia de Cooperación Canadiense, que siempre favoreció la explotación de minerales por parte de las multinacionales, sin retornos sociales y graves daños ambientales. Ese modelo neoliberal extractivista está siendo revaluado, incluso, en los países más neoliberales del mundo, muchos de ellos en la OCDE. La pandemia del COVID-19 dejó en claro que no estamos frente a una crisis de salud pública exclusivamente, sino ante la ruptura de un modelo económico que hizo crisis y rompió los equilibrios planetarios. No estamos ante una nueva industrialización, entramos a una era de la regeneración planetaria, porque si no vamos a desaparecer como especie.

¿El concepto de cultura regenerativa es lo que propone Visión Suroeste?

Por supuesto, pero sin olvidar de dónde venimos y qué experiencias exitosas hemos acumulado de anteriores procesos, entendiendo los contextos. La región del mundo que más pérdida de biodiversidad ha tenido en muchas décadas es América Latina, incluido Colombia, donde nuestras economías, más allá de las ideologías políticas, se han reprimarizado por efecto de los modelos extractivistas sin retornos sociales suficientes para erradicar la pobreza y las desigualdades. En el Suroeste nos han querido proponer esos modelos como oportunidades únicas del desarrollo. No. Desde Visión Suroeste queremos construir juntos nuestro propio modelo. Los oligopolios como los del oro que promueven multinacionales como Anglo Gold no tienen concordancia ni concurrencia con nuestros anhelos y visiones. Nosotros vemos la región como un ecosistema, pero ellos la ven como un negocio, como mercancía. Nuestro sentido de pertenencia no está en venta y la apuesta por el futuro de las nuevas generaciones en nuestras manos.

¿Un futuro que está sustentado en cuáles variables desde Visión Suroeste?

Los pilares de nuestra apuesta por el desarrollo son la resiliencia, en su concepto más amplio y en múltiples perspectivas, porque los territorios no son nada distinto a esos lugares donde habita la vida de las personas, los animales, las plantas. Vamos a fortalecer las economías locales diversas, bio-regionales, es decir, hacer de los ecosistemas nuestros fábricas de vida, de autosuficiencia. Queremos volver a los modelos de economía familiar que heredamos de nuestros abuelos. La cultura regenerativa no es una opción, sino un compromiso ético y un pacto con el planeta. Poner nuestra inteligencia y la innovación al servicio de la vida, no de la manipulación. La inteligencia colectiva es el camino para salir de ésta y de las nuevas crisis que, sin duda, llegarán. Y, por último, todos esos pilares anteriores dentro de una visión sistémica del territorio, con sus complejidades, particularidades, desafíos y, sobre todo, de sus comunidades, desde los indígenas hasta los campesinos y los empresarios y ciudadanos del siglo XXI.

Un modelo ecosistémico en el que la asociatividad resulta fundamental y Cartama un ejemplo internacional. ¿Cuál es el valor de haberse unido como una Provincia Administrativa de Planificación (PAP) en la defensa del territorio?

El gran valor es haber logrado ponernos de acuerdo en lo fundamental, pensar unidos un modelo de desarrollo que tiene en cuenta nuestras ventajas para avanzar juntos, pero también las dificultades acumuladas durante décadas, producto de visiones individuales y no siempre acertadas. La figura de bio-región nos permite responder en bloque a esos retos, sin perder autonomía, pero sí pensando colectivamente en torno a los cosas que nos unen e identifican. La cultura regenerativa es un antídoto contra el individualismo y la imposición de fronteras. Así las cosas, hoy no estamos debatiendo si la minería es buena o no para Jericó, sino cuál es el modelo de desarrollo que queremos para los municipios que integran la Provincia de Cartama, que es lo mismo que definir a escala cuál es el modelo que necesita el Departamento y el país. Desde acá estamos liderando un gran proceso de transformación que va más allá de los límites geográficos para convertirse en la definición de nuevos paradigmas y mejores procesos por la conservación y la sostenibilidad.

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