El Jaguar simboliza la sostenibilidad de ISA

Con un poco más de 4.000 empleados y presencia en seis países de América Latina y en Centroamérica, el Grupo ISA es una de las ocho compañías paisas que están en el Top 10 del Índice Dow Jones de Sostenibilidad. Una posición que no sólo habla de su fortaleza económica, sino de su apuesta decidida por el medio ambiente y el bienestar de los grupos de interés y de las comunidades asentadas en sus áreas de influencia. Toda su energía corporativa está representada en el Jaguar, y María Adelaida Correa, la directora Corporativa de Sostenibilidad de la organización nos cuenta cuál es la clave de ISA y por qué su éxito. Tercera entrega de la serie de informes especiales sobre sostenibilidad.

Grupo ISA
María Adelaida Correa es la directora Corporativa de Sostenibilidad del Grupo ISA y es la voz natural de lo que hace la organización en la defensa, protección y conservación de la naturaleza. Foto: Comunicaciones de ISA.

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Pese a estar al otro lado de la línea, en confinamiento obligado por la pandemia, a María Adelaida Correa, directora Corporativa de Sostenibilidad del Grupo ISA, se le siente la buena energía y su claridad sobre lo que significa el medio ambiente para la organización va de la mano de su pasión por la biodiversidad, entre la que una especie se convirtió en el símbolo de su futuro: el Jaguar.

¿Qué es el Grupo ISA?

El Grupo ISA es una de las ocho compañías antioqueñas que este año estuvo en el Top 10 del Índice Dow Jones de Sostenibilidad, el más prestigioso del mundo y que evalúa las mejores prácticas empresariales y de gobierno corporativo en torno a la protección del medio ambiente.

En sectores tan estratégicos como el de la energía (con 86,7 por ciento del total del negocio), la infraestructura de vías (10,9%), las telecomunicaciones y las tecnologías de la innovación (2,4%), ser sostenibles no es sólo parte de la estrategia de los negocios, sino la razón de ser de cualquier organización que pretenda mantenerse vigente, sana, próspera y respetada por sus grupos de interés.

¿Cómo lo ha hecho posible ISA y qué hay en su ADN empresarial que le permite estar en seis países en América Latina y toda Centroamérica, jugando mano a mano por la protección de los ecosistemas?

María Adelaida se conectó con nosotros y en una amable conversación al natural nos permitió entender mejor lo que hace la organización y por qué un Jaguar es la foto viva de lo que hacen más de 4.000 empleados.

Esta es la tercera entrega de la serie de informes especiales sobre sostenibilidad.

¿Cuáles son los pilares de la sostenibilidad en la organización?

María Adelaida Correa: En ISA entendemos la sostenibilidad como una forma de actuar que trasciende las miradas que normalmente se hacen en torno a ese concepto, esto es, de lo económico, lo social y lo ambiental. Esa forma de actuar de nuestra organización es consciente de los retos ambientales  del planeta que incide en las distintas realidades sociales y conlleva a decisiones orientadas al logro de los objetivos de creación de valor para los grupos de interés, pero le agregamos algo fundamental: con el ser humano en el centro, por el respeto de ese ser humano, en un ambiente ético y transparente, que para ISA es un incansable.

Así entendemos la sostenibilidad y eso implica la creación de una cultura interna y hacia nuestros demás actores.

Esta pregunta se las hago a todos los que están al frente del tema en las grandes compañías antioqueñas: ¿Qué hay en el ADN de estas organizaciones que hace tan potente el tema de la sostenibilidad. No es casualidad que de las 10 más grandes empresas que están en el Índice Dow Jones de Sostenibilidad, ocho sean paisas?

Creo que la clave de estos resultados globales recae en un enorme sentido de responsabilidad con los territorios y del reconocido liderazgo de un grupo de personas con enorme capacidad de construir juntos proyectos de sociedad. Detrás de esas organizaciones, que a veces parecen tan lejanas, hay un capital social enorme, con una filosofía y una conciencia genuinas para trabajar por objetivos superiores para la sociedad y que generan, al mismo tiempo, impactos positivos para las empresas. Esa visión de sostenibilidad está sustentada en conceptos de productividad que no sólo se traducen en resultados económicos, sino sociales, culturales, ambientales y de cultura

¿Cómo se ha vivido dentro de ISA esa transformación permanente de la sostenibilidad, ya no entendida como un asunto de responsabilidad social empresarial, sino como la esencia de la organización misma?

Ahí ha estado parte del éxito de la estrategia, pues no somos un departamento dentro de la organización, sino que es toda la compañía la que hace sostenibilidad como premisa para poder cumplir el objetivo central. Hace dos años, ISA dio un paso fundamental. Cuando estábamos haciendo la revisión de las estrategias, entendimos que el ADN era, es y seguirá siendo la generación de valor sostenible. Pasamos de una generación de rentabilidad, sujeta a los números y a multiplicar por tres las ganancias, a la generación de valor sostenible. Esto no significa que no apostemos por la rentabilidad, por supuesto, pero no a cualquier precio, pues es claro que si no somos sostenibles, no somos rentables.

La estrategia de ISA es de convicciones profundas y está pensada hasta el 2030, en permanente revisión y ajustes, de ser necesarios. Tenemos una estructura organizacional que cuenta con los recursos humanos y tecnológicos para movilizar esos instrumentos de generación de valor. Nosotros hablamos de conexiones en torno a la sostenibilidad.

Mencionas una palabra central: conexiones. ¿Cómo así que ISA tiene en el Jaguar un símbolo vivo de su apuesta por la sostenibilidad?

En la celebración de los 50 años de la organización, hace tres, decíamos que queríamos trascender, dejar un legado a las futuras generaciones, queremos contribuir en la defensa de un planeta más amigable y de mayor bienestar para todos. Ahí nace Conexión Jaguar como un programa transversal a toda la organización, incluidas las empresas que operan por fuera de Colombia.

Conexión Jaguar es un programa de sostenibilidad, cuyos objetivos son contribuir a la mitigación del cambio climático a través de la emisión de créditos de carbono, contribuir a la protección de la biodiversidad del Continente, ayudar a la conectividad del corredor del Jaguar, proteger los servicios ecosistémicos y, en especial, generar conciencia, sensibilidad y educación en torno al medio ambiente.

Una de las mayores fortalezas de ISA pasa por mantener interconectado el sistema energético del país y asegurar el funcionamiento de las ciudades. Desde el transporte público hasta los hogares y las empresas. Foto: Hernán Vanegas.

¿Y por qué el Jaguar?

Ese fue el pretexto más hermoso que nos pudimos conseguir. Hay una maravillosa coincidencia que sólo sucede con los grandes proyectos y es que cuando uno mira los corredores del Jaguar en América Latina, éstos coinciden casi milimétricamente con la huella que dejan nuestras operaciones. Casi que se superponen, salvo en el caso de Chile, donde no hay jaguares, sino pumas. Además, desde el punto de vista científico, el jaguar es una especie sombrilla, es decir que su presencia en los ecosistemas hay garantía de que esos ecosistemas están sanos, que se protegen las fuentes de agua, que los demás animales comparten el territorio y aseguran el equilibrio y la cadena alimenticia. De ahí resulta nuestra Conexión Jaguar.

Y, entonces, convencidos del poder de las alianzas, conseguimos a grupos de expertos que nos ayudaran a diseñar todo un programa de conservación y protección de felinos y vertebrados. Encontramos a la ONG Pantera, que es una de las mejores del mundo en ese campo, pero además a South Pole, una compañía suiza que opera en los mercados de carbono.

ISA, con estos dos aliados, apoya recursos económicos y recursos técnicos. Estos últimos son toda la asesoría y acompañamiento que hacen estas dos organizaciones; y los económicos, ponemos unos recursos para que los proyectos que vayan a ser certificados, puedan hacerlo. Certificarse para emitir un bono de carbono no es sencillo. Una parte de esos recursos, una vez aprobada la emisión de los bonos, regresa al programa, pero la mayor parte llega al propietario del predio, con el fin de poder seguir haciendo programas de conservación. Eso es lo que hacemos con Conexión Jaguar.

¿Esa visión estratégica al 2030 qué metas tiene a partir de Conexión Jaguar?

Hemos acordado una metas muy ambiciosas para los próximos 10 años, en concordancia con los ODS y el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Esperamos reducir un potencial de 9 millones de toneladas de CO2, de las cuales ya hemos logrado potenciar casi seis millones. Buscamos tener 20 proyectos funcionando, ya hay siete, y vamos a apoyar a todas las comunidades asentadas en las líneas de influencia de todos los proyectos.

Hoy tenemos cuatro proyectos en Colombia, dos en Perú y otro en Brasil. Acá, estamos en Tierralta; en Cimitarra, donde apoyamos a los cacaoteros; en la Sierra Nevada con los indígenas arhuacos y kogi. Con los indígenas es fascinante, porque además de compartir con ellos su visión de conservación, para ellos el jaguar es una especie emblemática y de alta espiritualidad. Muchos de los mamos de la Sierra se declaran descendientes del jaguar. En Perú, los proyectos están en la selva amazónica, y el de Brasil, en El Pantanal, una de las biomas más importantes del mundo, donde este año, lamentablemente, ocurrieron varios incendios forestales.

¿En la visión estratégica, cómo se encuentran el corto, mediano y largo plazo?

En la definición de proyectos y la medición de indicadores. Desde la concepción misma del proyecto hasta su culminación, pues de lo contrario lo estratégico se queda en los postulados. Cada año, cuando se hace la planeación estratégica de corto plazo, incluimos proyectos completos. Por ejemplo, hoy estamos pensando cómo usar insumos que sean lo más verdes posibles, es decir, que en su proceso de elaboración tengan buenas prácticas ambientales, bajos niveles de contaminación, bajas emisiones, larga durabilidad y con alto impacto positivo en el área de influencia donde se van a ejecutar.

Una característica fundamental que nos hace distintos frente a muchas otras organizaciones y que explica el reconocimiento hecho por el Dow Jones es que estamos trascendiendo, yendo más allá, de lo obligatorio, de lo exigido por la norma. Nos rige la convicción y, por ello, hablamos, además, de una ciudadanía corporativa, pues reconocemos que los proyectos que adelanta ISA tienen impacto en los territorios y es necesario que en ellos participen activamente las comunidades. En esa relación de pares es que nosotros aseguramos la sostenibilidad de los proyectos y consolidamos nuestra visión de mediano y largo plazo.

¿Visiones con un enemigo global y común: el cambio climático?

Nuestra organización se viene preparando de dos formas. Por un lado, con programas como los que acabamos de mencionar, de alto impacto en las comunidades y en la sociedad; y por el otro, siempre hemos dicho que primero hay que organizar la casa. Nosotros debemos generar acciones ecoeficientes. Y, entonces, revisamos permanentemente el manejo de los recursos del agua, los residuos que generamos, los gases que se emiten durante la operación…

Hay una gestión asociada a lo que llamamos prácticas laborales sostenibles, porque como personas tenemos unos compromisos con los entornos, y el teletrabajo, por ejemplo, ha sido una de las grandes conquistas en medio de la pandemia. El 80 por ciento de los cerca de 4.000 empleados está teletrabajando. Nos comprometimos con la movilidad sostenible y hacemos carpooling, promovemos el uso de la bicicleta y desarrollamos aplicaciones que fomentan la movilidad activa.

En otras palabras, las organizaciones debemos hacer dos cosas frente a los desafíos de la crisis climática: garantizar la ecoeficiencia en todo el ciclo de vida de los proyectos que desarrollamos y promover acciones que van más allá de las obligaciones, pero que hacen eco de esa ciudadanía corporativa capaz de mitigar los efectos del cambio climático y la emisión de gases de efecto invernadero.

¿Cómo se prepara ISA para jugar en la etapa de transición energética en la que está no sólo el país, sino todo el Continente, con EE.UU a la cabeza?

En todos los países donde operamos, siempre estamos presentes en las convocatorias de licitaciones públicas que se necesitan para conectar esas energías renovables no convencionales que hacen parte de la transición energética. Luego, todos esos proyectos eólicos y de energía solar, entre otros, son prioritarios en el portafolio.

Nosotros debemos garantizar que las conexiones que hacemos provienen de fuentes limpias. Al mismo tiempo, avanzamos de forma paralela en nuevos negocios como es el almacenamiento de energía a gran escala, en la integración de recursos energéticos distribuidos que contribuyen a la descarbonización y cómo los conectamos al sistema nacional.

La otra gran apuesta es la digitalización de todo el sistema interconectado, con el fin de garantizar que las operaciones siempre están en tiempo real y que los soportes de respaldo se activan si falla el principal. Esos procesos, todos, incorporan el uso de tecnologías limpias.

¿Estamos ante una oportunidad global o una amenaza?

Depende. Claro que es una oportunidad si hacemos lo correcto y lo urgente, pues de lo contrario será muy grave. En ISA, el cambio climático no lo vemos sólo como una oportunidad, que la es, porque de pronto le quitamos el sentido de urgencia que demanda la crisis climática. Y por el otro lado, es un llamado a la acción global para garantizarles a las nuevas generaciones un futuro más sostenible.

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