Gobernanza del agua: un proceso constante de participación

Según Mario Schreider, director de la cátedra UNESCO Agua y Educación para el Desarrollo Sostenible, la gobernanza del agua, a nivel de las cuencas en lugares como América Latina, deben tener en cuenta que el manejo de estos socio ecosistemas debe descansar en acuerdos sociales que respeten los procesos biológicos.

Gobernanza del agua, cuencas, Colombia
Foto: Pablo Velásquez

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La gobernanza del agua es el conjunto de sistemas políticos, económicos y administrativos existentes para el desarrollo y manejo del recurso hídrico y para la entrega de servicios del líquido a los diferentes niveles de una sociedad.

Así lo aseguró Mario Schreider, director de la cátedra UNESCO Agua y Educación para el Desarrollo Sostenible de la Universidad del Litoral Argentina, quien participó en la Feria Virtual Cuenca Visible organizado por Corpocaldas y la Universidad Autónoma de Manizales el pasado viernes 28 de mayo. 

En esa definición entregada por el académico se suman los diferentes actores sociales en las decisiones y que articulan múltiples culturas, saberes e instrumentos normativos formales y no formales.

“Es muy importante entender que la gobernanza trata de la forma en que se van a tomar esas decisiones, más que esas decisiones en sí mismas. Ahí es fundamental saber cómo se estructuran esas relaciones entre los sectores responsables e interesados en la gestión del agua”, aseguró Schreider.

Según la OEA, la gobernanza del agua se fundamenta en cuatro dimensiones: la política, económica, social y ambiental. Esto, según el organismo es que haya equidad social sin poner en riesgo la sustentabilidad de los recursos naturales.

Una buena gobernanza
Para Schreider, una buena gobernanza del agua involucra la cooperación constructiva entre los diferentes sectores, un uso responsable y confiable del poder, la provisión de servicios de manera efectiva y sostenible; y fundamentarse en el logro de consensos con participación de los diferentes actores.

“El ejercicio del poder es una responsabilidad y no una atribución. Es poder cumplir con un objetivo y no la atribución de tomar decisiones que no son aceptadas por el conjunto”, agregó Schreider.

En la construcción de esa gobernanza del agua es menester crear un ambiente de participación. Pero, para participar hay que tener capacidad, empoderamiento, conocimiento y manejo de la información. Si no se logra esto, según el académico, lo que se está construyendo es una fachada.

Y para tal fin se deben desarrollar unos principios como la existencia de un marco institucional claro, el acceso a justicia efectiva, transparencia, rendición de cuentas y una incorporación de los grupos vulnerables.

Gobernanza del agua, Colombia
Foto: Territoriossostenibles.com

¿Qué pasa en las cuencas?

Las cuencas hidrográficas, además de ser esos lugares geográficos, son los territorios en donde se asienta un complejo sistema humano y biofísico integrado. Es por eso, según Schreider, que el manejo de estos socio ecosistemas debe soportarse en acuerdos sociales que respeten los procesos biológicos y se dobleguen ante las leyes fisicoquímicas.

La gestión en las cuencas pasó de responsabilidades más centrales y jerárquicas a unos esfuerzos más locales en las últimas décadas. Y para que este modelo funcione los actores deben estar claramente identificados. Entre ellos, los que están asentados en la cuenca y los que están por fuera de ella (organismos locales e internacionales).
De esta manera surge la necesidad de construir estructuras de organización a nivel de una cuenca para que pueda darle voz a los que no la tienen. De ahí que se debe definir una organización que incluya a los excluidos. Esa es la forma de lograr un aprendizaje recíproco. Además de compartir las debilidades y los aspectos que no están resueltos.

También surgen los desafíos para llevar a buen puerto la gobernabilidad del agua. Entre esos aspectos está la falta de financiamiento, representatividad y un buen acceso, manejo y difusión de la información.

Por ejemplo, aseguró Schreider, en Colombia hay casos de éxito como los logrados en las cuencas del río Chinchiná (Caldas) y en el río Amagá, concretamente en la quebrada Sinifaná.

“En estos dos lugares se demostró que una gestión integrada a nivel del territorio y de una coordinación interinstitucional facilitaron el desarrollo de  los planes de acción. Además, se logró una normativa que resultó de un marco facilitador que estableció la misión del Consejo de Cuenca y las fuentes de los recursos para cumplir sus objetivos”, agregó Schreider.

Para concluir, el académico aseguró que pensar que la gobernanza es un resultado alcanzado es un error. Este es un proceso que se construye cada día y que une virtudes, limitaciones, ventajas, riesgos y certezas para llegar a tener los mejores resultados posibles para cada contexto y cada circunstancia. 

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