Vacuna contra COVID-19: la otra gran lucha de la ONU

Naciones Unidas nació hace 75 años como una respuesta multilateral a los estragos que dejó la Segunda Guerra Mundial. Hoy, en el inicio de la Asamblea General, el enemigo global es un virus invisible que amenaza quizás lo más valioso alcanzado en siete décadas y media de trabajo: la solidaridad y la cooperación internacional. En entrevista con ONU Noticias, el Secretario General, António Guterres, pasa revista a los logros y los retos que deberá enfrentar la organización para no sucumbir ante enemigos implacables: el COVID-19 y el cambio climático.

Los delegados guardan la distancia de seguridad dados los protocolos por la pandemia, durante la inauguración de la 75 sesión de la Asamblea General de la ONU. Un hecho inédito. Foto: Eskinder Debebe, ONU Noticias.

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Son otros tiempos, quizás también otras las amenazas y, sin duda, distintos intereses enfrentados a la hora de resolver un problema global de consecuencias tan dramáticas como las que dejó la Segunda Guerra Mundial y le dieron vida a la Organización de las Naciones Unidas.

Hoy, 75 años después, la ONU se enfrenta a enemigos mucho más peligrosos, algunos invisibles como la pandemia del COVID-19, y en permanente línea de ataque, como el cambio climático. Y algo adicional: los objetivos que marcaron su conformación aún siguen vigentes y amenazantes como hace tres cuartos de siglo: la seguridad colectiva, la estabilidad del sistema financiero internacional, la promoción del libre comercio, el fomento de la solidaridad entre naciones y la rehabilitación de los vencidos.

Los conflictos armados no han desaparecido y de vez en cuando asoman la cabeza con inusitada agresividad; el mundo atraviesa una crisis sanitaria que rompió los equilibrios económicos; las naciones se han confinado con instinto de supervivencia, el multilateralismo está en discusión y los más pobres siguen siendo quienes pagan los platos rotos.

Por cuenta de la pandemia del COVID-19 y, en consecuencia, ante la avasallante velocidad para encontrar una vacuna contra el virus, los fantasmas de la Guerra Fría han vuelto a merodear. No sólo en términos del armamentismo, sino de la disputa por la supremacía comercial y de respuesta sanitaria a gran escala para superar la pandemia. Rusia se mueve sin control para advertir que ya tiene una vacuna, mientras China les ofrece a los países su ayuda después de haber sido el origen del COVID.

Sin esconder los cañones, las grandes potencias andan apuntando a encontrar la vacuna, pero pocos saben qué pasará después y si ese paso, en vez de ayudar a la comunidad internacional, se convertirá en otro pulso político, económico, social y militar.

Ojalá que no, pero no sobra recordar la frase pronunciada por el sueco Dag Hammarskjöld, el segundo secretario general de la ONU, quien aseguró que ese organismo “fue creado, no para llevar a la humanidad hasta el cielo, sino para salvarla del infierno”.

De ahí, lo trascendental de la 75 Asamblea General de las Naciones Unidas que comenzó ayer de manera virtual, pero con problemas presentes en torno a estos y muchos otros temas de alcance global.

Dada su relevancia y sentido de oportunidad, retomamos la entrevista que la oficina de Noticias de la ONU le hizo este martes al Secretario General, António Guterres, quien hace algunos meses se había adelantado a nuestros tiempos: “El COVID- 19 es la amenaza más grande que enfrenta la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial, en 1945”.

La pandemia de COVID-19 ha cimbrado al mundo y ha cambiado muchas cosas. Hemos visto muestras impresionantes de solidaridad, pero aún queda un largo camino por delante. ¿En qué punto diría que estamos ahora mismo?

António Guterres: Estoy muy preocupado. La pandemia ha mostrado la enorme fragilidad del mundo no sólo en relación con el Covid 19, sino con el cambio climático, la falta de regulación del internet y los riesgos de proliferación nuclear, el impacto de la desigualdad y la falta de cohesión de las sociedades.

Lo revelador es cómo un virus microscópico nos ha puesto de rodillas. Esto debería generar mucha humildad y solidaridad en los líderes mundiales para combatir al coronavirus, pero sabemos que no ha habido unidad. Cada país ha adoptado su propia estrategia y estamos viendo el resultado: el virus ha avanzado en todas partes.

En los países en desarrollo la gente está sufriendo mucho por esta falta de solidaridad, lo que tienen un efecto negativo para todos porque si no podemos enfrentar adecuadamente el COVID-19 en esos países, el virus seguirá yendo y viniendo y todos pagaremos un precio muy alto, incluyendo las naciones más ricas del mundo.

¿Qué esperaría que los gobiernos y las sociedades hicieran para superar la emergencia y salir más fortalecidos?

AG: Necesitamos trabajar todos juntos, en cooperación. Es esencial que la vacuna se considere un bien público global, una vacuna de la gente, y que no haya una competencia entre los países tratando de conseguir todas las vacunas que sea posible, olvidándose de los que tienen menos recursos.

Necesitamos una vacuna asequible para todos en todas partes porque sólo estaremos a salvo si todos están a salvo. Pensar que podemos proteger a la gente rica y dejar sufrir a la pobre es un error estúpido.

El entrante Presidente de la 75 Asamblea General de la ONU, Volkan Bozkir, en compañía del Secretario General de la Organización, António Guterres. Foto: Manuel Elías, ONU Noticias.

El COVID-19 puede haber desviado la atención y los recursos de la necesidad urgente de la acción climática. ¿Cuáles son las tres cosas que habría que hacer de inmediato para que el mundo cambiara la dirección en este terreno?

AG: Nuestro objetivo ha sido definido por la comunidad científica. Es imperativo que limitemos el aumento de la temperatura a 1,5º para fin de siglo. Y para ello necesitamos la neutralidad de carbón en 2050, lo que requiere una reducción del 45% de las emisiones en la próxima década.

Es decir, los objetivos son claros. ¿Cómo podemos alcanzarlos? Con un compromiso sólido, sobre todo de parte de los grandes emisores, con todas las medidas en materia de energía, agricultura, industria, transporte, en todas las áreas de la vida. Necesitamos medidas transformadoras que nos permitan lograr esos objetivos.

Y es muy simple: deberíamos dejar de gastar el dinero de los contribuyentes en subsidios a los combustibles fósiles e invertir masivamente en energía renovable porque es más barata, es más rentable. No sólo es lo correcto, es lo mejor en términos económicos. Precisamos detener la construcción de centrales eléctricas de carbón. Necesitamos invertir en nuevas formas de transporte, como los coches eléctricos; tenemos que invertir en hidrógeno. Ese es el combustible del futuro.

Al mismo tiempo, tenemos que proteger la biodiversidad, proteger los bosques, transformar nuestra agricultura. Hace falta trabajar juntos en todos estos aspectos con una estrategia común y con un objetivo claro: necesitamos llegar a la neutralidad del carbón en 2050.

El 2030, año fijado alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible no está muy lejos. ¿Cómo deberían los líderes mundiales reorientar sus esfuerzos para conseguirlos? Los ODS son nuestra hoja de ruta para lograr un planeta más sostenible y equitativo.

AG: Debido al COVID-19 y a la necesidad de recuperar nuestras economías, estamos gastando billones de dólares en este momento. Si estamos gastando ese dinero, hagámoslo de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Hagámoslo en línea con la Agenda 2030. Reconstruyamos mejor nuestras economías, con más equidad, luchando contra la desigualdad; con más sostenibilidad, luchando contra el cambio climático; y abordando todos los demás aspectos relevantes en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya sea la reducción de la pobreza, la protección de los océanos, los aspectos relacionados con la educación, la salud, la gobernanza.

El COVID-19 es una amenaza, es un problema, pero también es una oportunidad porque tenemos que cambiar y podemos hacerlo en la dirección correcta. Cuando movilicemos recursos masivos para reconstruir, reconstruyamos en la dirección correcta, nuestra guía debe ser la Agenda 2030 y sus objetivos.

La ONU ha existido durante 75 años y ha llamado a todos a que participen activamente en las conversaciones con motivo del aniversario de las Naciones Unidas, especialmente a aquellos que no son escuchados con frecuencia, incluidos los jóvenes. Usted ha hablado con jóvenes, pero también los ha escuchado. ¿Qué le alentó de esas conversaciones con los jóvenes?

AG: Un compromiso muy fuerte de la juventud con la comunidad internacional. Las generaciones jóvenes son mucho más cosmopolitas que la mía. Tienen un enfoque universalista de los problemas. Entienden que necesitamos estar juntos.

Así que entienden que necesitamos un multilateralismo más fuerte, pero un multilateralismo que también sea de las personas, en el que puedan participar en la toma de decisiones. Me animó el sólido compromiso de los jóvenes con ideas como la Cobertura Universal de Salud; ideas como las referentes a la acción climática, a una mayor justicia e igualdad en nuestras sociedades, a la igualdad de género, a la lucha contra el racismo.

Todos estos aspectos muestran a jóvenes muy comprometidos. Esa es la mayor esperanza que tengo en relación con nuestro futuro común.

Hace 25 años, la declaración de Beijing fue un punto de inflexión histórico para promover los derechos de la mujer. Pero milenios de patriarcado han dado como resultado un mundo dominado por hombres. ¿Qué le gustaría que hicieran los hombres para garantizar que tengamos paridad e igualdad en las políticas de género?

AG: Los hombres deben entender que tener una igualdad y paridad de género nos beneficia a todos, no solo de las mujeres, porque el mundo será mejor. Es cierto que vivimos en un mundo dominado por hombres con una cultura dominada por hombres. Por eso es tan importante en la ONU alcanzar la paridad. Y lo hemos hecho al más alto nivel, pero ahora tenemos que hacerlo en todas partes.

Es una cuestión de poder esencialmente, y necesitamos… no me gusta usar, “empoderar a las mujeres”, porque parece que les estamos dando poder a las mujeres. El poder no se da, se toma, pero necesitamos que las mujeres avancen para hacer valer su papel en la sociedad. Y necesitamos que los hombres comprendan que eso es algo positivo.

Usted ha hablado con pasión sobre las desigualdades y la injusticia, la causa de muchos problemas en el mundo actual. ¿Cuáles son algunos de los ejemplos más dañinos de éstos y cómo puede el multilateralismo ser la respuesta para que toda la humanidad se beneficie?

AG: Es muy impactante desde el punto de vista de la riqueza y los ingresos saber que el 1% de la humanidad tiene más recursos que la mitad de la población mundial. Pero yo diría que los aspectos más impactantes de la desigualdad no están necesariamente relacionados con el dinero.

Es la desigualdad ligada a las discriminaciones de género, al racismo, a la religión, a las personas con discapacidad, a la comunidad LGBTQI. Es decir, necesitamos tener una sociedad en la que la cohesión sea nuestro objetivo. Necesitamos invertir en cohesión para hacer que cada comunidad -comunidades indígenas, minorías en las sociedades, cada comunidad- sienta que se respeta su identidad, pero también que es parte del conjunto de la sociedad.

Esta es una Asamblea General virtual, desprovista de la fanfarria habitual, pero llena de urgencias, seriedad y esperanza. ¿Qué le gustaría que los líderes mundiales y el público se llevaran de ésta, la 75ª Asamblea General de la ONU?

AG: Bueno, por supuesto muchas cosas, pero si tuviera que elegir prioridades, llamaría a un alto el fuego global; a conseguir una vacuna que sea un bien público mundial, una vacuna de la gente. Y exhortaría a que cuando reconstruyamos nuestras economías, lo hagamos para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.

(*) Entrevista de May Yaacoub, Noticias ONU.

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