Aliwa, la selva que emergió de un corazón partido en el Vichada

Un meteorito de 2.5 kilómetros de diámetro impactó hace 30 millones de años la zona de Cumaribo y produjo un cráter de 30 kilómetros a la redonda que, poco a poco, dejó aflorar la vida dentro de un gigantesco ecosistema de bosques amazónicos y de especies de flora y fauna, colonizados por los indígenas del pueblo sikuani. Con biomodelos, el Instituto Alexander von Humboldt estima que en la zona podrían existir cerca de 1.500 especies de animales y 1.100 de plantas.

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Todo indica que el río Vichada cambió su cauce por el impacto del meteorito hace 30 millones de años. Foto: Instituto Humboldt.

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Quienes han visto la “Excavación”, una de las películas estrella de Netflix en lo que va del año, y que da cuenta de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en el Reino Unido antes de la Segunda Guerra Mundial, quedarían fascinados con lo que podría haber en las entrañas de una selva amazónica en Cumaribo, Vichada.

La historia se remonta a unos 30 millones de años, quizás en los estertores de la existencia de los dinosaurios, cuando un meteorito de 2.5 kilómetros de diámetro impactó la zona sur del Vichada y abrió un gigantesco cráter casi 12 veces su tamaño. La tierra mostró parte de su corazón y después la naturaleza se encargó de recubrirlo con una extensa alfombra verde, sobre la cual habita la vida de miles de especies de animales y plantas.

Lo que el Instituto Alexander von Humboldt estima podría existir en Cumaribo es de película. Estimativos preliminares de sus biomodelos revelan que en la zona podrían existir unas 1.500 especies de animales, entre mariposas, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, y cerca de 1.100 especies de plantas, algo que estaba muy lejos de los descubrimientos hechos siglos después por el propio naturalista alemán.

Lo que se conoce de la existencia de esa selva que emergió desde el corazón del cráter es que las extensas sabanas del Vichada sufrieron una explosión sideral que dejó ver las entrañas de la Tierra. El fragmento de cuerpo celeste originó dos inmensos cráteres en el Vichada. El primero, de más de 50 kilómetros de diámetro; y el segundo, de 30 kilómetros, entre los más grandes de Sudamérica. Este último, con una longitud equivalente a un poco más de la distancia entre Medellín y Girardota.

Un fenómeno parecido ocurrió hace 66 millones de años en la Península de Yucatán en México, cuando un meteorito dejó un cráter de 180 kilómetros de diámetro y se convirtió en el detonante para la extinción de los dinosaurios, según el Humboldt.

De ese cráter en el sur de Cumaribo brotó una densa selva amazónica, la más grande en la transición Orinoco-Amazonas, y sus primeros pobladores son los indígenas sikuani, que la nombraron Aliwa y hace parte de su cosmogonía.

Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt, aseguró ayer que por su localización y origen, los bosques de esa zona del Vichada deben presentar unas características biológicas únicas, un tesoro de la biodiversidad que aún no ha sido explorada por la ciencia occidental.

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Varias entidades trabajan en la conservación del territorio ancestral de las selvas de Aliwa. Foto: Instituto Humboldt.

Joya oculta para la ciencia

Los hallazgos hechos en la zona de Cumaribo hacen parte de una alianza entre investigadores del Instituto Humbold , WCS-Colombia, la NCI, Global Wildlife Conservation, de la mano de las comunidades indígenas, que han realizado estudiado las selvas de Aliwa y generado cartografía social y mapas de coberturas de la tierra. Además, han revisado numerosas fuentes sobre su historia y los diferentes actores sociales y visiones del territorio que allí coinciden.

El objetivo de esta alianza es generar estrategias para la protección, defensa y conservación ancestral de las selvas de Aliwa y su patrimonio biocultural, todo a partir de un diálogo entre los conocimientos tradicionales y las ciencias. Las más de 90 familias del territorio del cabildo indígena Aliwa Kupepe, organizadas en siete comunidades, consideran esta zona como uno de sus sitios sagrados, según el informe del Humboldt.

Los listados de fauna y flora potenciales indican que las selvas de Aliwa podrían ser un hervidero de biodiversidad, pues los estimativos del Instituto hablan de 2.677 especies de plantas (1.108) y animales (1.569), así: 144 de mariposas, 331 de peces, 64 de anfibios, 163 de reptiles, 684 de aves y 183 de mamíferos. Este listado incluye seis especies de peces endémicos y 33 que están bajo alguna de las categorías de peligro de extinción de la Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza (UICN).

Las bases del estudio

Luis Santiago Castillo, investigador adjunto del grupo de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, asegura que el cauce de los ríos en este sector de la Orinoquia presenta normalmente una trayectoria constante, pero eso no ocurre con el Vichada a la hora de acercarse a la zona de los cráteres.

“Es evidente desde el espacio que el río Vichada hace un bucle hacia abajo en esta zona, es decir que se desvía por culpa de este cráter”, precisa el investigador.

Es más, investigaciones previas realizadas en 2004, 2007 y 2009 fueron las que le, sirvieron como guía al geólogo Sergio Andrés Torrado Pérez, magíster en Ciencias y Geofísica de la Universidad Nacional de Colombia, para considerar que en la región de la Orinoquia colombiana se presentó un impacto de un asteroide.

Según informes publicados por la propia agencia de noticias de la U. Nacional, una curvatura en el curso del río llevó a desarrollar una serie de pruebas que permitieron concluir que bajo este segmento del cuerpo de agua y sedimentos se hallaría oculto lo que posiblemente sería el cráter del impacto de un asteroide.

Torrado recordó que en una imagen tomada satelitalmente de Google Earth se observó la estructura: dos anillos dominados por la vegetación que muestran en un terreno totalmente plano una curvatura concéntrica y casi perfectamente circular.

La investigación se enfocó en la geofísica con apoyo de la geología. Existe evidencia de minerales claves en eventos de impactos producidos por altas presiones y temperaturas que ayudan a sumar evidencia de que sí es una estructura de impacto de asteroide, advierte el informe.

Torrado, por su parte, construyó un modelo geofísico que contiene las características geológicas del área, determinadas a partir de propiedades físicas como densidad, magnetismo y resistividad eléctrica de la roca.

“Tenemos la evidencia geológica y geofísica, y actualmente estamos en un proceso de formalización del cráter para que sea reconocido por la Sociedad Planetaria, una organización no gubernamental dedicada a promover la exploración espacial del sistema solar y la divulgación científica de las ciencias planetarias y la astronomía en todo el mundo”.

Aliwa es la selva más grande que crece en la transición Orinoco-Amazonas sobre las sabanas naturales del Vichada. Foto: Instituto Humboldt.

La trascendencia de los hallazgos

Para los investigadores, del conocimiento de las comunidades sikuani sobre los estrechos vínculos entre los seres humanos y los ritmos ecológicos de la selva, la sabana y los cuerpos de agua, depende la salud y la supervivencia de este territorio.

El pueblo sikuani no ha estado exento de la historia violenta de colonización de los Llanos Orientales, hace tres siglos. Las manifestaciones más recientes de esta historia, que se reflejan en el territorio de Aliwa, son la colonización y el cercamiento de territorios que solían ser de libre circulación (fundamental para pueblos de origen nómada) y las embestidas del conflicto armado.

Allí concurren intereses lícitos e ilícitos que se manifiestan en diversas formas de colonización: grandes fincas ganaderas, pequeños colonos y la dinámica territorial asociada al conflicto armado y a los cultivos ilícitos, según Paula Ungar, investigadora adjunta del grupo de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.

De ahí la importancia del proyecto “Salvaguardando la herencia biocultural en el territorio ancestral de la comunidad indígena Aliwa-Kupepe”, con la que se busca fortalecer los procesos culturales de la comunidad sikuani de las selvas de Aliwa, es decir los sistemas propios de conocimiento y gobernanza de los sabedores, autoridades y médicos tradicionales.

La idea es fortalecer la guardia indígena como un mecanismo de control y vigilancia territorial ante las amenazas latentes relacionadas con el desarrollo de actividades extractivas no lícitas como cacería, deforestación y cultivos ilícitos y construir estrategias conjuntas con los indígenas para la conservación del patrimonio biocultural y garantizar el mantenimiento de las condiciones naturales de estas selvas y su papel en el sostenimiento de la salud ecológica y social del territorio.

(*) Con información del Instituto Humboldt.

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