Bancolombia: la sostenibilidad no es parte del negocio, es el negocio

Franco Piza es el director Corporativo de Sostenibilidad del Grupo Bancolombia y entiende cómo funcionan los ecosistemas, no sólo los ambientales, sino y, sobre todo, los sociales y los económicos, porque para él son lo mismo, reconociendo sus particularidades. ¿Por qué Bancolombia es el banco más sostenible del mundo? En esta entrevista están las claves de un ADN que está contenido en la estrategia, no en el resultado. Informe especial (2).

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Franco Piza es el piñón de ensamble de toda la cadena estratégica de la sostenibilidad en el Grupo Bancolombia, el más sostenible del mundo. Foto: Oficina de Comunicaciones.

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En 2008, cuando Bancolombia fue invitado a participar en la evaluación del índice Dow Jones Sustainability (IDJS), el mundo no había tenido que enfrentar de forma tan urgente y dramática los efectos del cambio climático ni mucho menos una crisis financiera como la de 2009, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en los países más ricos, con los efectos colaterales sobre los más pobres.

Los temas de la sostenibilidad eran vistos por muchas organizaciones como asuntos de filantropía y, como tal, no estaban en la lista de prioridades del negocio. En el sector de la Banca pasaba algo parecido.

Muy pronto, por convicción o por dolor, muchas de esas grandes compañías comenzaron a cambiar el chip y entendieron que no era posible ser rentables ni sostenibles en el tiempo sin ajustar sus visiones a las posibilidades que daban los entornos donde se llevaban a cabo sus acciones.

Una de ellas fue Bancolombia, que ya había experimentado los beneficios de estar en permanente transformación y conectado con sus clientes y públicos objetivos, y entonces la visión de largo plazo no era distinta a la que se construía día a día, respetando el ADN de la organización: generar bienestar para todos.

Hoy, 12 años después de esa primera evaluación que le permitió medirse con los mejores de su talla, Bancolombia vuelve a ser el banco más sostenible del mundo, según el IDJS, pero no por casualidad. Ya lo había logrado en 2018 y desde qué ingresó al selecto club de empresas sostenibles, nunca ha estado por debajo de los cinco mejores. Es decir, el tema de la sostenibilidad para Bancolombia es el negocio, no es parte de él.

Cómo lo ha hecho y cuáles son los desafíos en medio de una crisis climática y ambiental que ha sido caldo de cultivo para pandemias como la que ahora padecemos por cuenta del coronavirus.

En la segunda entrega de los especiales sobre sostenibilidad, hablamos con Franco Piza, director Corporativo de Sostenibilidad del Grupo Bancolombia, para conocer mejor qué es lo que hace un banco para cumplir su promesa de valor y consolidarse como grande en un sector lleno de riesgos e incertidumbres.

¿Qué hay en el ADN empresarial antioqueño que hace tan fuerte el concepto de sostenibilidad, más allá de lo ambiental?

Franco Piza: La clave ha sido entender que la sostenibilidad no es una parte de la estrategia, sino la estrategia misma. Que la sostenibilidad no es parte del negocio, sino el negocio mismo. Que no es parte de las decisiones, sino que todas las decisiones que se toman en las compañías tienen como propósito impactar positivamente al resto de la sociedad.

 Existe una visión integral de entender que es el todo y no una parte lo que ha ayudado a que las compañías apuesten de una forma decidida a generar valores compartidos por sus grupos de relación y, a partir de allí, vienen los resultados, que no sólo se miden en términos económicos, sino también sociales y ambientales. Estamos convencidos de que hacer las cosas bien, dentro de los marcos y estándares globales, nos aseguran los resultados.

¿Te refieres al Dow Jones de Sostenibilidad?

 A ese y a muchos otros que también nos miden y evalúan. Estos índices son altamente competitivos y se vuelven parte de la estrategia. Colombia es un país en vía de desarrollo, que viene avanzando, pero nuestras compañías se miden frente a sus pares en los países más desarrollados, incluso con aquellas que nos superan varias veces en tamaño. Ahí también hay parte del éxito: medirnos frente a quienes hacen muchas veces mejor las cosas, para poder estar en un mejoramiento continuo. No basta, aunque eso genera mucho orgullo, ser los primeros en el Índice Dow Jones de Sostenibilidad como acaba de pasar con Bancolombia, porque la responsabilidad es mucho mayor y la exigencia para permanecer también.

¿Cómo ha sido ese proceso de cambio en torno al concepto que se tenía de la sostenibilidad como un acto de filantropía para llevarlo al corazón de la estrategia de las organizaciones?

 Uno debería saber y entender si una organización ha entendido el concepto de sostenibilidad por sus acciones. Y cuando se empiezan a divulgar esas acciones y el eco es la filantropía es que no ha entendido el mensaje. La sostenibilidad no se hace con un porcentaje de las utilidades, sino que, precisamente, se hace de las utilidades hacia arriba: los productos que vendo, cómo contrato en la cadena de abastecimiento, qué talento atraigo, retengo y desarrollo, cómo soy responsable en mi gestión tributaria, cómo llevo a cabo las decisiones dentro de la organización que permiten articularme con mis necesidades financiera, pero orientadas hacia los componentes de sostenibilidad.

Es, en síntesis, tratar de hacer el bien a través de mis negocios. Si soy rentable al resolver un problema o una necesidad de la sociedad, seguro soy rentable como organización. Eso es entender el mensaje, y no es filantropía. En el caso particular del Grupo Bancolombia eso hacemos y promovemos en nuestros empleados, clientes, inversionistas, accionistas y, desde todos ellos, a la sociedad.

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Los entornos que mejoran la calidad de vida y el bienestar de la gente son estratégicos dentro de la visión sostenible de Bancolombia. Parques del Río es uno de ellos. Foto. Hernán Vanegas.

¿Cómo opera el concepto de sostenibilidad en un sector de tan alta incertidumbre y de riesgo como el bancario, máxime cuando aparecen hechos inesperados como una pandemia que afecta todo el ecosistema económico, social y ambiental?

Es que al estar inmersos ambos conceptos dentro del negocio no se admiten cuestionamientos sobre la importancia de ser sostenibles. La gestión de la incertidumbre se vuelve estratégica. Cuando se tiene una gestión adecuada del riesgo lo que está haciendo es disminuir la incertidumbre. En la incertidumbre no hay data, no hay información, no hay soporte que ayude a tomar una decisión, porque no sabes qué va a pasar. En un escenario de elección del riesgo lo que se hace uno es manejar la incertidumbre con datos ciertos y tomar con ellos decisiones en esos dos escenarios controlados.

Saber que en esas decisiones, basadas en la gestión del riesgo, están incorporadas, de igual forma, las visiones de los riesgos no sólo los económicos, sino los ambientales y los sociales, hace que las compañías tengan que estar mejor preparadas para atender eficientemente situaciones tan complejas como la actual. En escenarios como éstos es que se demuestra que la sostenibilidad no hace parte de la estrategia, sino que es la estrategia. Bancolombia se ha preparado para estos escenarios y se sigue preparando para otros, sobre todo, porque sabemos los riesgos que traerá, por ejemplo, el cambio climático.

¿Qué hace el Grupo para mitigar esos riesgos del calentamiento global?

Las compañías han incorporado en sus estrategias los programas de mitigación del cambio climático y esta pandemia nos ha puesto a prueba, pero también nos ha abierto muchas oportunidades en torno a ser más eficientes y sostenibles desde la gestión del riesgo en el largo plazo, pero no sólo para la organización sino para sus clientes, empleados, autoridades, colectivos sociales… Nosotros hace años estamos adelantando las estrategias de gestión climática, porque sabemos y entendemos que de no hacerlo pondremos en riesgo nuestra propia supervivencia organizacional.

Estamos alineados con las metas globales de reducción de emisiones de gases efecto invernadero y de no superar los 1.5ºC la temperatura planetaria, estamos definiendo nuestras métricas y metas en términos de intensidad de carbono en los portafolios, porque es la forma de anticiparnos a escenarios de mayores riesgos.

Hoy ha recobrado vigencia y pertinencia los conceptos que en los años 70 marcaron la esencia de los bancos y es el de la ética de la banca. El caso del grupo Triodos en Holanda es muy conocido. ¿Cómo funciona en Bancolombia el tema de la banca ética?

Ese es un asunto sumamente importante y relevante y es tranversal a cualquier actividad humana, no sólo a la banca. En el caso particular del Grupo, nuestros negocios son los de los clientes. Claro, nosotros financiamos e invertimos, pero es en nuestros clientes. La sostenibilidad de Bancolombia entonces termina siendo la sostenibilidad de los clientes. No queremos un portafolio lleno de empresas no sostenibles, porque éstas nos llevarán a no ser sostenibles como organización.

Así funciona la ética, que para el sector nuestro, se traduce en que no resulta sostenible tener clientes que no pueden cubrir sus obligaciones.

¿Existe en Bancolombia una matriz de riesgo para proyectos que no están en la misma dirección de lo que es sostenible para el Grupo?

 Ese es uno de los pilares de la banca ética. Desde 2008, somos signatarios de una iniciativa que se denomina “Principios del Ecuador”, en la que de forma autorregulada nos obligamos a incorporar una evaluación de aspectos ambientales y sociales en la financiación de los proyectos y establecer que si, dentro de una política de buen gobierno, esos proyectos no están alineados con unos estándares, que son los del Banco Mundial y la IFC, y con los “Principios del Ecuador”, no son financiados.

Al año, estamos estudiando la financiación de cerca de 200 proyectos y los que cumplen con esos estándares son la inmensa mayoría, entre 180 y 190. Nosotros hacemos un acompañamiento integral de esas iniciativas. En los últimos 10 años, Bancolombia ha financiado no menos de 1.300 proyectos, con inversiones por más de 55 billones de pesos.

¿Cómo opera ese sistema de financiación en otras iniciativas que están más ligadas al sector agropecuario, la movilidad eléctrica, la transición energética…?

Hemos establecido líneas de financiamiento muy enfocadas en acompañar prácticas sostenibles. Ahí están las empresas que trabajan con energías renovables, economía circular, agro y construcción sostenible, movilidad limpia… La financiación en esos sectores, en los últimos cinco años, asciende a cerca de 5 billones de pesos, en no menos de 200 proyectos.

Tenemos un ejercicio que, orientado por nuestro propósito de promover desarrollo económico sostenible para lograr el bienestar de todos, tiene un objetivo claro de financiar proyectos por más de 500 billones de pesos que contribuyan a lograr las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 (ODS). Esa cifra equivale a dos veces los activos de Bancolombia y la mitad del PIB nacional para 2020.

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Las grandes compañías, y cada vez más las pequeñas, cambiaron su visión filantrópica alrededor de los temas ambientales, y convirtieron la sostenibilidad en el ADN del negocio, no una parte de él. Foto: ONU Noticias.

¿Hacia qué sectores está orientada semejante financiación?

 Son proyectos orientados hacia el agro y su competitividad y productividad, pymes y emprendedores, la reconversión tecnológica, descarbonización de industrias altamente contaminantes, promover la movilidad baja en emisiones, construcción sostenible, la inclusión y educación financiera y los emprendimientos femeninos.

Buena parte de lo que puede ser ese financiamiento pudiese llegar a estructurarse a nivel de emisiones, bonos, como los tres que ya hemos emitido: bonos verdes, bonos sostenibles y, más adelante, bonos ODS, para garantizar a los inversionistas de que sus recursos están siendo orientados a proyectos de alto impacto positivo para la sociedad.

¿Qué está haciendo el Grupo para aprovechar esa mayor conciencia ambiental de sus grupos de interés a la hora de brindarles líneas de inversión que promueven la protección ambiental del planeta?

 Hace poco pusimos en el mercado un portafolio de inversiones, una cartera colectiva, en la que una persona a partir de 50 mil pesos puede invertir en empresas con alto desempeño denominado como sostenible a partir de estándares de evaluaciones ambientales, sociales y de Gobierno Corporativo. Hemos avanzado mucho y hoy podemos decir que tiene inversiones por más de 300 mil millones de pesos, pese a que está en el marcado hace apenas unos meses.

El desempeño de ese portafolio está, incluso, por encima de los creados por empresas convencionales. Eso hace parte del ADN de la estrategia de Bancolombia.

Un ADN que ha tenido que “mutar” rápidamente para dar respuesta a las necesidades e incertidumbres, producto de un virus que apareció de pronto y lo desordenó todo y para el que aún no hay vacuna. ¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje?

 Haber comprobado que la estrategia estaba bien soportada en los objetivos que tenemos como organización. Ratificar que esos propósitos de generar bienestar para todas las personas y hacerlo desde las herramientas que mejor sabe manejar: apoyar la economía, pero desde la visión que nos apasiona, desde el desarrollo sostenible.

Después de esas combinaciones, lo que pasa dentro de la organización tiene que ir en la línea de ese propósito. Ahí es cuando uno ve cómo funcionan las personas, las estructuras y los indicadores.

La crisis climática y los efectos que tendrá sobre la salud humana y los ecosistemas nos puso en manos de la ciencia y el conocimiento para poder hallar soluciones eficaces. Ambas son vitales para un sector de tanto riesgo y demanda de servicios. ¿Qué está haciendo Bancolombia para avanzar en un mundo digitalizado y camino de la inteligencia artificial?

 La tecnología y la innovación deben estar al servicio de las personas y no al contrario. Para nosotros, ambas están puestas al servicio del objetivo mismo de la organización, que son las personas. Así, la tecnología para nosotros es un habilitador para poder lograr la escalabilidad de las soluciones que podemos ofrecer para resolver las problemáticas.

Un ejemplo puntual en medio de esta pandemia es si como organización no hubiésemos tenido los desarrollos orientados al e-commerce y a la banca móvil para dar respuesta a las necesidades de nuestros clientes y grupos de interés y que buena parte de la economía no colapsara más allá de los efectos graves que tuvo el coronavirus sobre la productividad y el empleo.

La respuesta positiva fue posible por la tecnología y la innovación que hemos desarrollado, pero no en detrimento de nuestra mayor riqueza: nuestros empleados y nuestros clientes. Toda esa arquitectura tecnológica, puesta al servicio del sector comercial y de servicios, funciona muy bien y eso significa que nuestro talento humano funciona mucho mejor.

A propósito de la gente, ¿cómo se logró montar semejante operativo tecnológico y humano para responder a los usuarios desde el teletrabajo?

 Nos hemos preparado bien, pues hacemos del riesgo y de la incertidumbre parte de la estrategia de la organización. Por supuesto que nadie esperaba un escenario como el de una pandemia global, pero sí hemos entendido que la tecnología debe darnos respuesta a las incontingencias y a lo sobreviniente. Veníamos siendo 2.500 personas en teletrabajo y, de un viernes a lunes, pasamos a ser 19.500. Y pudimos hacerlo, porque teníamos la plataforma, los soportes y las personas preparadas para lograrlo.

La meta que teníamos para tres años de duplicar el número de personas en teletrabajo, es decir llegar a poco más de 4.500 personas, menos de 72 horas la quintuplicamos. Una muestra de que la tecnología y la innovación van de la mano del talento humano, no por encima de él.

¿La inteligencia artificial, tan necesaria el sector de la banca, es una aliada o una amenaza a ese talento humano, tal como lo predice el escritor Yuval Noah Harari en su libro “De animales a dioses”?

 La tecnología no es una amenaza para la humanidad, siempre y cuando se use para lograr el bienestar de la sociedad. Mal usada es destructiva. Para el banco es pieza fundamental en el propósito superior de generar bienestar para todos. El relacionamiento humano es más potente que la tecnología.

Lectura recomendada:

El «Éxito» de la sostenibilidad empresarial paisa

 

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