Cambio climático y biodiversidad coparán la agenda global 2021

Después de atravesar uno de los años más complejos y críticos para la humanidad, debido a la pandemia del coronavirus, este 2021 deberá resolver muchas de las incertidumbres frente al futuro del planeta. Ana María Hernández, presidenta de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), ve como una oportunidad única el hecho que por primera vez en la historia se realicen un mismo año tres convenciones globales sobre cambio climático y biodiversidad. Para entender mejor lo que está en juego, hablamos con ella.

Cambio climático y biodiversidad
Ana María Hernández es colombiana, graduada en relaciones internacionales, y actualmente ocupa la Presidencia del IPBES. Foto: Archivo particular.

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No ha faltado quien, con algo de ironía, diga que como va este 2021, pronto estaremos echando de menos el 2020, quizás el año más crítico y complejo que la humanidad haya enfrentado jamás por cuenta de una pandemia que ya deja más de dos millones de fallecidos y casi 100 millones de contagios en todo el mundo. Hablando con Ana María Hernández, presidenta de IPBES, pienso totalmente lo contrario.

Con su trayectoria y conocimiento, pero sobre todo por su empatía y sensatez, ella es capaz de convencernos, espero que a todos, de que estamos ante la mayor oportunidad de la historia para revertir de una vez por todas el rumbo que llevamos hacia nuestra propia destrucción como especie.

Desde el año pasado, aun en el pico más alto del Covid-19, los expertos de IPBES vienen trabajando en la preparación de los documentos que se deberán aprobar en la plenaria de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad, prevista para junio, y llevados a la Convención Marco sobre Diversidad Biológica en Kunming (China), así como a la Cumbre sobre Cambio Climático en Glasgow y la CPO15 sobre Certificación de Desertificación.

En otras palabras, este 2021 se anticipa como el año de la biodiversidad, pues no sólo se revisarán los resultados obtenidos en los primeros cinco años del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, sino que se definirán nuevas metas y compromisos más ambiciosos en la lucha contra el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad, dos componentes que los expertos consideran la mayor amenaza para los próximos años, dada su estrecha relación con las pandemias y demás enfermedades.

Acá están las reflexiones de Ana María después de una conversación al natural con la Presidenta de IPBES:

¿Cuál es la agenda de este 2021 y cuáles son las expectativas de la Plataforma?

La agenda de IPBES está permeada y estrechamente ligada a lo que va a pasar este año. El 2021 tendrá que acogerse y amoldarse a lo que no se pudo hacer durante 2020 y en torno a lo poco que se logró hacer, así fuera de forma virtual.

Durante este año, IPBES tendrá que tomar decisiones globales muy importantes y no sólo en asuntos de biodiversidad, sino en todos los aspectos de la naturaleza. Vamos a tener la COP15 de Diversidad Biológica en Kunming (China), la COP26 sobre Cambio Climático y la COP15 sobre Certificación de Desertificación, que corresponden a las tres convenciones acordadas en Río de Janeiro y es la primera vez que las tres coinciden un mismo año.

¿Luego es una oportunidad única de lograr incidir de forma clara la agenda global?

Sin duda y nos estamos preparando desde el año pasado para que así sea. Tenemos una oportunidad inmejorable para establecer nuevos objetivos, inversiones y acciones que sean realmente un cambio de rumbo en la dirección correcta con el planeta.

Hago un especial énfasis en la COP sobre Biodiversidad en China, porque allí se va a aprobar el marco global para la biodiversidad a 2030. Tenemos un plan muy ambicioso y nos permitirá saber hacia dónde queremos que vaya la agenda del cuidado de nuestra diversidad biológica, así como determinará en buena medida la agenda de cooperación y de flujo de recursos.

Tiene eso conexión con lo que acaba de ocurrir a instancias de Francia y de Costa Rica en la llamada Coalición de alta Ambición…

Sí, ha sido y será muy importante el liderazgo asumido por el presidente Macron de Francia y de sus homólogos europeos, resaltando que Colombia también hace parte de ese grupo, en el llamado conjunto que se hizo por la protección de la biodiversidad.

Uno de ellos tiene que ver con la fijación de una meta para proteger el 30 por ciento de todas las áreas naturales y aumentar las ambiciones contenidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible frente a la cero deforestación y el cuidado de los ecosistemas. No podemos olvidar que el IPBES fue la que inició la llamada década de la restauración que nombró Naciones Unidas.

De ahí la importancia de insistir en todas estas convenciones sobre la necesidad de que las decisiones que se adopten deben tener certeza y hojas de ruta claras y realizables. Es ahí cuando el papel de IPBES juega un papel preponderante en esa agenda global.

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La agenda global de 2021 estará marcada por las decisiones que se adopten en las cumbres mundiales sobre cambio climático y biodiversidad. El futuro de las ciudades dependerá de la capacidad de cuidar los ecosistemas. Foto: Hernán Vanegas.

¿Y cómo se están preparando desde la plataforma para lograr ese objetivo?

Desde el año pasado lo venimos preparando. Vamos a tener nuestra plenaria, es decir, la reunión oficial de todos los países miembros de IPBES (136) y será virtual por primera vez en su historia. En diciembre de 2020, nosotros tuvimos un taller de expertos con los miembros de la Plataforma Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) sobre biodiversidad y esperamos llevar a esa plenaria, en junio, los aspectos más relevantes del informe para poder tomar mejores decisiones y discusiones.

Seguimos trabajando las tres evaluaciones, que deben quedar listas este año, sobre los múltiples valores de la biodiversidad; otra sobre usos sostenibles y una más sobre especies exóticas invasoras. Esas evaluaciones llevan tres años de intenso trabajo y aspiramos que sean aprobadas en 2022.

¿Qué otras evaluaciones están en la agenda para los próximos años?

Son dos y deberán quedar aprobadas en la plenaria de medio año. Una es sobre cambios transformativos de biodiversidad y otra sobre los nexos entre biodiversidad y los ODS. Además, estamos trabajando en la definición de una modelación de cómo sería la relación de negocios y biodiversidad. Trataremos de abarcar la mayor parte de las necesidades que nos han requerido a nivel global para generar conocimiento y poder tomar decisiones dentro de los marcos de esas convenciones mencionadas anteriormente. El reto es gigantesco.

Esa agenda 2020, en medio de la pandemia, produjo hechos significativos y uno de ellos es haber conmemorado los cinco años del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, la COP21. El balance no es muy positivo, porque las metas no se vienen cumpliendo y es necesario ajustar las ambiciones climáticas. ¿Cómo hacerlo?

Nosotros acabamos de generar el informe resultante del taller de expertos sobre cambio climático y biodiversidad, cuyos alcances no puedo comentar por ahora, aunque es clarísimo que no podemos hablar de cambio climático sin hablar de biodiversidad. La salud de la biodiversidad es la base para poder ser más resilientes en los términos de la adaptación climática.

No basta con fijar metas de reducción de gases de efecto invernadero ni promover consumo sostenible y producción limpia, economías circulares, movilidad sostenible y negocios verdes sin entender que la biodiversidad ejerce un papel catalizador de la absorción y retención de los GEI antes de ser liberados a la atmósfera. Cuidar la biodiversidad es ayudar a que el planeta tenga una mayor capacidad de adaptación al cambio climático.

¿Cómo funciona esa relación?

Hay una serie de variables que deben trabajarse de forma conjunta, tanto para cambio climático como para biodiversidad. Cuidar el planeta implica trabajar en la protección del agua, de los bosques, de los océanos, de los páramos, pero también cuidándonos nosotros desde el hogar. Sostenibilidad desde la casa es ahorrar energía y agua, reciclar, no consumir más de lo que necesitamos, aprovechar el espacio público.

Uno de nuestros mayores objetivos es generar el conocimiento suficiente que nos acerque a la mejor toma de las decisiones desde todos los ámbitos y en todos los sectores. Desde la comunidad científica y la academia hasta la ciudadanía, pasando por la institucionalidad pública y privada.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente acaba de publicar su informe sobre cambio climático y dice que el planeta debe apostarle sin más dilaciones a las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) como instrumentos centrales de la capacidad de adaptación a la crisis climática. ¿Cómo aplicar las evaluaciones de IPBES a esa concepto de adaptación?

Es válido el llamado del PNUMA y oportuno hablar de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) como uno de los componentes de estudio y de aplicación de herramientas contra el cambio climático. Ese es un llamado político. Nosotros tenemos que aterrizar ese concepto, más allá de lo político, para que la gente entienda que es eso de las SbN. La naturaleza nos provee de techo, agua, energía, alimentos, medicinas y muchas otras cosas.

Luego, si cuidamos a la naturaleza, ésta nos cuidará a nosotros. Existe un principio de reciprocidad automática y funciona para todos nuestros ecosistemas y no se aplica únicamente a cambio climático. Esta pandemia dejó clara la estrecha relación entre salud y biodiversidad y sobre biodiversidad y cambio climático y cambio climático y gestión del riesgo de desastres. Es en la biodiversidad donde están y se conjugan todas las posibilidades de trabajar con soluciones basadas en la naturaleza.

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La sana convivencia y la relación responsable del hombre con la naturaleza ya no son una opción, sino un imperativo de supervivencia como especie. El cerro de las Tres Cruces, en el occidente de Medellín, nos muestra esa majestad. Foto: Hernán Vanegas.

¿Ahora, qué implicaciones tiene el hecho de haber confirmado que dos chimpancés de un zoológico en San Diego, California, tienen Covid-19?

Todas, porque se vuelve a demostrar que nosotros también somos parte de la naturaleza y que somos transmisores de virus, bacterias y otras enfermedades y existe un intercambio entre especies. Las causas de las enfermedades zoonóticas, es decir, de las que pasan de los animales a los seres humanos, están demarcadas dentro de las mismas causas de la pérdida de biodiversidad. Si destruimos los ecosistemas, sobreexplotamos las especies, si promovemos el tráfico ilegal de especies y  deforestamos, permitimos que haya una alteración de las dinámicas en las cuales viven las poblaciones, facilitando interacciones que no siempre son buenas.

Es posible que nosotros nos enfermemos por una relación natural con una especie, pero nuestra responsabilidad como seres humanos, racionales y conscientes, de aceptar que si nos enfermamos, debemos inmediatamente cercar nuestros entornos y seguir actuando como si nada. La dispersión de una pandemia tiene que ver es con el comportamiento de los humanos, más allá de que alguien se haya infectado en algún momento. Ahí está el valor de tomar conciencia sobre lo que somos y hacemos. La dimensión social es la que se tiene que trabajar mucho más en tiempos de pandemia y ahí hemos visto que no se ha hecho bien esa pedagogía.

¿Una pedagogía que pasa por el reconocimiento y valoración de la ciencia y el conocimiento científico, pero que se pierde muchas veces por protagonismos políticos?

Lo que he visto desde IPBES como una plataforma global es que efectivamente se están atendiendo muchos las consideraciones científicas y no podría meterme en asuntos políticos. Hay que tener en cuenta que frente a la pandemia del Covid-19 conocemos muy poco aún. Estamos en un proceso de aprendizaje complejo y se requiere avanzar muchas veces bajo ensayo y error.

Luego, se deben tomar muchas decisiones sin la suficiente información científica y eso ya es del terreno de lo político, de lo correctamente político. En la mayoría de los casos, los líderes están tomando decisiones basadas en evidencia científica y es evidente que la ciencia ha asumido, como lo ha hecho siempre, un papel protagónico y trascendental en la toma de decisiones. No falta quienes pasan por encima de esas consideraciones y adoptan medidas más por intereses económicos y políticos.

¿Estamos en lo que los expertos llaman el “siglo bisagra?

Sí, lo creo. Estamos en un momento de cambio global y ante una oportunidad histórica para la humanidad. Y lo veo así desde hace varios años, pues las tendencias vienen cambiando. Cuando yo era más “chiquita”, quizás el tema del medio ambiente no era tan relevante. Lo que importaba era tener casa, carro y beca.

Ahora, las nuevas generaciones asumieron un rol determinante en la protección del medio ambiente y su fuerza será crucial en la consolidación de nuevos modelos de desarrollo y protección de los ecosistemas. Los jóvenes tienen la palabra en un período de transición que, sin duda, marcará nuestro destino como humanidad. Esa fuerza de los jóvenes es tan grande que ha venido logrando cambiar la conciencia y el comportamiento de los más adultos.

Es esperanzador ver cómo muchos líderes mundiales, corporaciones, organizaciones no gubernamentales y grupos de ciudadanos están haciendo llamados cada vez más fuertes y frecuentes por la protección de la naturaleza.

¿Pero qué hace falta?

Existen los recursos, se han diseñado programas innovadores, ha aumentado la cooperación, pero falta trabajar más decidida y armónicamente desde lo social. No resulta entendible que se ejerzan muchas presiones y amenazas contra quienes protegen la naturaleza. Nos falta trabajar mucho más con ese otro sector de la sociedad, ese que no tiene conciencia ambiental, para hacerles entender el valor de esas personas que cuidan y protegen los ecosistemas. Es urgente reconocer el conocimiento acumulado dentro de las comunidades ancestrales, indígenas, campesinos, afrodescendientes, y hacerlos parte de las decisiones.

Una de las partes más valiosas de la biodiversidad es, precisamente, el conocimiento ancestral de esas comunidades que durante décadas han habitado los territorios y los han cuidado y protegido. Esas comunidades son vitales para cerrar el círculo virtuoso del desarrollo sostenible.

Creo que esa bisagra funcionará mucho mejor si entendemos esas relaciones dentro del sistema transformativo en que nos encontramos. Para esas comunidades, biodiversidad es cultura, en su concepto más amplio.

Uno de nuestros pecados, desde la academia y de los grupos científicos, es que muchas veces actuamos con soberbia y prepotencia, porque pensamos que los títulos universitarios son los que nos hacen más importantes. En IPBES, por fortuna, eso no pasa con frecuencia, porque hemos convertido a esas comunidades en fuente inagotable de conocimiento y resiliencia.

Este es el año de la biodiversidad y tendrá como protagonista a Estados Unidos, en la decisión del Presidente Joe Biden de regresar al Acuerdo de París. ¿Qué le dirías a él sobre lo que mejor conoces de biodiversidad?

Primero, celebrar desde IPBES esa decisión, porque Estados Unidos debe cumplir su rol como la potencia que es. Le diría que es fundamental que sigan aportando desde la base científica a la toma de decisiones, tal como lo han hecho dentro de IPBES, y esperamos que, en el ámbito global, retomen la importancia de hacer parte tanto de la Convención de Cambio Climático como del Convenio de Diversidad Biológica.

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