¿Fracking en Colombia?

Con el fracking Colombia podría aumentar su producción de petróleo y gas natural obteniendo beneficios económicos cuantiosos. ¿Tiene sentido para la sociedad colombiana correr los riesgos ambientales del fracking para obtener sus beneficios?

Fuente: https://www.freeimages.com/photo/oil-pumps-1180629, Foto: Dani Simmonds.

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Una de las discusiones más relevantes desde el punto de vista ambiental que se ha estado desarrollando en Colombia durante los últimos años es sobre la posibilidad de realizar fracking. El fracking o “fracturación hidraúlica” es una técnica moderna para extraer gas o petróleo de almacenamientos subterráneos en donde las técnicas tradicionales no funcionan bien.

No hay duda de que el fracking puede producir ganancias económicas en el corto y quizás también largo plazo. De hecho, esa es la idea central de los argumentos a favor del fracking en Colombia. Además, dada la pandemia actual y la situación económica resultante, hay una necesidad urgente de obtener recursos económicos que podrían usarse en cuestiones tan importantes como el fortalecimiento del sistema nacional de salud. Es claro que por muchas razones al país le conviene fortalecer su economía. Las dudas sobre el fracking no se deben a que éste sea “un mal negocio” sino a sus posibles impactos ambientales.

El fracking tiene impactos potenciales conocidos sobre numerosos elementos ambientales que incluyen pero no se limitan a el aire, el agua, el suelo, las rocas, la vegetación, la fauna silvestre, los humanos, y muchos otros componentes de los ecosistemas [1]. Estos son factores que habría que considerar, con mayor o menor énfasis dependiendo del contexto particular, en las evaluaciones de impacto ambiental de los proyectos de fracking. Dicho esto, en este artículo vamos a concentrarnos en la relación directa del fracking con dos elementos esenciales de la sostenibilidad: la energía y el agua. Las sociedades humanas necesitan ambas cosas para existir. El propósito del fracking es obtener energía mediante la explotación de combustibles fósiles: gas natural o petróleo. El agua aparece al menos de dos maneras. La primera es que el fracking requiere grandes cantidades de agua que se inyectan en la tierra con el fin de extraer los combustibles. La segunda es que uno de los principales riesgos ambientales del fracking es la contaminación del agua, especialmente la que se encuentra en los depósitos subterráneos llamados acuíferos.

Energía

Uno de los países del mundo en donde más se ha desarrollado el fracking es Estados Unidos. Allí, el fracking ha permitido aumentar la producción de petróleo y gas hasta el punto que en los años recientes Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor mundial por encima de Rusia y Arabia Saudita (Figura 1).

Figura 1. Producción estimada de petróleo (barra oscura) y gas natural (barra clara) en Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita entre 2008 y 2018. Fuente: EIA de los Estados Unidos, https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=40973

La extracción de gas natural mediante fracking puede reducir la presión sobre el uso de carbón como fuente de energía. De hecho, esa es una de las principales razones detrás de la reducción del uso de carbón en Estados Unidos [2]: la reducción en el uso del carbón como fuente de energía para generar electricidad coincide con el aumento en el uso del gas natural que se ha dado como resultado del fracking (Figura 2). Quienes argumentan en favor del fracking suelen resaltar los efectos benéficos de reemplazar carbón por gas natural en cuanto a emisiones de carbono, recordando que reducir estas emisiones es uno de los objetivos principales de las estrategias de mitigación del cambio climático.

 

Figura 2. Fuentes de energía para la generación de electricidad en Estados Unidos entre 2008 y 2019. La reducción en el uso del carbón (línea negra) coincide con el aumento en el uso de gas natural (línea ocre). Fuente: EIA de los Estados Unidos, https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=34612

Sin embargo, las cuentas del fracking con relación al cambio climático no se pueden limitar a las emisiones de carbono. A diferencia del carbón, la quema de gas natural libera gran cantidad de metano a la atmósfera, que es un gas de efecto invernadero decenas de veces más potente que el dióxido de carbono [3]. Esto significa que si se reducen las emisiones de carbono pero se aumentan las de metano, es posible que la exacerbación del efecto invernadero debida a todas las emisiones antropogénicas no se reduzca o incluso aumente.

En cualquier caso, el fracking tiene el propósito de aumentar la producción de energía a partir de combustibles fósiles, que es la dirección contraria a la que se requiere para mitigar el cambio climático causado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Una discusión interesante es si los recursos económicos generados por el fracking en Colombia podrían servir para estimular una transición hacia el uso de formas de energía no basadas en combustibles fósiles. Si es así, sería importante que este tipo de elementos hicieran parte integral y formal de la decisión, porque desafortunadamente en Colombia la historia nos ha acostumbrado a desconfiar de las promesas políticas.

Agua

Una de las principales consideraciones que se deberían tener en cuenta para decidir sobre el fracking es su impacto potencial sobre la disponibilidad de agua en los territorios. El agua en Colombia, como en el planeta Tierra, es abundante, pero eso no significa que sociedades y ecosistemas tengan un acceso seguro al agua que necesitan para sobrevivir. De hecho, uno de los problemas ambientales más importantes de la actualidad tanto en el mundo como en Colombia es que hay muchísimas personas en condiciones de inseguridad hídrica por incapacidad de satisfacer adecuadamente sus necesidades de agua.

En este sentido, las Naciones Unidas estiman que en el mundo, más de 2.000 millones de personas viven en países con dificultades de acceso al agua [4]; la UNICEF estima que para 2040, uno de cada cuatro niños menores de 18 años vivirán en territorios con dificultades extremas para satisfacer sus necesidad de agua [5]; y el Instituto Global del Agua estima que para 2030 puede haber 700 millones de personas desplazadas como consecuencia de la escasez de agua [6]. Un ejemplo de lo que significan estos problemas se está viviendo en la región de Punjab en la India en donde se están agotando los acuíferos de los depende la irrigación que ha sido crucial para la producción de alimentos y entonces la seguridad alimentaria del país. Mientras que en los años 60s el nivel freático se encontraba a 3 metros de profundidad, hoy los pozos profundos llegan a 150 metros y la situación parece volverse insostenible [7].

Además, hay que contar con que el cambio climático puede exacerbar estos problemas de inseguridad hídrica en muchas regiones del mundo. Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, https://archive.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml), Colombia se encuentra en una de las regiones del planeta más sensibles a ser afectadas por el cambio climático. Cualquier decisión que arriesgue la seguridad hídrica del país debería tomarse teniendo en cuenta este contexto.

La inseguridad hídrica se puede dar por falta de agua en cantidad suficiente, o porque el agua disponible no tiene una calidad adecuada. Con el fracking se corre el riesgo de afectar ambas cosas. Para la extracción de combustibles fósiles mediante fracking se requieren grandes cantidades de agua que son inyectadas a la tierra para extraer el gas o petróleo que están atrapados en el medio poroso o fracturado. Esa cantidad de agua se vuelve parte de la demanda de agua en los territorios donde se hace fracking. Por ejemplo, en Estados Unidos, el fracking para extracción de petróleo y gas usa hoy en día, en promedio, más de 28 veces el agua que usaba hace 15 años, alcanzando hasta 36 millones de litros de agua por pozo y poniendo en riesgo las fuentes de agua para riego y consumo humano en los estados áridos, especialmente durante las sequías [8]. Este es un ejemplo del tipo de riesgos para la seguridad hídrica que podría experimentar en el futuro un departamento de Colombia como Casanare en donde convergen la posibilidad de desarrollar proyectos de fracking, y la ocurrencia de sequías severas como la de 2014 que causó la muerte de decenas de miles de animales [9].

Lo anterior no significa que para el fracking se use directamente agua de los acueductos. Puede ser que para un proyecto de fracking se extraiga agua de fuentes distintas a las de los acueductos de la región, pero eso no significa que no haya presión sobre el uso del agua en el territorio. Independientemente de dónde y cómo se capte el agua para el fracking, necesariamente se está tomando de alguna de las fuentes de agua superficiales o subterráneas disponibles en un territorio. Por la naturaleza compleja y dinámica del ciclo hidrológico, es imposible pensar que existen algunas fuentes de agua aisladas de las demás. Por el contrario, los flujos de agua superficiales, atmosféricos y subterráneos están intrínsecamente conectados en el ciclo hidrológico (estas conexiones las hemos tratado en otros artículos de TS: https://territoriossostenibles.com/biodiversidad-y-ecosistemas/rios-aereos-elementos-fundamentales-pero-subestimados-de-la-sostenibilidad y https://territoriossostenibles.com/biodiversidad-y-ecosistemas/mineria-de-oro-en-la-vecindad-del-paramo-de-santurban ).

Otro de los riesgos que se corre con el fracking es el de contaminar el agua subterránea. Esto ha pasado, por ejemplo, en el estado de Wyoming en Estados Unidos, en donde acuíferos y ríos han sido contaminados por sustancias químicas provenientes del fracking [10]. La contaminación de un acuífero puede volverlo no apto para satisfacer las necesidades de agua de la sociedad y los ecosistemas. La contaminación del agua subterránea es un proceso muy difícilmente reversible, si acaso posible. Esto significa que si se llega a contaminar un acuífero como consecuencia del fracking, es posible que los impactos para la sociedad sean prácticamente irreversibles. Que los impactos ambientales puedan ser permanentes agrava los riesgos. Siendo así, algunos de los riesgos que se corren con el fracking son prácticamente incuantificables en términos económicos: ¿cuánto cuesta que una sociedad deje de tener acceso al agua?

Cada vez parece más claro que ante los escenarios de cambio climático, los acuíferos pueden ser algo así como “reservas estratégicas de agua” para la sociedad por al menos tres razones fundamentales. La primera es que el agua subterránea de los acuíferos está generalmente menos expuesta a la contaminación que el agua superficial; en general es más fácil contaminar un río que un acuífero. La segunda es que los acuíferos tienen una dinámica más lenta que los cuerpos de agua superficiales, es decir, en comparación con el agua superficial, el agua subterránea se mueve más lentamente por el territorio y eso es importante para la disponibilidad de agua, especialmente durante temporadas secas (con poca lluvia). La tercera es que el agua dulce subterránea es mucho más abundante que el agua dulce superficial; en todo el mundo hay, aproximadamente, 1.000 veces más agua almacenada en acuíferos que en todos los ríos y lagos [11]. Todo esto se pone en riesgo con el fracking.

Riesgos y beneficios

Un riesgo ambiental no tiene que ser grande para que sea importante. Por ejemplo, si lo que se arriesga es la vida o la salud de las personas, entonces incluso un riesgo pequeño puede ser muy importante. La pandemia actual ilustra eso. La ciencia había generado advertencias muy precisas sobre la posibilidad de que una pandemia de coronavirus como la actual tuviera lugar (por ejemplo: https://cmr.asm.org/content/20/4/660), pero parece ser que la sociedad global subestimó este riesgo porque de lo contrario deberíamos haber estado mejor preparados. Hoy en día nadie debería dudar que el riesgo por pandemias es importante así la probabilidad de ocurrencia de una pandemia no sea muy grande en términos estadísticos.

El riesgo se puede cuantificar mediante la probabilidad de que ocurra algo, es decir un número entre cero y uno. Cero significa que no hay ninguna probabilidad de que un impacto ambiental ocurra, y uno significa que dicho impacto ocurrirá con toda certeza. Los impactos ambientales del fracking representan riesgos con valores mayores que cero y menores que uno, es decir, no tenemos certeza de si habrá o no, por ejemplo, contaminación del agua subterránea o presión excesiva por el uso del agua que comprometan la disponibilidad para la sociedad y los ecosistemas. Quien ofrezca certeza, por ejemplo diciendo que no hay ningún riesgo de este tipo, necesariamente está mintiendo. Además, tampoco tenemos certeza de cómo serán los impactos del cambio climático sobre la seguridad hídrica de Colombia, pero tenemos bastante evidencia que indica que podríamos llegar a tener problemas por la ocurrencia de eventos extremos más extremos, por ejemplo sequías más intensas [12].

No es que haya que evitar cualquier proyecto que represente algún riesgo ambiental porque eso aplicaría para prácticamente cualquier actividad humana. De lo que se trata es de comparar los riesgos con las razones que tiene la sociedad para decidir emprender proyectos de las dimensiones e implicaciones del fracking. Además, los riesgos y beneficios no se distribuyen homogéneamente, es decir, quienes obtienen los mayores beneficios no son quienes corren los mayores riesgos. De hecho, esta heterogeneidad es un reto común a muchas decisiones sobre el ambiente: es muy común que quienes obtienen riqueza produciendo contaminación ambiental escapen, gracias a esa misma riqueza, de los impactos de dicha contaminación sobre la salud y la vida.

Un ejemplo de esto se encuentra en Montana, uno de los estados de Estados Unidos. Hoy en día Montana es uno de los estados más pobres del país, lo cual contrasta con las grandes riquezas que alguna vez obtuvo ese territorio gracias a la explotación de minerales. Dicha minería, por un lado, generó grandes riquezas que en gran medida se fueron del territorio, y por otro lado, dejó problemas ambientales que persisten en la actualidad, como por ejemplo niveles de contaminación del suelo que aún hoy en día afectan la salud humana. Mientras los problemas ambientales persisten, las empresas que causaron estos problemas ni siquiera existen.

La historia de Colombia no habla muy bien de cómo las actividades de extracción de minerales, incluyendo los combustibles fósiles, benefician a los territorios. Si bien en algunos países hay regiones que han progresado mucho gracias a la explotación de recursos minerales, en Colombia parece claro que las regiones en donde se desarrollan estas actividades no son particularmente desarrolladas, e incluso pueden llegar a ser bastante atrasadas en comparación con otras regiones del país. Desde este punto de vista, no parece fácil de soportar el argumento de que el fracking traería mucho progreso a los territorios en donde se desarrolle, es decir, a los territorios en donde los riesgos ambientales serían mayores.

En caso de que se decida desarrollar el fracking en algún territorio del país, parece muy posible que se de la situación que plantea Jared Diamond en su libro Colapso: los sectores de la sociedad que toman la decisión y obtienen los mayores beneficios no son los mismos sectores que corren los mayores riesgos. Puede ser que el fracking le de grandes riquezas durante algún tiempo a actores nacionales e internacionales, pero si llegan a darse impactos ambientales que comprometan la sostenibilidad de los territorios en donde se desarrolla el fracking, estos mismos actores no serían los más perjudicados. Esa es una de las grandes cuestiones actuales en la toma de decisiones sobre el ambiente: la diferencia entre quienes ganan con una decisión y quienes corren el riesgo de perder, incluso su salud, su vida, y la sostenibilidad del ambiente del que dependen.

Pensando en los territorios de Colombia, nuestra intuición es que con el fracking se correrían riesgos que son muy importantes para obtener unos beneficios que no están del todo claros, especialmente en el largo plazo.

 

Referencias

[1]https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0048969716327322
[2]https://www.forbes.com/sites/ucenergy/2018/02/20/fracking-has-its-costs-and-benefits-the-trick-is-balancing-them/#5ed2323a19b4
[3]https://www.nationalgeographic.com/environment/2019/08/fracking-boom-tied-to-methane-spike-in-earths-atmosphere/
[4]https://www.unwater.org/publication_categories/sdg-6-synthesis-report-2018-on-water-and-sanitation/
[5]https://www.unicef.org/publications/index_95074.html
[6]https://img1.wsimg.com/blobby/go/27b53d18-6069-45f7-a1bd-d5a48bc80322/downloads/1c2meuvon_105010.pdf
[7]https://eos.org/articles/indias-food-bowl-heads-toward-desertification
[8]https://www.scientificamerican.com/article/water-use-rises-as-fracking-expands/
[9]https://www.bbc.com/news/world-latin-america-27020209
[10]https://www.scientificamerican.com/article/fracking-can-contaminate-drinking-water/
[11] https://journals.ametsoc.org/jhm/article/8/4/758/69000
[12]https://www.ucsusa.org/resources/drought-and-climate-change

Juan Fernando Salazar

Juan Fernando Salazar

Profesor de la Universidad de Antioquia en la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería. Director del grupo de investigación GIGA. Hidrología, ciencias atmosféricas y cambio ambiental global

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