“Quebradona es una oportunidad global”

Diego Fernando Gómez es el director de la firma Ecsim y ejecuta la Secretaría Técnica de Pro-Jericó para la firma Anglo Gold Ashanti, dueña del proyecto minero en ese municipio del Suroeste antioqueño. Conoce las cifras y los escenarios del proyecto y hablamos con él dentro de la serie de informes sobre la minería en Colombia, cuya cuarta entrega muestra su visión sobre por qué se puede hacer minería sostenible. Nuestro próximo informe tendrá su contraparte, dentro del sano ejercicio de abrir espacios a una conversación al natural, independiente, pero plural y respetuosa.

Diego Fernando Gómez es director de la firma Ecsim, que ejecuta la Secretaría Técnica de Pro-Jericó, instrumento clave del relacionamiento y diálogo con la población del Suroeste. Foto: cortesía de Fundación Ecsim.

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El Presidente Iván Duque estuvo este fin de semana en el acto oficial de la entrada en operaciones de la mina de oro subterránea en Buriticá, Antioquia, de propiedad de la firma china Zijin-Continental Gold, con inversiones cercanas a los 640 millones de dólares y punta de lanza de lo que el propio Gobierno ha denominado la reactivación sostenible del país.

Entre otras cosas, el Presidente dijo que la minería debe transformarse permanentemente para garantizar la sostenibilidad y avanzar en la protección de los recursos naturales, así como debe desarrollarse en armonía con la preservación de las fuentes de agua y también en saber convivir con ecosistemas complejos. Sin mencionarlo, el Jefe de Estado estaba hablando de otro proyecto estratégico dentro de la transición energética que adelanta el país: la mina de cobre de Quebradona, en Jericó.

Dentro de la serie de informes que venimos haciendo sobre la minería en Colombia, el cuarto tiene como protagonista a Diego Fernando Gómez, un reconocido economista antioqueño, director de la firma Ecsim, quien no sólo ha trabajado en el DNP, sino que ha hecho parte de los más selectos grupos de investigación económica en Colombia. Hizo parte del comité asesor del programa Medellín Cómo Vamos y su compañía ejerce ahora el papel de Secretaría Técnica de Pro-Jericó para la firma Anglo Gold Ashanti, dueña del proyecto minero Quebradona en el Suroeste. Estas son sus reflexiones sobre el proyecto.

Uno de los economistas más reconocidos del país, Luis Jorge Garay, ha dicho en varios escenarios que el país no puede seguir dependiendo del modelo neo-extractivista que ha dominado su modelo de desarrollo. ¿Usted, como economista también, qué opina?

Diego Fernando Gómez:  Es muy complejo tratar de “conversar” sobre afirmaciones que no coinciden con los hechos. Asegurar, como lo dijo el profesor Garay en Jericó, que el capitalismo financista de corte neoliberal, unido a la crisis ambiental, está en una crisis socio ecológica irreversible, es por lo menos arriesgado. Advertir viene un nuevo mundo, con un nuevo capitalismo y o un nuevo socialismo, supone que su cruzada en contra de la minería no sería necesaria, pues la evolución del capitalismo moribundo que proclama daría cuenta de la minería, sin que tengamos que esforzarnos en acabarla. El llamado capitalismo está vital. Los llamados tigres del sudoeste asiático han emergido con fuerza, China transformó su economía de mercado y Estados Unidos se reinventó desde la economía digital y los fondos financieros. Si las soluciones a los retos  ambientales y de sostenibilidad dependen de la caída del capitalismo, podríamos estar con la estrategia y la expectativa equivocadas.

¿Cuál es el modelo, entonces?

La dinámica global está en una senda muy diferente. De manera acelerada se supera la pobreza y se aumentan los ingresos de las clases medias en los países en desarrollo. Esto ha disparado el consumo de bienes y servicios requeridos por estos segmentos de población, que estaban por debajo de los umbrales de consumo necesarios para ejercer las libertades humanas, entre ellos el cobre, el acero, el cemento. Todo indica que tendremos que lidiar con un arreglo socioeconómico global, cuyos “drivers” parecen ser otros bien distintos al capital financiero. Más bien, estos capitales financieros acuden a atender las dinámicas de expansión del consumo de cada vez más y mejores bienes y servicios derivados de las trasformaciones tecnológicas y sus requerimientos de nuevas capacidades productivas. El reto es hacer que esta dinámica sea sostenible social y ambientalmente.

¿Una visión contraria a la del profesor Garay?

Por supuesto. Luis Jorge parece interesado en retrotraernos a las discusiones de la primera internacional socialista en la segunda mitad del siglo XIX. Mi visión es bastante más modesta. Partimos del propósito de crear una sociedad sin pobreza y con ingresos adecuados, en la que la población pueda participar adecuadamente de la generación de bienestar y, como fruto de ello, tenga un nivel de ingreso y cohesión social hacia una sociedad propicia para el ejercicio de la libertad y la realización individual. Esto ha sido expuesto y propuesto por Amartia Sen, Mafred max-Neef y Eleonor Olstrom. Y tampoco es distinto a lo planteado por Von Mises y Hayek.

¿Eso se aplica a la mina en Jericó?

La posibilidad de una mina de cobre en Jericó es tener la oportunidad de hacer un aporte a la sostenibilidad global. Se trata de un proceso de generación de un bien, el cobre, que requiere la sociedad y que debe ser obtenido de manera sostenible en lo ambiental y lo social. Quebradona se desarrolla con un modelo minería con propósito, constructor de nuevas capacidades para las comunidades locales y para el país, en general. El país ha generado un esquema en que los inversionistas colocan el ciento por ciento de los recursos, asumen la totalidad de los riesgos técnicos, ambientales, sociales y políticos. La nación se queda con el 70 por ciento de la riqueza generada (el Goverment Take está por encima del 70%). Esto, acompañado de un flujo de divisas positivo (y necesario) en el tiempo. Luego, el modelo está muy lejos de ser un caso de extractivismo neocolonialista y, de paso, mucho más lejos de significar que el país sea incompetente y corrupto, tal como se dice en los salones de los conferencistas. Lo contradictorio en los argumentos del profesor Garay es que por un lado dice que hay un Estado incapaz, pero por el otro advierte que la única solución es el Estado.

¿En qué sí está de acuerdo con él?

En que “tenemos la obligación de definir un Plan Estratégico Minero Sostenible”. Pero él olvida que sus bases ya se plasmaron en un proyecto de la Unidad de Planificación Minero-Energética en 2016, lineamientos sobre los que se desarrolla el proyecto minero de Quebradona y se despliega la estrategia de Pro-Jericó. La aproximación a la minería desde el desarrollo sostenible abre una posibilidad desde la economía de mercado. Los consumidores cada vez más están comprometidos con su responsabilidad en la sostenibilidad global, con el llamado “Market Driven Sostenibility”. La sostenibilidad jalonada desde el mercado. En esta dinámica, los consumidores preferirán e incluso pagarán más por aquellos productos obtenidos de manera sostenible. Lo de Jericó es la real oportunidad de aportar a la sostenibilidad global.

Uno de los temas álgidos en las discusiones sobre la conveniencia o no del proyecto Quebradona en Jericó está sustentado en los efectos sobre el paisajismo de la región, dada su tradición cafetera y agrícola. Foto: cortesía Portafolio.

Otro de los argumentos de quienes se oponen al proyecto Quebradona está sustentado en que los aportes económicos no suplen los daños ambientales y al paisajismo. Que no genera empleo. ¿Qué responder?

Yo pregunto: ¿Cuánto se requiere en inversión para trasformar las capacidades productivas de un municipio de 12.000 habitantes y 19.000 hectáreas de extensión, de categoría seis, con alto endeudamiento y menos de 2.000 millones de pesos de libre inversión. Tasas del 70% de informalidad y niveles de pobreza monetaria por encima del 30%? Estamos hablando de un municipio como Jericó, que hoy sólo genera 22 millones de pesos al año por habitante. Hemos hecho estudios serios sobre los requerimientos de dotación de inversión que necesitaría y, entre otros datos, Jericó demandaría 81 kilómetros de vías terciarias y 41 de vías secundarias, de manera que sus zonas productivas estén efectivamente conectadas. Son aproximadamente 200.000 millones de inversión. De las 19.000 hectáreas, al menos 5.000 deberían ser sujeto de una trasformación productiva que eleve su capacidad de producción actual de 12 millones a más de 30 millones por hectárea al año. Esto requiere de 20 millones por hectárea en un portafolio amplio de productos. Es decir, 100.000 millones de pesos de inversión.

Pero no se trata sólo de dinero, sino de una mirada sistémica del territorio. ¿Cómo hacerlo de forma articulada y teniendo en cuenta las particularidades de una provincia administrativa de planificación como la de Cartama?

La discusión que hemos propuesto es estructural sobre la intervención que se debe realizar desde una perspectiva de competitividad sistémica. Es decir, intervenir de manera articulada las dimensiones micro, meso, macro y meta. La competitividad sistémica requiere de intervenciones que no pueden ser resueltas para poblaciones pequeñas. Dos casos claros son salud y educación superior. Ambas requieren de masas poblacionales agregadas de más de 100 mil habitantes. Una red de salud regional requerirá inversiones superiores a 150.000 millones y la infraestructura base de la educación demanda inversiones superiores a los 4.000 millones. Estas cifras ilustran el reto del desarrollo local y regional. La estrategia que se ha aplicado es la estructuración de negocios viables que permitan construir progresivamente estas dotaciones partiendo de una trasformación productiva endógena. A nivel meta, lo sociocultural, la institucionalidad civil, la visión de largo plazo y, sobre todo, superar el asistencialismo privado y público con ese modus vivendi clientelista que convierte los recursos de la sociedad en una trama privada de favores de políticos a votantes y en arreglos corruptos de captura de lo público.

¿Por qué se debe hacer Quebradona?

La mina de cobre en Jericó permitirá articular inversiones por más de 500.000 millones de pesos para el municipio y el suroeste. Desde esa perspectiva es impreciso afirmar que “la gran minería genera poco impuesto de renta relativo (por exenciones y por nula agregación de valor), además de escaso encadenamiento productivo”. Menos riguroso es decir que “los recursos que generan para los territorios productores no compensan los impactos ambientales y socioeconómicos que genera”. Primero, porque son ingresos adicionales, no son ni optativos ni excluyentes, siempre agregarán una nueva capacidad no existente previamente. Segundo, el Goverment Take de Colombia es el mayor en el contexto latinoamericano y supera el 73,7%, según el Plan de Desarrollo Minero a 2025, publicado por la UPME en 2017. Tercero, el encadenamiento productivo ya no se ve solamente como los que demanda directamente, sino como la gran trasformación productiva que se puede desencadenar desde la inversión inteligente de los recursos derivados del activo minero. Cuarto, los impactos ambientales deberán ser de ahora en adelante compensables o mitigables, no se deberán aceptar proyectos que no cumplan con esa base. Así, bienvenidos todos los proyectos sostenibles.

El mundo, en medio de semejante pandemia, ha cambiado con velocidad de crucero muchos de sus paradigmas. Uno de ellos tiene que ver con la forma en que habitamos los territorios. ¿Es el proceso regenerativo un elemento central en la propuesta en Jericó?

Desde los aportes del Club de Roma, con el auspicio del libro Los Límites del Crecimiento, se inició a nivel global una creciente adquisición de conciencia sobre los retos de la especie humana en su proceso de evolución. Las reacciones iniciales rápidamente se configuraron en tres grupos que han marcado posteriormente el desarrollo de la discusión. El grupo de los escépticos ha insistido, cada vez con menor éxito, en la limitada existencia de impactos al medio ambiente y la existencia de un fenómeno de calentamiento global. Allí aparece Estados Unidos. Y la segunda nación más poblada y segunda economía global, China, mantiene una postura de no atención prioritaria a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o de impactos ambientales derivados de otras causas.

Infortunadamente, en el mismo nivel de discusión reactivo se ubicaron rápidamente los grupos ambientalistas radicales. Su postura es muy básica. Sin duda han contribuido a generar conciencia global sobre el problema de la sostenibilidad y a generar un factor político de control que era necesario. Desafortunadamente, su postura también ha facilitado que sean capturados y utilizados por el ambientalismo extorsivo y de posiciones ideologizadas de ambientalismo como excusa antisistema.

Una tercera postura -y a otro nivel de discusión- es la de la sostenibilidad ambiental y del desarrollo sostenible. Su aproximación busca una comprensión integral y de largo plazo en la superación del reto ambiental. Un ejemplo es el análisis del “Impacto ambiental de la superación de la pobreza”. Esto implica reflexiones y análisis más profundos, técnicos y de visión completa de los problemas. Colombia, para resolver el problema de calidad del aire en las ciudades, deberá hacer la transformación eléctrica del transporte de pasajeros y carga en las ciudades. Para ello deberá triplicar la capacidad de generación eléctrica. ¿Arrasaremos el campo cubriéndolo de paneles solares? ¿Acabaremos los ríos con presas de generación? ¿Destruiremos el paisaje nativo, el vuelo de las aves y el silencio de la naturaleza con el eterno ulular de los parques eólicos? Las respuestas son más complejas que posturas reactivas.

¿Cómo hacer regeneración urbana?

La propuesta del desarrollo regenerativo es la alternativa co-evolutiva. Enmarcar la evolución de la especie humana en una trayectoria de progresiva coexistencia con la naturaleza. Su propuesta central es avanzar en la expansión de las capacidades requeridas para la superación de la pobreza con proyectos sostenibles y regenerativos, y en la sustitución de las explotaciones y producciones no sostenibles por nuevos proyectos amigables con el ambiente. La solución no es “no hacer”. Es hacer las cosas de una manera nueva. La estrategia país debe ser el país verde, regenerativo, que puede producir y exportar de manera sostenible bienes primarios, mineros, industriales y servicios de alto valor agregado con sello de sostenibilidad. Eso es lo que se propone hacer en Jericó.

Nota del Editor: Este es el cuarto informe de la serie sobre minería en Colombia que iniciamos el pasado 4 de octubre, en el compromiso de escuchar todas las voces y conocer distintas posiciones respecto de la explotación minera en nuestro país.

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