Colombia: un galeón San José de biodiversidad sumergida

El profesor e investigador de la Universidad Nacional, Gonzalo Andrade, lleva décadas estudiando la flora y la fauna del país. Ha estado en varias de las más importantes expediciones botánicas realizadas por toda Colombia y, como tal, sabe de la enorme riqueza de la biodiversidad en nuestros ecosistemas. En el Día Nacional de la Vida Silvestre, el profesor Andrade nos ayuda a entender y dimensionar el invaluable patrimonio natural que tenemos y debemos preservar y proteger. En 230 colecciones de especies podrían existir cerca de 27 millones de ejemplares, de los cuales sólo el 18% ha sido clasificado y el 12% sistematizado. Es decir, el 70 por ciento de nuestra riqueza de biodiversidad en fauna y flora está por conocerse.

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Gonzalo Andrade es uno de los investigadores más destacados de Colombia. Ha pasado más de la mitad de su vida estudiando las mariposas, pero vuela con fuerza propia sobre la riqueza ambiental del país como miembro del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional.

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¿Cuál es el estado actual de la fauna silvestre en Colombia?

Hay que hablar primero del estado del conocimiento sobre esa fauna en el país y hay que decirlo que es muy alto, pero no representa el total de todos los grupos que se consideran existen en Colombia. Las cifras que se tienen respecto del número de especies que se conocen obedece a datos de estimación entregados por los distintos investigadores colombianos y extranjeros que trabajamos con la biodiversidad. Son datos estimados, no cuantificados especie por especie, porque aún hace falta que se pueda procesar la información depositada en las colecciones biológicas de Colombia.

¿Eso qué significa?

Existe una norma en nuestra legislación que obliga a que las colecciones biológicas estén registradas ante el Instituto Alexander von Humboldt (Decreto 1375 de 2013). En el Registro Nacional de las Colecciones Biológicas existen cerca de 230 colecciones que tienen información de la flora y la fauna del país. Con los datos que entregó cada una de las instituciones que trabajan el tema hay 27 millones de ejemplares depositados en dichas colecciones. Esos registros datan desde la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, en 1785, hasta la fecha. De esos 27 millones de datos, sólo se ha catalogado el 18 por ciento y se ha sistematizado algo así como el 12 por ciento. Lo que significa que casi el 70 por ciento de esos 27 millones de ejemplares guardados en esas colecciones no se catalogado ni sistematizado en nuestras bases de datos.

¿Un patrimonio de biodiversidad enorme aún escondido. Un galeón San José de biodiversidad en flora y fauna atrapado?

En efecto. Si esa información que está guardada hoy en las colecciones se hubiese procesado para el conocimiento del país, en decir, de la riqueza de la fauna y de la flora colombianas, nuestro país sería, de lejos, el más megadiverso del planeta y con el conocimiento científico más rico del mundo.

¿De hecho, con lo que conocemos, somos los primeros en muchos aspectos sobre biodiversidad?

Sí. En anfibios, somos el primer país más rico en número de especies, en mariposas, el segundo; en aves, el primero, y en flora, sin duda somos una potencia.

¿Y cómo hacer para procesar toda esa información?

El llamado que hemos hecho muchas organizaciones y la academia, en especial, es que el Estado colombiano fije sus ojos sobre la información depositada en esas 230 colecciones biológicas, pues es un patrimonio de la nación, que está al cuidado de quienes trabajamos con la biodiversidad y que no hemos parado en la realización de expediciones hacia las zonas donde no habíamos podido ir a hacer pruebas de muestreo por razones del conflicto armado.

¿Cuántas expediciones y qué encontraron?

Entre 2015 y 2019 se hicieron 21 expediciones y éstas arrojaron 157 posibles nuevas especies, 17 mil nuevos registros de especies para Colombia, 84 bioproductos y más de 3.800 códigos de barra, es decir, datos de ADN de esas especies. Esto significa la riqueza que existe y que aún no hemos podido cuantificar y clasificar. Ahí tenemos un gran reto, pues es una oportunidad para saber qué teníamos antes, qué tenemos ahora y qué hemos perdido en términos de flora y fauna.

¿Pero existen libros rojos de especies amenazadas?

Claro. En Colombia, por ejemplo, en la parte de fauna y flora, llevamos cerca de 1.700 especies que están en grado de amenaza, según las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esto es, en peligro, en estado grave, o vulnerable. Tenemos tres especies de fauna que ya están extintas: la foca monje, en los mamíferos, el pato zambullidor en las aves, y el pez graso de la Laguna de Tota, en los anfibios. En la Resolución 1912 de 2017, el Ministerio de Medio Ambiente publicó las especies que están bajo amenaza, según las categorías anteriores.

Las mariposas han sido una de las especies de insectos más estudiados por el profesor Gonzalo Andrade. Las conoce al dedillo y valora su papel como polinizadoras dentro de los ecosistemas. Créditos: Hernán Vanegas

La pandemia nos dejó al descubierto. Somos parte de un todo dentro del planeta. Los animales salieron a decirnos que ellos también habitan esta tierra y que llegaron para quedarse. ¿Cómo valorar realmente eso?

Tenemos que entender el concepto de equilibrio desde la visión de la naturaleza. No podemos hablar de fauna sin flora, ni de flora sin fauna. Un ejemplo maravilloso de ese equilibrio es el de las abejas, que son unos polinizadores extraordinarios. Las aves también lo son y existen algunas especies de mariposas que cumplen esa función dentro de los ecosistemas. Si no existiese un organismo que ayudara en la polinización, sólo con la acción del viento no se podría realizar ese proceso. Los organismos sirven dentro de la cadena trófica; es decir, hay aves que se alimentan de insectos y, a su vez, existen otras especies que se alimentan de aves, y así sucesivamente. De ahí la importancia de cada una de las especies dentro de los ecosistemas. Nadie sobra dentro de la naturaleza, pero todos hacen falta.

¿Hay más conciencia sobre esta importancia, sobre todo en medio de esta pandemia que nos obligó a ver lo que no queríamos ver antes?

Creo que sí hemos mejorado en algo, pero nos falta muchísimo. En especial, debemos mejorar en el control y vigilancia por parte de las autoridades ambientales. No basta con ejercer controles en las temporadas de Semana Santa, cuando hay un uso indebido de la hoja de la palma de cera, sino también en Navidad, con la extracción de musgos y otros arbustos.

¿Y qué hacer con el tráfico ilegal de especies silvestres y exóticas?

Aplicar la ley, porque es un delito. E insisto: hay que tener conciencia sobre el daño que se hace a los ecosistemas cada vez que un animal debe salir de su hábitat, bien sea porque ha sido cazado o por razones de los cambios en las condiciones de esos ecosistemas. Los incendios, por ejemplo, son un motor enorme de pérdida de fauna y flora. Los datos más recientes de las corporaciones autónomas y de las autoridades ambientales es que la entrega voluntaria de especies silvestres ha ido en aumento. (En lo que va de 2020, van casi 12 mil ejemplares recuperados, de los cuales algo más de 7.700 fueron entregados de forma voluntaria).

¿Cuáles son los factores más críticos en la conservación de esas especies silvestres?

Son varios y casi todos están conectados entre sí. El cambio climático es uno de ellos, pero es necesario relacionarlo con fenómenos como la deforestación, por ejemplo. Pese a que Colombia ha venido reduciendo sus tasas de deforestación, según el último informe del Minambiente, aún son insuficientes, porque los efectos sobre la flora y la fauna son devastadores, así la fauna dependa mucho más que la flora de esos ecosistemas de bosque. El desplazamiento forzado de fauna en el Guaviare es preocupante y en el Amazonas ni se diga.

¿Es realista la meta del Gobierno de sembrar 180 millones de árboles de acá a 2022 como parte de su apuesta por restaurar y proteger los ecosistemas de fauna y flora?

Más allá de las cifras, es necesario reconocer el esfuerzo interinstitucional que se viene haciendo dentro de los programas de reforestación y restauración de los ecosistemas. Y lo digo con conocimiento de causa, porque desde la Universidad Nacional y su Centro de Estudios Naturales hemos acompañado esas iniciativas y saber dónde, cómo y cuándo hacer esas restauraciones. Qué tipo de especies se deben sembrar, pues es necesario entender las particularidades de cada territorio. Reforestar no es sólo sembrar árboles. Las comunidades son fundamentales en estos procesos, porque son quienes mejor conocen los territorios. Haber recuperado la política de bosques es un gran paso.

También lo es la firma del Acuerdo de Escazú por parte de Colombia. ¿Qué significa esto para la biodiversidad?

Colombia es signatario de los más importantes acuerdos sobre diversidad biológica, lucha contra el cambio climático y Gases de Efecto Invernadero, protección de los mares, pero firmar el Acuerdo de Escazú representa llenar uno de los vacíos más grandes en torno al conocimiento: el acceso a la información. El manejo de la información es clave para la transparencia y el libre acceso por parte de la ciudadanía a esa información. Tener los datos es poder tener indicadores y metas que permitan saber cómo estamos y en qué mejoramos o empeoramos.

¿Cómo unir nuestra riqueza en biodiversidad con el concepto de las Soluciones Basadas en la Naturaleza?

La naturaleza tiene la respuesta a todas nuestras preguntas. No sólo la biodiversidad, sino los ecosistemas nos dicen para qué sirve un bosque, cómo se protege un manglar, por qué es tan vital preservar los océanos y qué podemos esperar de ellos. Las soluciones siempre han estado y deben seguir estando en la naturaleza.

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