Parques Cómo Vamos: una radiografía con claroscuros

Colombia tiene 31 millones de hectáreas bajo protección del Sistema de Parques Nacionales, pero existe una débil gobernanza multinivel y multiactor que impide una mejor gestión de la inmensa biodiversidad del país. El primer informe del Programa Parques Nacionales Cómo Vamos (PNCV) que se acaba de entregar es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente para poder responder con más acierto ¿para dónde vamos? Panel de expertos aporta invaluables visiones para superar los diagnósticos y entrar en acción.

parques nacionales, Colombia
El sistema de parques nacionales ocupa cerca de 31 millones de hectáreas, con 59 ecosistemas en categoría de áreas protegidas y un incalculable valor socioecológico. Caño Cristales, en el Meta. Foto: Prensa PNN.
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La actual arquitectura sobre la que funciona el Sistema de Parques Naturales Nacionales (PNN) como elemento central del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINA) ya cumplió su vida útil y es necesario avanzar hacia un modelo mucho más sistémico y articulado que responda, no sólo a la pregunta de cómo vamos, sino para dónde vamos, pues es urgente pasar del diagnóstico a la acción.

Así se concluye después de escuchar a buena parte de los mejores expertos ambientalistas y conocedores del sistema ambiental colombiano, reunidos de forma virtual en la entrega del primer informe del Programa Parques Nacionales Cómo Vamos (PNCV), que reconoce la historia acumulada en la gestión de los servicios ecosistémicos y revaloriza los beneficios de la biodiversidad que se encuentran en los 59 parques nacionales, alojados en 254 municipios y que ocupan poco más de 31 millones de hectáreas bajo categoría de conservación.

Y dentro de esa historia, como pasa con muchos otros procesos ambientales en el país, no están todas las fichas del rompecabezas, faltan códigos de información, existen miradas muy fragmentadas sobre territorios únicos y diversos, pero en especial, necesitamos entender a escala cómo se han dado y se siguen dando las interdependencias entre la naturaleza y las comunidades que habitan en ellas.

En palabras del biólogo y conservacionista Cristian Samper, presidente del Wildlife Conservation Society (WCS), dejar de referirnos a los parques nacionales como islas y abordarlos como territorios desde sus múltiples presiones, co-dependencias, interrelaciones e impactos.

Entendidos como territorios, los parques naturales nacionales, entonces, deberían responder de forma sistémica tres preguntas fundamentales: de dónde venimos, cómo vamos y para dónde debemos seguir. Luego, el informe del programa Parques Cómo Vamos no se queda en el diagnóstico, sino que lo actualiza y lo proyecta sobre principios de una nueva gobernanza territorial que diseñe los instrumentos y mecanismos necesarios para enfrentar la triple crisis: climática, de contaminación y pérdida de biodiversidad.

Para lograrlo, según Sandra Vilardy, directora ejecutiva del Programa Parques Cómo Vamos (PNCV), no basta con abordar la problemática de las áreas protegidas sólo desde la biodiversidad, sino cómo entender de forma sistémica y articulada la importancia de los parques naturales y la biodiversidad en las dinámicas territoriales.

El informe de Parques Nacionales Cómo Vamos es una manera diferente de ver esos ecosistemas estratégicos. “Necesitamos retomar los principios del pensamiento complejo del maestro Julio Carrizosa y de tantos otros que han venido aportando elementos diferenciadores a la hora de abordar los parques naturales como parte de un sistema socioecológico”, advierte Vilardy.

Cuáles son los principales hallazgos de Parques Cómo Vamos

El documento del Programa Parques Cómo Vamos propone un enfoque basado en reconocer a los Parques Nacionales Naturales como sistemas dinámicos en lo ambiental, lo económico, lo social y lo cultural. Así, se analizaron las 59 áreas protegidas nacionales desde diversas perspectivas que permiten integrar múltiples dimensiones de análisis, identificar patrones y proponer mecanismos diferenciados para su gestión.

Estas dimensiones abarcan las condiciones físicas de los PNN y su impacto en la biodiversidad. El desempeño de las entidades públicas en su conservación y los efectos adversos de fenómenos tales como la deforestación, los cultivos ilícitos, la violencia y el narcotráfico. La gestión administrativa, gobernabilidad y, por último, diversidad étnica y las condiciones de vida de las comunidades que allí habitan. Son 32 indicadores, internos y de contexto municipal, en distintas dimensiones.

Sierra Nevada de Santa Marta
En la territorial Caribe, la Sierra Nevada de Santa Marta es la zona de PNN más amenazada por conflictos ambientales, violencia y ocupación por parte de grupos ilegales. Foto: Prensa PNN.

En consecuencia, con los datos como insumos objetivos y con evidencia estadística, el programa pretende ir más allá de las cifras y plantear cuatro reflexiones de fondo que agrupan los hallazgos del trabajo interdisciplinarios realizado durante los últimos tres años. Son reflexiones sobre elementos clave del desarrollo territorial y de las dinámicas que allí confluyen:

1. Necesitamos pensar la conservación de la diversidad biológica en el segundo país del mundo más megadiverso, como lo es Colombia, en tiempos de crisis climática y pérdida de biodiversidad.

La mirada sobre el sistema de parques nacionales debe hacerse a múltiples escalas: dentro de cada parque, en el contexto de cada uno de los 59 que hacen parte del SINA y en el conjunto de todo el sistema, teniendo en cuenta dimensiones como: el bienestar y los derechos humanos, la capacidad administrativa, la gobernabilidad, la biodiversidad y las comunidades, el impacto de las actividades productivas, la institucionalidad y los factores asociados a la violencia.

Y en esa mirada a escala es importante reconocer la interdependencia entre la salud de los parques nacionales y las actividades que comunidades étnicas y afrodescendientes desarrollan sobre ellos. En el contexto municipal de 39 parques nacionales naturales, 23 tienen vecindad con pueblos indígenas (66 por ciento del total); 14 con afros y 2 con ambos grupos poblacionales.

Además de esa diversidad pluriétnica y multicultural, como un país tropical, Colombia tiene elementos excepcionales de la biodiversidad global. No en vano, encontramos dentro del rango altitudinal que la Sierra Nevada de Santa Marta es el parque nacional tropical más alto del mundo, pero tiene el mayor número de ecosistemas amenazados.

El Cocuy, el Nevado del Huila y los Nevados, además, están dentro de los 10 parques naturales tropicales que están por encima de los 5.000 metros sobre el nivel del mar del planeta, lo que los convierte en santuarios únicos de biodiversidad y servicios ecosistémicos.

Son 45 PNN que tienen alguno de sus ecosistemas en algún grado de amenaza, siendo los del Caribe los más comprometidos, pues están en condición crítica, entre ellos el de Corales del Rosario, Tayrona y Flamencos.

Respecto de la variabilidad climática, el sistema de PNN juega un papel preponderante en la lucha contra la crisis climática, pero la reflexión que se desprende del informe es cómo podemos mejorar el seguimiento y la respuesta creativa de dichos ecosistemas ante el calentamiento global. Cómo los ejercicios de gestión, vigilancia y planes de manejo se pueden adaptar a esas realidades climáticas. Es urgente diseñar escenarios climáticos para cada uno de los parques y medir efectivamente su vulnerabilidad.

2. Los parques nacionales naturales enfrentan unas realidades y tensiones producto de la convivencia entre las comunidades que los habitan.

Según el Censo Nacional Agropecuario de 2020, cerca de 23 mil campesinos están ubicadas en 49 de esos parques nacionales, aunque no hay registros de población étnica, mientras en 4 habitan más de 1.000 personas cada uno, siendo Sanquianga el más poblado.

Así mismo, en 30 PNN hay traslape con comunidades étnicas, 24 de ellos con pueblos indígenas (en 4 millones de hectáreas, el 22 por ciento de los PNN), en tanto, 8 comparten con comunidades negras (0.2 por ciento de los PNN, en 3.957 ha).

Estas relaciones y realidades demandan la incorporación de todo el conocimiento ancestral dentro de la gestión y el manejo de los parques. Aun así, en los territorios más biodiversos del país persisten las brechas y las asimetrías más complejas en torno a la calidad de vida, la pobreza, las violencias y los conflictos ambientales.

No resulta menor que los índices de pobreza multidimensional en esos territorios para 2018 fue del 51.4 por ciento, con una brecha en lo urbano rural del 29.4 por ciento. La pregunta acá es cómo podemos hacer de la biodiversidad un motor de bienestar social, pero no traficando con las especies ni deforestando los bosques, sino cómo usamos esa sabiduría de la naturaleza para cambiar la forma en que nos relacionamos con ella y obtenemos sus beneficios. Es perentorio articular la ciencia con las empresas y las comunidades, pero con el trabajo de todos los actores.

sistema de parques nacionales, nevados
En la territorial de los Andes Occidental, los nevados que se encuentran en el sistema de parques nacionales enfrentan los rigores del cambio climático y la invasión de sus áreas para actividades agropecuarias. Foto: Prensa PNN.

3. La biodiversidad de los parques naturales está recibiendo muchas transformaciones y es urgente reconocer la ecodependencia con esa biodiversidad.

Es claro que la gente que habita esos parques naturales, los utiliza para su propia supervivencia. El Censo Nacional Agropecuario estima que son 17.634 unidades productivas en 56 de los PNN, pero con escalas diferentes. Resulta necesario, entonces, avanzar en los acuerdos de uso y tenencia de la tierra y en otros mecanismos de intervención más sostenibles.

Todos los parques situados en la territorial de los Andes Occidental y Nororiental tienen unidades productivas agropecuarias, lo que equivale al 46 por ciento del total de ellas. En el contexto municipal de los PNN, el inventario ganadero estima que son 5.2 millones de cabezas las que allí se ubican, esto es, el 18 por ciento del inventario nacional. Los cultivos agroindustriales, en el mismo escenario, ascienden a más de 900 mil hectáreas, es decir, el 54.9 por ciento del área sembrada del país.

Como valor agregado de los ingresos de los entes municipales, el sistema de PNN representa el 49.2 por ciento del total nacional, con aportes de cerca de 440 mil millones de pesos en 2018.

No obstante, la gran amenaza a esa salud de los ecosistemas está ligada a la creciente deforestación de los bosques. Es así como en 32 de los 59 parques se da esta práctica, con la pérdida de cerca de 20 mil hectáreas, siendo la Orinoquía donde se producen los mayores efectos, con el 75 por ciento del área deforestada.

De la misma forma, la presencia de los cultivos de uso ilícito se suma a las presiones sobre la conservación de los ecosistemas y en 30 de los PNN se da esa presión. La región del Catatumbo es la más afectada, con cerca del 15.5 por ciento del área sembrada nacional. De carambola, allí se dan los mayores niveles de desplazamiento forzado y casos de violencia armada.

El 40 por ciento de los cultivos de uso ilícito en el ámbito nacional están en el contexto municipal de 11 PNN. Además del Catatumbo, las zonas más golpeadas por la siembra de hoja de coca son Paramillo, Santianga, Munchique, Orito, Macarena.

Es prioritario reconocer la ecodependencia con esos sistemas naturales para mejorar el bienestar de todos y evitar que el fenómeno de las economías ilícitas se traslade hacia los que están menos expuestos.

4. La inequidad territorial obliga a definir un enfoque diferente del desarrollo territorial y del papel de la conservación.

Es evidente que en aquellos municipios donde las áreas protegidas y de parques naturales representan más del 50 por ciento del territorio, los alcaldes ven reducidas las transferencias de la Nación y del Sistema General de Participación, por lo que es justo diseñar mecanismos de solidaridad con esos municipios y reconocer los valores de la naturaleza.

Caso contrario, esto es, donde hay mayores presiones y pérdidas de biodiversidad, resulta fundamental tener enfoques diferenciados para mejorar la conectividad y la restauración ecológicas, dadas las consecuencias de no hacerlo ante la crisis climática.

En cualquier caso, el enfoque diferencial para la conectividad no es una única receta. Tiene que reconocer las complejidades y particularidades de cada uno de los 59 PNN.

Uno de esos elementos para lograrlo es ampliar las llamadas estrategias complementarias de conservación. A pesar de los avances y esfuerzos en esa materia, necesitamos llevar esos esfuerzos a la periferia, más allá de los Andes Occidentales, donde se concentra el 80 por ciento de dichas estrategias.

Un indicador que se hace necesario revisar, fortalecer y ampliar, es el plan de manejo para los PNN. En la territorial del Amazonas, por ejemplo, sólo 5 de los 11 PNN tienen plan de manejo vigente. En el Caribe y los Andes Oriental están pendientes de aprobar los planes de manejo en dos PNN por cada jurisdicción.

Pacífico, avistamiento de ballenas
En la regional del Pacífico, donde el avistamiento de ballenas es una de las actividades que más promueve el ecoturismo, los problemas para la conservación están asociados a los cultivos de uso ilícito. Foto: Prensa Minambiente.

Cuáles son las visiones del Panel de Expertos

Felipe Bayón, presidente de Ecopetrol: El informe es fundamental porque trae datos actualizados que permiten generar una visión sobre la forma de realizar acciones desde lo particular, en este caso desde la compañía, y desde la articulación que hagamos con los demás actores.

En el caso propio, la transición energética es un asunto crítico para el futuro de Ecopetrol. Gran parte de las emisiones de CO2 se presentan por deforestación y recuerdo una reflexión que hace algún tiempo me hacía un amigo: “no importa dónde se genera una tonelada de dióxido de carbono, porque el efecto es igual para el resto del planeta, pero sí resulta distinto dónde usted invierta un recurso para lograr un cambio”. De ahí la importancia de haber comprado las acciones de ISA para ampliar nuestra capacidad energética y de transformación hacia fuentes limpias.

En Ecopetrol estamos hablando de “Sostec-nibilidad” porque esos procesos de cambio demandan recursos, en especial en nuevas tecnologías, y se transfieren a los usuarios. Creo fundamental pasar del diagnóstico a la acción y es por eso que desde Ecopetrol nos hemos trazado la meta de lograr la carbono neutralidad a 2050. Estamos trabajando en la creación de 50 eco-reservas en los territorios donde adelantamos operaciones, pero además, sabemos dónde no vamos a estar.

Cuando nos referimos a “sostec-nibilidad” estamos hablando de ser sostenibles no sólo en medio ambiente, sino entre las comunidades, tomando buenas decisiones corporativas a partir de la tecnología como el corazón que mueve la sostenibilidad.

Nuestra apuesta busca que la gente pueda tomar decisiones a partir de los datos, de forma sencilla pero completa, y no tenga que ser un experto en mega bites.

Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN: El informe de Parques Cómo Vamos gana mucho en integralidad, nos presenta una foto más clara y contundente sobre lo que viene sucediendo en los parques, en lo comunicacional resulta vital para entenderlo mejor, la adopción de una serie de indicadores es positiva, aunque no estoy segura de que éstos respondan las preguntas estratégicas.

Lo que sí me preocupa es que estemos de nuevo en la etapa del “diagnóstico eterno” y que no podamos responder al cómo vamos. No sé si vamos mal o si vamos bien, o no vamos. No me atrevería a dar una respuesta definitiva, pero creo que hace falta hacer una análisis con perspectiva histórica, proyectar tendencias, entender cómo ha cambiado el manejo y la administración de los PNN en términos de los indicadores, reconociendo que la falta de información en algunos de ellos lo impide hacer mejor.

He dicho que los parques subsisten por tres milagros que convergen: primero, el heroísmo de sus funcionarios, en todos los niveles. Dos, que los parques se cuidan solos, así no sepamos cómo. Y tres, hay una gestión compartida por los distintos actores y eso ha permitido avanzar.

En estos momentos, el concepto de áreas protegidas que hemos venido aplicando llegó a su límite de posibilidades, incluso hace ya buen rato. El sistema requiere una reorganización total y coincido con Sandra Vilardy, en el llamado que hace para que los parques nacionales naturales sea una política de Estado, de convergencia de esas políticas, que no lo son. Parques Nacionales no ha logrado pasar de ser una entidad que administra las áreas protegidas, porque no ha tenido los recursos ni las capacidades para construir un modelo de gobernanza local y regional, pues los conflictos siguen estando vigentes alrededor de esos parques.
El mismo informe reconoce, indirectamente, que no sabemos cuáles son los aportes en términos de los servicios ecosistémicos reales de los parques a la economía nacional. No se hace investigación en ese campo. No sabemos cómo están incidiendo en la seguridad hidrológica, climática, alimentaria del país.

Le pongo un código rojo a la investigación en los parques nacionales naturales. No existe. La consistencia de las relaciones de parques con el SINA deja mucho que desear, porque allí es donde están los recursos para actualizar los planes de manejo de dichas áreas protegidas.

Cristian Samper, presidente de WCS: El trabajo sobre el estado de los parques nacionales no está terminado. No se trata de saber sobre los que tenemos, sino cuáles son los que nos falta incluir en el sistema nacional. Existen algunas zonas con alta representatividad que tienen vacíos, en especial en la zona de la Orinoquía.

El informe del Programa PNNCV es valioso, dados los indicadores que integra y la sintetización que logra. Creo que es fundamental no hablar de parques, sino de los territorios alrededor de ellos, esto es, de los 254 municipios que los albergan y que dependen de la funcionalidad de los parques para su sostenibilidad.

En muchos países, entre otros Costa Rica y Uganda, los parques nacionales representan una cuarta parte de su Producto Interno Bruto, en especial con modelos de ecoturismo bien diseñados y administrados. Colombia, que no es un gran emisor de gases de efecto invernadero, sí es una gran parte de la solución en la lucha contra el cambio climático.

Coincido con mis colegas del Panel en que es necesario pasar de parques cómo vamos a parques para dónde vamos y desde allí definir las orientaciones y las estrategias que debemos acometer para avanzar en las soluciones.

Puede acceder al informe completo en: https://parquescomovamos.com/wpcontent/uploads/2021/08/Informe_%20FINAL_.pdf

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Luis Fernando Ospina.
Luis Fernando Ospina.

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